El exentrenador de fútbol americano de la Universidad de Michigan, Sherrone Moore, conocerá este martes si enfrentará tiempo en prisión por ingresar a la fuerza a la casa de su exasistente, poco después de que ella terminara su relación extramarital. La sentencia en la Corte del Condado de Washtenaw pondrá fin al proceso judicial del exentrenador de los Wolverines, de 40 años y padre de tres hijos, tras hacerse pública en diciembre su relación inapropiada con su exasistente Paige Shriver.
Moore aceptó un acuerdo de culpabilidad el mes pasado que le permitió evitar un juicio y los cargos más graves de allanamiento de morada y acecho, que eran delitos graves. En su lugar, se declaró sin oposición a dos cargos menores: uso malicioso de un dispositivo de telecomunicaciones en contexto de una relación doméstica y un cargo de invasión de propiedad por el incidente del 10 de diciembre.
Moore podría enfrentar hasta seis meses de cárcel por el cargo de telecomunicaciones y 30 días por invasión, una pena mucho menor a los cinco años que enfrentaba por el cargo principal de allanamiento de morada.
El caso estalló después de que Moore, quien recibía un salario de 5.5 millones de dólares anuales como entrenador en jefe, fuera acusado de irrumpir en la casa de Shriver poco después de ser despedido, cuando la universidad se enteró de su aventura de dos años con su entonces asistente.
Shriver, de 32 años, informó a la universidad sobre la relación después de terminarla, y el entrenador, acorralado, la bombardeó con mensajes de texto y llamadas durante varios días. Moore, quien había dirigido al equipo durante dos temporadas, fue despedido posteriormente por lo que la universidad describió en ese momento como una “relación inapropiada” con un miembro del personal.
Poco después, Moore supuestamente irrumpió en la casa de Shriver, tomó cuchillos de mantequilla y tijeras de cocina y amenazó con suicidarse. “Me voy a matar. Te voy a hacer ver. Mi sangre está en tus manos. Arruinaste mi vida”, se le acusa de haber gritado.
Horas después de su despido, su esposa llamó frenéticamente al 911 temiendo que “se fuera a hacer daño”. El entrenador exiliado fue liberado bajo fianza tras su arresto, pero se le ordenó usar un dispositivo de rastreo antes de su sentencia.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


