
A la Unión Europea le tienen que salir las cuentas, y no es fácil. Ha arrancado ya la negociación, poco a poco, del nuevo marco financiero plurianual, es decir, el próximo presupuesto a largo plazo que abarcará el periodo 2028-2034 y todas las espadas están en alto porque las conversaciones apuntan a ser tensas entre instituciones, pero también entre gobiernos y con una propuesta de la Comisión sobre la mesa que visto lo visto disgusta más que convence para afrontar la eterna era de las crisis.
La batalla por el nuevo presupuesto a largo plazo es ideológica, no solo numérica. Las fuentes comunitarias consultadas por 20minutos añaden además el factor de cierta prisa: año y medio para negociar unas cuentas de tal calibre no es mucho tiempo, y el encaje es, según ellas, el más complicado que se ha hecho hasta la fecha. No va solo de cantidades, sino también -y sobre todo- de que a qué se quiere destinar el dinero y cómo. Hay voces que piden que la UE sea previsora para que no se tengan que adaptar demasiado las cosas en caso de una nueva crisis a gran escala como pasó con la pandemia, pero otras son más cortoplacistas. Las dos tienen que encontrarse para que salga adelante el nuevo presupuesto.
La propuesta de la Comisión Europea -que hecho esto termina su ‘papel’ en esta rueda- es ambiciosa para unos, se queda corta para otros y busca un consenso que no parece que se vaya a lograr sin grandes retoques. “Es un presupuesto para una nueva era”, avisó Ursula von der Leyen en la presentación de la hoja de ruta hace casi un año: y es que se trata de las cuentas más “ambiciosas” de la historia de la UE, con 2 billones de euros, lo que representa un 1,26% del PIB de toda la Unión. El elemento clave está dotado de 865.000 millones de euros, con los llamados planes nacionales y regionales, que integran distintos fondos europeos para una gestión más eficiente, según Bruselas.
Ahí entran los fondos de cohesión o la PAC, ambos recortados y que son los más importantes para España, por poner dos ejemplos. “En lugar de tener diez fondos diferentes con reglas diferentes, plazos diferentes y criterios diferentes, ahora tenemos los planes de asociación que ponen las prioridades europeas bajo un mismo techo”. Pero por ejemplo al mismo tiempo la propuesta reduce la dotación precisamente de la política agraria y el Tribunal de Cuentas Europeo ya ha avisado esta semana de que la estructura que se plantea puede derivar en desigualdades y difuminar los controles sobre las cuentas. Otra ‘madre’ de todas las propuestas en las nuevas cuentas un nuevo fondo para la competitividad, con 410.000 millones de euros centrado en tecnologías estratégicas. En ese paraguas estarían 131.000 millones solo para defensa y espacio, cinco veces más que lo actual.
El Parlamento Europeo, por otro lado, ha dejado claras sus prioridades pero esa es solo una de las piezas del puzzle. Los eurodiputados han votado esta semana en Estrasburgo a favor de una propuesta presupuestaria ambiciosa que solicita un incremento del 10% respecto a los planes iniciales de la Comisión, con la defensa, la cohesión social y el clima como elementos centrales, pero también la migración. Además, la Eurocámara insiste en que estas inversiones deben seguir siendo un motor para pymes, regiones y ciudadanos, rechazando firmemente modelos que puedan fomentar la “renacionalización” o reducir la transparencia en la gestión de los fondos.
Para sustentar este despliegue y garantizar el reembolso de la deuda del fondo de recuperación pospandemia, la propuesta reafirma la necesidad de introducir nuevos recursos propios -impuestos a nivel comunitario- que generen unos 60.000 millones de euros anuales. Entre las alternativas planteadas destacan posibles gravámenes sobre servicios digitales, criptoactivos y el juego online, buscando fuentes de ingresos que doten de mayor autonomía al presupuesto comunitario. Asimismo, los legisladores subrayan que el acceso a la financiación estará estrictamente condicionado al respeto del Estado de derecho, asegurando que la búsqueda de una mayor simplificación administrativa no comprometa en ningún caso la rendición de cuentas ni la supervisión democrática.
En este sentido, la eurodiputada del PP Isabel Benjumea pide sobre todo que el nuevo presupuesto sea “eficaz” y ha reclamado al Consejo y a la Comisión que respeten la voluntad del Parlamento. “La política agrícola común, los fondos de cohesión, Horizonte Europa, Erasmus: no son reliquias del pasado, sino la columna vertebral de la solidaridad europea y los artífices de nuestro futuro. La ambición sin recursos es vacía, por lo que hemos adoptado una posición firme sobre el próximo presupuesto, equilibrando las prioridades nuevas y tradicionales con un aumento moderado y nuevos recursos propios”, añadió la socialista Carla Tavares, ponente de la propuesta, en línea con Siegfried Muresan (PPE), que reclama “ambición” la resto de instituciones.
Alemania no se plantea es un aumento de la deuda ni tampoco bonos europeos en los mercados de capitales
En el Consejo los debates están todavía empezando y aún así ya dejan pistas de lo que se puede esperar en los próximos meses. Habrá varios ‘equipos’ de países, como suele pasar en estas ocasiones, y Alemania ya avisa: “Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos y esto también significa que tenemos que fijar nuevas prioridades”, sostuvo su canciller Friedrich Merz en la última cumbre de líderes en Chipre. “Lo que Alemania no se plantea es un aumento de la deuda ni tampoco bonos europeos en los mercados de capitales. Esta es una posición que no sostiene Alemania. Lo saben los colegas. Muchos comparten mi opinión”. Y es que los Bálticos tienen otro discurso: “No somos competitivos frente a China y Estados Unidos”.
La realidad es que la migración o la simplificación burocrática van a ser claves en unas nuevas cuentas que, a ojos de muchos expertos, necesitan ser más amplias. La UE tiene que tener más dinero para no ir sustituyendo prioridades, sino poder abarcarlas todas. Pero el encaje es muy complejo. Quien sí abogó por “modernizar” el presupuesto fue su homólogo de Países Bajos, Rob Jetten, pero no necesariamente con más dinero. “En realidad podemos reasignar fondos. Todavía estamos gastando mucho dinero europeo en política agrícola. Eso se puede hacer de forma mucho más eficiente”, resumió, dejando caer de manera implícita que su posición es similar a la de Berlín.
Con todo, ¿qué quiere España? El Gobierno de Sánchez aspira a que no se abandone la política verde en las nuevas cuentas ni se deje de lado el pilar social; la energía es también importante y Moncloa tiene claro que hace falta ampliar el plazo para usar los fondos de recuperación hasta más allá de agosto de este año, con la idea de poder destinar dinero a paliar la crisis provocada por la guerra en Oriente Medio. A España, como quizá a Francia, también se la verá del lado de nueva emisión de deuda europea, una ventana que abrió estos días el propio Emmanuel Macron y que puede explorarse para defensa o para impulsar la industria. Las fuentes diplomáticas de varios países consultadas por este medio avisan de que ese punto puede ser el de más fricción en las negociaciones.
Son los presupuestos más importantes para el momento más importante de la Unión. La tormenta perfecta. La UE tiene que reinventarse -otra vez- pero ahora puede ser presa de la división ideológica; van a entrar en escena las prioridades de los gobiernos nacionales y se volverá a la escena de los llamados frugales (ahorradores) y de quienes quieren una Europa más expansiva. En realidad, el choque es entre modelos, pero el mundo no espera y ser importantes globalmente, recuerdan en Bruselas, requiere de dinero.


