Alaska. – Las comunidades locales y las empresas deben prepararse para el riesgo de que el retroceso de los glaciares, debido al cambio climático, pueda traer grandes tsunamis, como el ocurrido en el sureste de Alaska en el verano de 2025, debido al deslizamiento de una montaña hacia el océano.
El desplazamiento de la montaña hacia el mar provocó el segundo tsunami más alto jamás registrado (tras el de Japón de 2011), equivalente a un terremoto de magnitud 5,4, y causó una subida del mar de hasta 481 metros por la pared del fiordo Tracy Arm, donde se produjo.
Un equipo de científicos presenta este miércoles en la revista Science una descripción de aquel suceso, así como las lecciones que hay que extraer de él. La principal: que hay que prestar mucha atención a estos eventos, porque serán cada vez más comunes a medida que el calentamiento haga retroceder los glaciares, especialmente en zonas polares y subpolares.
A medida que se calientan las regiones frías del planeta, está aumentando el riesgo de tsunamis, y urge desarrollar una mejor vigilancia ante estos fenómenos. El objetivo de nuestro artículo es que los municipios costeros y otras partes interesadas se tomen en serio estas amenazas”, señala uno de los autores, Dan Shugar, investigador de la Universidad de Calgary (Canadá).
Cómo sucedió
El tsunami se produjo a las 5:30 de la mañana del 10 de agosto de 2025 en el fiordo Tracy Arm, situado en la costa sureste de Alaska, a unos 80 kilómetros al sur de la ciudad de Juneau.
A esa hora, una enorme masa rocosa en forma de cuña, situada en lo alto del glaciar South Sawyer, se derrumbó, liberando decenas de millones de metros cúbicos de material que golpearon la ‘desembocadura’ del glaciar en el mar, desplazando una gran cantidad de hielo y agua y generando el tsunami.
El deshielo de los glaciares en uno de los ‘pulmones’ del planeta, el Bosque Nacional Tongass, ha atraído cada vez más turistas a la zona. Según los investigadores, unos 20 cruceros frecuentan la zona a diario, especialmente en verano, así como embarcaciones turísticas y excursionistas en kayaks.
A pesar de su enorme tamaño, nadie quedó atrapado por la gran ola debido a que tuvo lugar prácticamente de madrugada, y ni los barcos ni los excursionistas estaban aún en aguas del fiordo.
Reconstrucción científica
Los investigadores han reconstruido el evento con datos satelitales antes y después del suceso, información sísmica y modelos numéricos, así como los relatos de testigos presenciales.
Así, los miembros de un grupo de kayakistas que estaban acampados en tierra explican cómo se despertaron alrededor de las 5:45 de la mañana y vieron cómo el agua había llegado a sus tiendas de campaña, arrastrando kayaks y otros enseres; mientras que quienes se encontraban en un crucero anclado cerca de la boca del fiordo observaron corrientes fuertes y espuma.
El análisis conjunto ha revelado que, aunque la pendiente mostraba pocos indicios visibles de alerta previa, había señales sísmicas que revelaban una acumulación de inestabilidad en los días (y, especialmente, en las horas) previos al colapso.
El propio deslizamiento produjo ondas sísmicas equivalentes a un terremoto de magnitud 5,4, que fue detectable en todo el mundo.
Los investigadores sostienen que el colapso fue provocado por el retroceso y el adelgazamiento del glaciar, lo que eliminó el soporte estructural de la ladera y la dejó cada vez más propensa a fallar.
A medida que el tsunami se extendía por el fiordo, arrancó la vegetación de sus escarpadas paredes, dejando una línea de corte de agua alta bien definida que alcanzó los 481 metros sobre el nivel del mar.
Más allá de la ola inicial, el evento desencadenó oscilaciones prolongadas del agua dentro del fiordo, un fenómeno conocido como seiche, que persistieron durante horas o días y fueron detectables tanto en datos sísmicos como satelitales.
Lecciones
Esta resonancia de larga duración, una especie de “zumbido” del fiordo, así como la actividad sísmica previa al deslizamiento, “ofrecen nuevas herramientas potenciales para identificar y monitorizar los tsunamis generados por deslizamientos de tierra en regiones remotas”, inciden los autores.
A medida que los glaciares retroceden, el permafrost se descongela y la actividad humana se intensifica en todo el Ártico y el Subártico, la probabilidad de estos fenómenos está aumentando, lo que subraya la urgente necesidad de mejorar la detección y la mitigación de riesgos», subraya Shugar.
Los autores recuerdan que al menos seis compañías de cruceros han modificado sus itinerarios en Alaska en 2026 debido a los peligros que aún existen en el fiordo de Tracy Arm, y que el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha advertido en su página web del peligro de los deslizamientos montañosos en estas zonas.


