«Ojo por ojo, petrolero por petrolero». Así reaccionó este miércoles uno de los diputados iraníes con más peso, Ebrahim Rezaei, a las nuevas turbulencias en el estrecho de Ormuz, un escenario clave en la guerra de Irán y en las negociaciones entre Estados Unidos … y lo que queda del régimen de Teherán para acabar con el conflicto.
Rezaei debía referirse a la decisión de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica, el brazo armado de los ayatolás y que tiene buena parte del poder en Irán tras casi dos meses de guerra, de apresar dos petroleros que navegaban por el decisivo paso marítimo.
Se trató de los buque Francesca y Epaminondas, atacados y abordados por los iraníes, quizá en una respuesta a los apresamientos de dos barcos iraníes esta semana por parte de la Armada estadounidense.
Las turbulencias en Ormuz forman parte del enquistamiento de las negociaciones diplomáticas entre EE.UU. e Irán. La decisión de Donald Trump de mantener el bloqueo naval a Irán pese al amago de los iraníes con reabrir Ormuz fue respondida con la toma de control del Estrecho, con uno de los principales pasos marítimos del mundo convertido en un embudo por el que apenas pasan barcos.
La situación contribuye al ‘impasse’ actual del proceso diplomático: la segunda ronda de conversaciones directas debería haber empezado esta semana en Pakistán, donde ya fracasó la primera intentona.
Pero ambos lados buscan acudir con una posición de fuerza —mucho de ello tiene que ver con Ormuz— y las diferencias no se desbloquean. El elegido por Trump para liderar la delegación estadounidense, su vicepresidente, J. D. Vance, tenía este martes las maletas hechas y el avión en la pista de la base Andrews de Washington, pero se quedó en tierra. EE.UU. aseguró que no había recibido respuesta de Irán sobre sus posiciones negociadoras.
Irán, por su parte, seguía manteniendo este miércoles que estaba abierto a la negociación. Pero que solo acudirá «cuando concluyamos que existen las condiciones necesarias y racionales para lograr nuestros intereses nacionales», defendió el portavoz de Exteriores, Esmaeil Baghaei.
En la víspera, cuando quedó claro que las negociaciones en Pakistán quedaban en suspenso, Trump anunció que extendía la tregua, que expiraba este mismo miércoles, hasta que el Gobierno de Irán responda a las negociaciones «con una respuesta unificada».
Pero, desde Irán, el presidente del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf, uno de los hombres fuertes del régimen, criticaba que ese alto el fuego «solo tiene sentido si no lo viola el bloqueo marítimo» de EE.UU.
Trump considera este bloqueo como su baza para forzar las negociaciones de Irán. En un mensaje en su red social, defendió que Teherán pierde 500 millones de dólares (427 millones de euros) todos los días por el bloqueo y, si no se mantiene, «nunca habrá un acuerdo con Irán».
De momento, la Casa Blanca no da pistas sobre cuánto durará la tregua concedida por Trump esta semana. La portavoz del presidente, Karoline Leavitt, defendió en un encuentro con la prensa que la «flexibilidad» de Trump hacia los iraníes se mantiene para que haya un entendimiento «entre los pragmáticos y el ala dura» en Teherán para poder seguir las negociaciones.
Preguntada por si se trata, como parece, de un alto el fuego indefinido, Leavitt no quiso ponerle coto. «No voy a ponerle un calendario al presidente», se limitó a decir. «Él no ha impuesto un calendario. Será él quien lo haga en su momento. Ahora está satisfecho con el bloqueo naval y considera que Irán está en una posición débil y que quien tiene las cartas en la mano es él».
Irán no ejecutará a ocho mujeres
El único elemento para el optimismo llegó con el anuncio, por parte de Trump, de que Irán había cumplido con su exigencia de no ejecutar a ocho mujeres iraníes que habían participado en las protestas de finales del año pasado y cuya ejecución iba a ocurrir el miércoles por la noche. «Aprecio mucho que Irán y sus líderes hayan respetado mi petición», comunicó el presidente de EE.UU.
Las turbulencias no se circunscriben a Ormuz. En el frente del Líbano, la tregua acordada la semana pasada entre Israel y el Gobierno libanés volvía a sufrir embates. El Ejército israelí lanzó un ataque en un pueblo del sur del Líbano contra un objetivo que consideró una amenaza inmediata. Un periodista resultó muerto y otro salió herido en el ataque. La Cruz Roja del Líbano acusó a Israel de sufrir ataques cuando sus equipos acudieron al lugar para realizar el rescate.

