El último podio de Red Bull en la Fórmula 1 conseguido por alguien que no se llamara Max Verstappen databa del 21 de abril de 2024, cuando Sergio Pérez fue tercero en China.
Era el cuarto podio del mexicano en las cinco primeras carreras de ese año, lo que hacía parecer que la escudería de Milton Keynes por fin había conseguido lo que necesitaba de su segundo piloto. Checo era constante y había terminado segundo en tres ocasiones antes de esa carrera en China, justo detrás del ganador, Max.
Unas semanas más tarde, Red Bull le ofreció al mexicano una nueva renovación, incluso con Carlos Sainz disponible en el mercado, solo para ver cómo su rendimiento bajaba y luego se derrumbaba por completo a finales de año.
Liam Lawson ocupó su asiento, para cederlo luego a Yuki Tsunoda tras apenas dos carreras de la siguiente temporada. El piloto japonés nunca llegó a cumplir con las expectativas. Aunque el listón no estaba demasiado alto: solo ser constante, sumar algunos puntos y evitar chocar con demasiada frecuencia.
Tras todo el carrusel con ese segundo asiento, el equipo aparentemente solo quería a alguien que no fuera una vergüenza. Porque ese segundo asiento de Red Bull parecía maldito: cualquiera que se subiera al coche, construido en torno a Max Verstappen, estaba destinado a un dolor y un sufrimiento constantes, antes de ser finalmente sustituido por otro piloto, solo para ver cómo se repetía el ciclo una y otra vez.
El domingo en Mónaco, Isack Hadjar presentó el argumento más convincente hasta la fecha para declarar ese coche libre de la maldición. Al menos por el momento.
Lo más inusual de la temporada de Hadjar es que, en realidad, no está haciendo nada inusual. Desde luego, este año no está acaparando titulares. Hay suficiente drama como para que el mundo de la F1 lo siga: el ascenso de Andrea Kimi Antonelli, el resurgimiento de Lewis Hamilton, el colapso catastrófico de George Russell. Ni siquiera el primer podio del francés con Red Bull es la historia más emocionante del fin de semana.
La razón es, quizás, muy simple: Hadjar está haciendo exactamente lo que se esperaría de un joven piloto con talento que está disputando su primera temporada con un equipo de primera línea y un compañero estrella a su lado.
Foto de: Andy Hone/ LAT Images via Getty Images
Hay algunos momentos malos, como el accidente de Miami —seguido de la clásica explosión emocional de Hadjar y sus golpes al volante—, pero lo que le diferencia de sus predecesores es que es capaz de recuperarse y seguir ofreciendo buenos momentos.
En la larga lista de excusas del vocabulario de los pilotos de F1, la de “juntar el fin de semana” es una de las más utilizadas. Un piloto en apuros señalaría un contratiempo cualquiera como el elemento crucial de un fin de semana que terminó en bajón. Los que ocupan ese segundo coche de Red Bull hablarían de cómo una configuración errónea el viernes empeoró el equilibrio del coche, o algo similar. Durante unos cuantos meses del año pasado, tras su accidente en Imola, Tsunoda intentó consolarse con el hecho de que no pilotaba un coche con las mismas especificaciones que Verstappen, solo para intentar demostrar que apenas había mejorado cuando por fin llegaron las nuevas piezas.
Lo que resultó convincente del fin de semana de Hadjar en Mónaco fue la forma en que se recuperó tras su accidente en la FP1. A menudo se oye a los pilotos hablar mucho de confianza, y es en las calles de Montecarlo donde sin duda más se necesita. Las tres sesiones de entrenamientos suelen centrarse en generar esa confianza en primer lugar, y todo lo demás relacionado con el coche, en segundo lugar. Hadjar desperdició un valioso tiempo de libres al chocar en la sección de la piscina, y con ello perdió su confianza.
Probablemente, para algunos habría sido el comienzo de una espiral descendente. Pero Hadjar logró recuperar el control de la situación de una manera brillante.
“Creo que me perdí más de la mitad de la sesión”, dijo tras la clasificación, cuando le preguntaron si aún sentía que el accidente del viernes había afectado a su rendimiento. “En la FP2 repararon el coche y recuperé la confianza. Fue un día horrible. Pero aproveché al máximo la FP3 esta mañana y, sinceramente… minimicé daños [en la clasificación]. Así que lo hice bien”, explicó.
Clasificarse quinto sin duda sería un sábado decente incluso sin ese contratiempo del viernes, pero él, como de costumbre, no estaba demasiado contento consigo mismo.
El accidente de Isack Hadjar el viernes
Foto de: Gabriel Bouys / AFP / Getty Images
Y esa es otra cosa que diferencia a Hadjar. Casi nunca recurre a las excusas. Sus respuestas concisas y, por lo general, muy breves, sin duda dicen mucho de su forma de ser. Se castiga a sí mismo con una sinceridad brutal en un mal día, y tampoco se emociona demasiado tras uno bueno. “Lo hice bien” es más que suficiente. Para los estándares de Hadjar, esto es solo un requisito mínimo.
El domingo, sin duda recibió algunos regalos de sus rivales directos, pero no se trató solo de estar en el lugar adecuado en el momento correcto. Hadjar tuvo que sobrevivir a la carrera de Mónaco mientras se enfrentaba a una serie de problemas.
“Sufrió un gran revés en la FP1 cuando estrelló el coche”, dijo el jefe de Red Bull, Laurent Mekies, tras la carrera. “El equipo hizo un gran trabajo al conseguir dejar el coche a punto y darle algo de tiempo en la FP2. No sé si lo visteis al principio de la FP2: Max estaba en el coche y preparado para salir. Y entonces todos los mecánicos se pusieron a trabajar para intentar ganar tiempo con Isack en los pocos minutos que tenían antes de que Max tuviera que salir. Así que fue un esfuerzo enorme”.
“Sinceramente, nos lo ha devuelto por la forma en que ha sabido recomponerse, por la forma en que ha recuperado la confianza. No de inmediato en la FP2, sino a lo largo de la FP3 y, finalmente, con una actuación muy sólida en la clasificación. Así ha sido hasta hoy”.
“Y hoy tampoco ha estado exento de problemas. Hemos tenido que lidiar con varias cosas en este coche desde muy pronto en la carrera. No recuerdo exactamente cuándo, pero desde bastante pronto teníamos mucha menos potencia en el motor. Y, como podéis imaginar, eso tiene muchas consecuencias en la gestión de la energía y demás”.
“Así que, el equilibrio de frenos, bla, bla, bla. Lo pasó muy, muy mal. Los problemas se agravaron bastante después de que se saliera de la pista, creo que en la chicane. Pero al final consiguió salir airoso y terminar tercero”, resumió Mekies.
En declaraciones a Sky tras la carrera, el propio Hadjar dijo que “se enfrentó a más problemas de los que la gente puede imaginar durante la carrera”, pero quizá sus mensajes de radio, siempre tan pintorescos, dieron una pista más que suficiente.
Siendo Hadjar como es, probablemente aún no esté del todo satisfecho con su fin de semana, a pesar de que no solo le ha dado su primer podio con su nuevo equipo, sino también el primero para el “maldito” segundo coche de Red Bull en dos años.
Porque, al fin y al cabo, un tercer puesto para un equipo que ha ganado tantos mundiales (y que ahora, al parecer, cuenta con el mejor motor de la parrilla) no es algo que se pueda celebrar. Es simplemente lo que debe ser.
Isack Hadjar, Red Bull Racing
Foto de: Sam Bagnall / Sutton Images vía Getty Images
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