Un monumental declive – El Diario NY

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Si hubiera un campeonato del mundo de ciudades bellas, Washington, DC, llegaría a las finales. Hoy, su declive también ha sido de campeonato. Por todos lados, vemos carteles que anuncian que el gobierno federal está haciendo la ciudad “más bella y más segura”. Echemos cuentas.

Trump ordenó en 11 de agosto de 2025 el despliegue de la Guardia Nacional para patrullar las calles de Washington, combatir los crímenes violentos, y restaurar la ley y el orden. Las autoridades municipales protestaron calificándolo de “acto autoritario” innecesario y un riesgo de escalada de tensiones. Casi un año después, según un estudio del Niskanen Center, el despliegue militar no ha tenido prácticamente ningún efecto en el número de crímenes violentos, el cual ya estaba en descenso, ha recibido el rechazo de la mayoría de los washingtonianos, y podía haberse evitado potenciando la fuerza policial local. A un coste diario de $1.65 millones, hasta hoy el contribuyente ha pagado más de $500 millones por la ocupación.

En cuanto a embellecer la ciudad, el proyecto que más bombo y platillo ha generado ha sido la reforma del Estanque Reflectante del Monumento a Lincoln, parte emblemática del conjunto monumental de la capital. Trump insistió en que se debía pintar el fondo de azul marino, que todos nos sentiríamos “muy orgullosos” de ello y que duraría entre “50 y 100 años”. A los pocos días de inaugurarse, el estanque empezó a volverse verde debido a la proliferación de algas que empezaron a flotar en la superficie. La administración pareció prescindir de la ciencia y obvió que la oscuridad de la pintura atraería más calor del sol y fomentaría el crecimiento de las algas. Los intentos de verter agua oxigenada para combatir la invasión vegetal resultaron fútiles, pero sí lograron que se desprendieran del fondo grandes láminas de pintura azul marino. Hasta el momento, las reformas le han costado al contribuyente $16 millones.

Otro naufragio capitalino de la administración ha sido inscribir el nombre de Trump en una de las instituciones culturales más relevantes del país, el Centro Kennedy de las Artes Escénicas. En diciembre de 2025, al más puro estilo autocrático, su nombre se agregó al edificio dedicado a una presidencia con la cual Trump no tuvo nada que ver. Tras una larga batalla legal, una corte federal dictaminó que el centro solo podía nombrarse en honor del Presidente Kennedy y que solo una ley del Congreso podía cambiarlo. El 13 de junio, las letras fueron retiradas de la fachada del centro, aunque se desconoce el coste de este gigantesco juego de Scrabble.

Pero nada ha obsesionado tanto a Trump en su campaña capitalina como su desguace y transformación de la Casa Blanca, la llamada Casa del Pueblo. Empezó con la pavimentación de la histórica Rosaleda, siguió con la demolición del Ala Este de la residencia y a continuación con la construcción, en curso, de un gigantesco pabellón de baile, todo ello sin la debida autorización parlamentaria para proteger la casa más famosa del mundo. Pese a que Trump prometió que el pabellón estaría completamente financiado con fondos privados, el Washington Post reveló que los contribuyentes pagarán la mitad del costo total de $600 millones.

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Trump ya ha convertido los jardines de la Casa Blanca en un circo de feria para celebrar su 80 cumpleaños, a un coste de $60 millones, e insiste en construir un arco triunfal en su nombre cerca del Cementerio Nacional de Arlington, quizá el suelo más sagrado de la república, con un coste de $100 millones.

Nos prometieron belleza y seguridad. Hoy nos queda un monumental declive.

Javier Sierra es comentarista sobre temas políticos, ambientales y de justicia social.





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