El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que no contempla detener las operaciones militares contra Irán, rechazando el llamado del papa a una tregua y al diálogo en Oriente Medio. Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, el mandatario respondió directamente a la petición del pontífice: «Podemos tener un diálogo, pero no quiero hacer un alto el fuego. No haces un alto el fuego cuando literalmente estás arrasando al otro bando».
Trump, del Partido Republicano, sostuvo que las acciones conjuntas con Israel han debilitado significativamente las capacidades navales y aéreas de Irán, y aseguró que la ofensiva habría provocado la muerte de todos los principales líderes del país.
Consultado sobre la protección de la navegación en el estratégico estrecho de Ormuz, el presidente restó complejidad al describirla como una «maniobra militar sencilla y relativamente segura», aunque admitió que requeriría un despliegue masivo de embarcaciones. En ese sentido, criticó a la OTAN al afirmar que «hasta ahora no ha tenido el valor de hacerlo».
Trump señaló que Estados Unidos no depende directamente de esa ruta para el comercio energético, a diferencia de economías como las de varias naciones europeas, Japón y Corea del Sur, que sí necesitan mantenerla abierta para su abastecimiento de petróleo.
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó el 28 de febrero, tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí. Casi un mes después, el presidente estadounidense no ha precisado cuánto tiempo podrían prolongarse las operaciones en la región.
Mitra tiene que gritar para cubrir la voz del megáfono que chilla «Basta a la República Islámica!», «Irán libre!». Un coro de varios cientos de personas responde levantando los puños al cielo. Banderas iraníes, estadounidenses, con la estrella de Israel. «Tengo 50 años y vivo … en Estados Unidos desde hace 31. Desde que puse un pie aquí, como refugiada política, no he vuelto nunca más», dice la mujer. Grandes gafas negras y una bandera roja, blanca y verde atada al cuello, llevada como un chal o una capa de superhéroe, Mitra cuenta que huyó de Teherán en plena noche, después de que su padre fuera asesinado por el régimen: «No veo la hora de volver a su tumba. Y decirle que lo que siempre soñó ha sucedido. Que lo hemos logrado después de todos estos años», confía con la barbilla temblorosa y una lágrima que le recorre el rostro.
Estamos en el corazón de Westwood, un acomodado barrio universitario, de profesores, abogados y médicos en el oeste de Los Ángeles. Los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre el Irán de los ayatolás arrasan a más de 12.000 kilómetros de distancia y a 11 horas y media de huso horario, pero su estruendo se siente con fuerza en la metrópolis californiana, que alberga la mayor comunidad de la diáspora iraní del mundo: entre las más de 500.000 personas de origen persa residentes en Estados Unidos, más de un tercio vive aquí.
En este barrio, encajado entre Beverly Hills y Santa Mónica, entre casitas, jardines cuidados y jacarandas en flor, los iraníes estadounidenses han construido una patria lejos de su país. La llaman amistosamente ‘Persian Square’, ‘Little Persia’ o ‘Tehrangeles’: una sucesión de restaurantes, bazares, tiendas de alimentación con carteles en caracteres persas. El farsi es la lengua de las mesas colocadas al sol.
Desde aquí, los iraníes fuera de Irán han recibido la noticia de que el gobierno del que huyeron estaba siendo atacado por su país de adopción –y que el líder de larga data de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, había sido asesinado. Muchos de ellos pertenecen a minorías oprimidas en Irán –judíos, asirios, bahaíes, cristianos. Algunos huyeron tras la caída en 1979 del último sah de Irán, Mohamed Reza Pahlevi. Otros nacieron en el exilio y conocen el país de sus padres como se conocen los lugares en los cuentos. Una tierra prometida, un miraje.
Sam Beykzadeh, en su librería Pars Books, lamenta la guerra entre países.
(Lucía Magi)
Desde finales de febrero, cada sábado, cientos de personas se reúnen en un cruce, bajo el único rascacielos de la zona, que alberga oficinas federales, poniendo música iraní a todo volumen y vitoreando. Banderas ondean entre la multitud y a lo largo de las aceras cercanas. Los coches pitan como muestra de solidaridad. La gente baila, se abraza, sonríe. Parece una fiesta callejera. «Soy Adrian. Tengo 26 años. Nací en Alemania y luego me mudé aquí», dice un chico con barba y pelo color azabache. Conoce Irán por los relatos de su bisabuelo, que era cirujano del sah y tuvo que huir con toda la familia cuando estalló la revolución.
«Amo mi país –dice el joven refiriéndose al más lejano– Alemania y Estados Unidos son mi casa, pero mi tierra es Irán. Durante los últimos 47 años, mi familia, mis abuelos, toda mi generación hemos estado esperando esto. Estamos muy jubilosos y felices de deshacernos del islam terrorista, solo quiero volver allí, a un Irán completamente libre», dice sacudiendo carteles con las fotos de dos marines muertos en los primeros ataques y con la inscripción «Gracias, Trump»: «Es un buscador de libertad. Me gusta».
«Amo mi país, Alemania y EE.UU. son mi casa, pero mi tierra es Irán. Toda mi familia hemos estado esperando esto»
Adrian
26 años, nacido en Alemania, residente en Los Ángeles
«Esto no es una guerra. Esto es una misión de rescate», dice Masih, cabello rubio movido por el viento, gafas Ray-Ban de aviador y camiseta con el rostro del rey Reza Pahlevi: «Nuestro verdadero líder». «Aprecio la ayuda que el presidente Trump envió a Irán junto con Israel. Quiero decir, ¿quién querría que su país fuera golpeado así? Pero no hay otra manera. La violencia era mucho mayor antes. La gente que moría ya era mucha más», reflexiona, explicando que tiene «mucha familia allí bajo las bombas»: «Tienen miedo, pero también celebran cada vez que cae una porque la tortura y la presión eran insoportables. Yo viví allí y sé, como mujer, lo que significa no tener los derechos humanos más básicos».
Iraníes se reúnen en el centro de Los Ángeles, que alberga la mayor concentración de iraníes fuera de su país.
(Brian Cahn/ZUMA Press)
Una chica salta sin parar al ritmo de ‘YMCA’, el clásico de los Village People. Una gran bandera de Israel entre las manos abiertas como alas. Entre los cerca de 50.000 judíos iraníes que viven en la zona, muchos residen en Beverly Hills, como la alcaldesa del enclave, Sharona Nazarian, que huyó de Irán con su familia en 1979, cuando tenía 4 años, para escapar de la persecución religiosa. Una pancarta con las fotos tipo carné de cientos de jóvenes muertos en las protestas contra el régimen reposa a lo largo de la acera; cerca, otra con las de los 6 marines estadounidenses. Flores blancas, besos lanzados al aire y caricias para todos.
Dos mujeres están comprando una gorra de béisbol verde con la inscripción MIGA –’Make Iran Great Again’– y explican al unísono: «Amamos a nuestro presidente Trump –dice Noaz, melena de cabellos rizados color avellana y ojos almendrados–. Nací en Teherán y mi familia se refugió aquí cuando tenía 9 años. No vivo allí desde hace más de treinta, pero no veo la hora de volver», recita de un tirón. Añade que «la angustia de no poder hablar con tíos y primos debido al bloqueo de internet es dura». «Pero estamos aquí para rezar juntos y agradecer a Trump», concluye la amiga.
Las grietas
Sin embargo, la numerosa comunidad iraní, aunque está en el exilio y coincide en el desprecio hacia los ayatolás, muestra grietas a la hora de encontrar una solución para salir adelante.
«Hay una profunda división. La mayoría ruidosa es la que ves aquí», ensancha los brazos Niloofar Mansoori, que está preparando una conexión con Iran International, el canal de televisión con sede en Washington para el que es corresponsal. «Con las noticias de la represión de las protestas de los últimos meses, hasta las bombas parecen una liberación. Pero hay otros –baja la voz hasta un susurro– que no ven el ataque militar como una solución deseable. Además, fíjate: muchos han nacido aquí; incluso los padres ya son ciudadanos estadounidenses», explica, comparando la escalada militar con una pelea entre mamá y papá, que se observa impotente y lleno de ansiedad.
Mohamed Ghafari, en su tienda de alimentación en Los Ángeles.
(Lucía Magi)
Mansoori sugiere adentrarse en el barrio, a lo largo de la calle Westwood, donde los escaparates, los carteles de las tiendas y de los restaurantes están escritos más en farsi que en inglés.
Un neón arcoíris anuncia que la tienda de alimentación Shater Abbass Bakery & Market está abierta. Mohamed Ghafari está sentado en la caja. A su alrededor, estanterías llenas de té, especias, higos secos, sacos de arroz y harina. «Estoy mal. Muy mal», empieza. Baja el volumen de la televisión en la que sigue las noticias «las 24 horas del día».
En Westwood, entre Beverly Hills y Santa Mónica, los iraníes estadounidenses han construido su patria.
(Lucía Magi)
«La revolución me sorprendió cuando tenía 20 años y estaba en Alemania estudiando informática. Nunca volví, pero mi corazón está allí, donde mis tres hermanos y dos hermanas ni siquiera pueden ser avisados de los bombardeos porque las vías de comunicación están interrumpidas», se emociona.
Explica que sus hijos nacieron en EE.UU., estudiaron, se graduaron, ahora uno enseña en la universidad y el otro es abogado. Al principio fue difícil apreciar su cultura y sus raíces. «Les daba vergüenza porque yo tuve que empezar desde cero aquí. Ahora están orgullosos, han entendido que nosotros, los iraníes, somos mucho mejores que el régimen islámico que nos oprime. Es mi mayor logro. Pero precisamente porque amamos nuestro país ahora estoy destruido. ¿Cómo puedo alegrarme por las bombas?», pregunta agachando la cabeza. Una clienta entra a por pistachos y le salva de las lágrimas.
«Me opongo a la República Islámica. Me ha perseguido y forzado al exilio. Pero esto no significa que quiera ver a mi país bajo las bombas»
Sam Beykzadeh
Nacido en Rasht (Irán) y refugiado en EE.UU. tras la llegada al poder de los ayatolás
«Obviamente, me opongo a la República Islámica. Me ha perseguido y obligado al exilio. Esto no significa que quiera ver mi país bajo las bombas», reflexiona Sam Beykzadeh, nacido en 1948 en Rasht y llegado aquí justo después de la revolución de 1979, que llevó al poder a los ayatolás. «Soy un refugiado político. Estados Unidos me acogió, pero siempre seré iraní: sigo soñando en farsi», dice, reflexionando sobre el hecho de que el gobierno que lo acogió —del que ahora es ciudadano, junto con su esposa, sus tres hijos y sus nietos— esté atacando al que lo obligó a huir.
«Estamos en manos de criminales estúpidos, de ambos lados. ¿La guerra acabará con el régimen? Quizá. Pero antes morirá mucha gente inocente», musita en su librería Pars Books, repleta de libros en persa y fotos de escritores «disidentes, encarcelados o exiliados».
LOS ÁNGELES- Un jurado en California dictaminó este viernes que Elon Musk engañó a los inversores de Twitter al hacer declaraciones falsas que provocaron la caída del precio de las acciones antes de que adquiriera la plataforma de redes sociales por $44,000 millones de dólares en 2022.
Tras deliberar por tres días, los miembros del jurado determinaron que Musk engañó deliberadamente a los accionistas al decir que la red social –que luego bautizó como X- tenía demasiadas cuentas falsas y se retractaría del acuerdo de compra.
El veredicto emitido en una corte federal de San Francisco responde a una demanda presentada en 2022 en nombre de los accionistas de Twitter que vendieron sus acciones entre el 13 de mayo y el 4 de octubre de ese año, pocas semanas antes de que se concretara la compra de la plataforma por parte del multimillonario.
Los daños totales podrían ascender hasta los $2,600 millones de dólares, según afirmaron este viernes los abogados de los demandantes a CNBC.
La querella legal alega que Musk violó las leyes federales de valores al realizar declaraciones públicas falsas que “fueron cuidadosamente calculadas para hacer bajar el precio de las acciones de Twitter”, según información citada por Los Angeles Times.
En abril del 2022 se informó que el multimillonario había acordado comprar la plataforma, pero unas semanas después dijo que la adquisición había quedado suspendida hasta que Twitter informara sobre el número de cuentas falsas existente, lo que hizo que las acciones de la compañía se desplomaran.
Luego, usó la misma plataforma para enviar dos mensajes en los que aseguró que casi el 20 % de las cuentas de Twitter eran “falsas” y que el acuerdo se había caído, según consta en la demanda.
Joseph Cotchett, abogado que representa a los inversores de Twitter, dijo a CNBC a la salida del tribunal que el veredicto era “un ejemplo” de lo que “no se le puede hacer al inversor promedio”, trabajadores como maestros, bomberos, y enfermeros.
Se espera que los abogados de Musk apelen el fallo. Por la compra de Twitter, el director de Tesla y SpaceX enfrenta una investigación de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de EE.UU.
De acuerdo a una nota de prensa de la institución, el fugitivo fue identificado como Cristian López, alias «Emerson», quien es señalado como presunto integrante de una estructura criminal transnacional.(Seguir leyendo…)
Mercedes ha anunciado una reorganización de la estructura directiva de su equipo de Fórmula 1, en la que Bradley Lord ha ascendido a director adjunto del equipo, bajo las órdenes y como mano derecha de Toto Wolff.
Recuerda:
Aunque Lord es reconocible en Reino Unido, por ser la voz que a menudo ha sustituido a Wolff en las entrevistas desde el muro de boxes de ‘Sky Sports F1’ durante los fines de semana de carrera, el británico suele permanecer en un segundo plano en la esfera pública. Entonces, ¿quién es? Te lo explicamos.
Una trayectoria inusual
Lord no es ningún desconocido en la Fórmula 1, ya que comenzó en el campeonato hace 25 años, como becario en la oficina de prensa del antiguo equipo Benetton, en 2001. Esto le llevó a ser ascendido a responsable de prensa sénior en el equipo Renault, ganador del campeonato del mundo en 2006 con Fernando Alonso —el mismo equipo, pero con otra imagen—, cargo que ocupó durante dos años.
Cruzando la línea que separa el periodismo de la comunicación, Lord se convirtió en editor de reportajes de la antigua revista F1 Racing en 2008, antes de volver al otro lado: primero con Renault como jefe de comunicación en 2010, y luego con Daimler AG —la empresa matriz de Mercedes— como director de comunicación en 2011.
En ese cargo supervisó las operaciones de todas las iniciativas de Mercedes en el mundo del motor desde Stuttgart, antes de centrarse en la oferta de F1 de las Flechas Plateadas a partir de 2013, como director de comunicación.
Bradley Lord, GP de Hungría
Un año más tarde, pasó a ser jefe de comunicaciones del departamento de F1 y, posteriormente, director de comunicaciones de Mercedes-Benz Motorsport, en 2017, abarcando el periodo dorado del equipo en el Gran Circo, en el que ganó siete títulos de pilotos y ocho de constructores.
El año 2021 trajo consigo otro cambio de cargo, esta vez para convertirse en director de comunicaciones estratégicas y, posteriormente, en director de comunicaciones, lo que se combinó con un papel de representante del equipo en 2024, que ha servido en gran medida como trampolín para su nuevo puesto. Como explicó Mercedes, Lord ha sido “fundamental en la configuración de la cultura del equipo, las comunicaciones y la cohesión estratégica en general“.
Es posible que el público de la F1 reconozca su rostro por las numerosas imágenes del garaje que captaron la montaña rusa emocional de Wolff durante la batalla por el título de 2021, entre Lewis Hamilton y Max Verstappen. Ahora, será la mano derecha del austriaco —si es que no lo era ya—, llenando el vacío que dejó la marcha del antiguo director de desarrollo de pilotos, Jerome d’Ambrosio, en 2024.
Hay ciudades que se acostumbran a su propia eternidad.
Roma era una de ellas.
No porque no hubiera conocido la guerra —la había conocido demasiadas veces—, sino porque había aprendido a sobrevivirla, a convertirla en piedra, en memoria, en algo que los siglos respetan incluso cuando los hombres no lo hacen.
Roma y su eterna ilusión
Durante mucho tiempo, los romanos vivieron con una certeza silenciosa: que su ciudad, por alguna razón que nadie podía explicar del todo, no sería tocada.
Durante un tiempo, pareció cierto.
La guerra estaba lejos.
En África, en el norte, en el mar.
Roma seguía respirando como si el mundo no estuviera ardiendo.
Los tranvías avanzaban con su rutina, las iglesias abrían, los mercados discutían precios, y la historia —esa historia inmensa— parecía servir de escudo invisible.
Hasta que el cielo dejó de ser cielo.
El bombardeo de San Lorenzo
El 19 de julio de 1943, los aviones llegaron. No uno, no unos pocos, sino centenares. El sonido fue primero lejano, luego inevitable. Y después, definitivo.
El gran San Lorenzo fue bombardeado.
Las bombas cayeron sin distinguir, y con ellas cayó también la ilusión. Los más de setecientos muertos no fueron soldados en su mayoría.
Fueron civiles.
Gente que no estaba en la guerra y que, sin embargo, fue alcanzada por ella.
Más de cuatro mil heridos, calles partidas, casas convertidas en polvo.
Ese día no solo se rompieron edificios.
Se rompió una creencia.
Roma entendió que ya no estaba a salvo.
Pero la guerra no se detuvo allí.
La caída de Mussolini
Una semana después, el régimen de Mussolini cayó como caen las estructuras que ya han sido vaciadas por dentro.
El rey —tarde, demasiado tarde— decidió apartarlo. Italia comenzó a deslizarse hacia otro destino, pero la guerra, lejos de terminar, se acercó más.
Ocupación alemana en Roma
En septiembre, Roma quedó ocupada por los alemanes.
Entonces comenzó otra forma de miedo.
Ya no era solo el cielo.
Era también la calle.
Controles, redadas, incertidumbre. La Ciudad Eterna vivía ahora en un equilibrio frágil, sostenido entre la espera y la resignación.
Se hablaba de Roma como “ciudad abierta”, pero era una expresión más deseada que real.
Las infraestructuras seguían siendo usadas, los ejércitos seguían presentes y, por tanto, la guerra seguía teniendo motivos para volver.
Y volvió.
El regreso de los aviones
En marzo de 1944, cuando la batalla de Montecassino desgarraba el sur de Italia, Roma volvió a escuchar el mismo sonido.
El 18 de marzo, los aviones regresaron.
No fue el gran golpe de Julio.
Fue algo más inquietante: la confirmación de que aquello podía repetirse.
Los objetivos eran ferroviarios, logísticos, militares.
Pero las bombas —como siempre— no obedecen del todo a los mapas.
Caen donde caen. Y la ciudad volvió a estremecerse.
Las sirenas se convirtieron en lenguaje cotidiano. La gente aprendió a descender —no a correr, sino a descender— hacia refugios improvisados.
Hospitales como el Policlínico Umberto I recibían lo que la guerra dejaba a su paso: cuerpos, heridas, fragmentos de vidas interrumpidas.
En algún punto de la ciudad, un tranvía avanzaba como si la rutina aún fuera posible.
Y entonces, otra vez, el sonido.
Un instante después, ya no era transporte.
Era tragedia.
La batalla de Montecassino
Mientras tanto, a poco más de cien kilómetros, en Montecassino, la guerra se libraba sin pausas.
Allí, las bombas no eran interrupciones: eran método.
La abadía milenaria se convirtió en ruina, y la ruina en fortaleza.
Soldados de medio mundo combatían por metros de tierra que parecían no pertenecer a nadie.
Sin embargo, incluso allí, en medio de la destrucción total, hubo un instante improbable: una tregua, el 19 de marzo de 1944, en la Rocca Janula.
Durante una hora, enemigos que se habían estado matando compartieron algo distinto: humanidad.
Recogieron heridos juntos. Intercambiaron cigarrillos. Se miraron sin odio.
La guerra, por un momento, se detuvo.
Roma, mientras tanto, seguía en pie.
Pero ya no era la misma.
Había aprendido algo que ninguna ciudad quiere aprender: que la eternidad no protege.
Que la historia no defiende,
que el pasado no detiene las bombas.
Y, sin embargo, también había aprendido otra cosa.
Que incluso en medio del estruendo,
Cuando el cielo se vuelve amenaza
y la Tierra deja de ser refugio,
Queda todavía una posibilidad mínima:
La de no abandonar al otro.
Por eso, en medio de aquellos días, hay una imagen que persiste.
Un hombre vestido de blanco caminando entre escombros.
Datos oficiales revelan el creciente impacto de los operadores de bicicletas eléctricas en Nueva York en los últimos años, en un contexto en el que el alcalde Mamdani busca relajar la aplicación policial contra conductores temerarios.
El alcalde anunció que la ciudad pondrá fin a su represión contra conductores de bicicletas eléctricas el 27 de marzo, una medida que los críticos califican como desastrosa tanto para peatones como para ciclistas.
Según informó un portavoz del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) al New York Post, cuatro personas murieron atropelladas por bicicletas eléctricas o scooters eléctricos y al menos 15 resultaron heridas en 2025. Por su parte, el Departamento de Transporte (DOT) de la ciudad reportó que dieciséis ciclistas de bicicletas eléctricas fallecieron en accidentes ese mismo año.
Los datos históricos muestran una tendencia preocupante: en 2024, dos peatones murieron y 78 resultaron heridos, mientras que el DOT registró 17 ciclistas fallecidos. El año 2023 fue particularmente mortífero, con dos personas muertas y 95 heridas por atropellos de bicicletas motorizadas. Además, ese año fue el más letal para los ciclistas de la ciudad desde 1999, con 30 fallecidos, de los cuales 23 circulaban en bicicletas eléctricas.
Los accidentes generales de bicicletas eléctricas aumentaron un 21.5%, pasando de 330 en 2024 a 401 en 2025, según datos recopilados por la oficina del concejal Frank Moreno, miembro del Caucus de Sentido Común del Concejo Municipal.
Sin embargo, el DOT afirma que no considera las bicicletas eléctricas como una amenaza grave para los peatones. «Las bicicletas eléctricas están involucradas solo en una pequeña fracción de las lesiones de peatones cada año», declaró un portavoz, señalando que en 2025 representaron aproximadamente el 1.2% del total (113 de 9,088 lesiones).
Esta postura es cuestionada por Janet Schroeder, cofundadora y directora de la Alianza de Seguridad de Vehículos Eléctricos de Nueva York (NYCEVSA), quien afirma que las estadísticas oficiales no reflejan la realidad. «No hay estadísticas precisas», dijo al Post. «Ni siquiera la policía lo sabe». Schroeder argumenta que, al no requerir licencia o placa de matrícula, es difícil responsabilizar a los conductores temerarios que circulan a exceso de velocidad.
La NYCEVSA, un grupo de 1,500 neoyorquinos, se opone a la promesa del alcalde Mamdani de reducir las sanciones por infracciones menores de tráfico, de multas criminales a civiles, para los ciclistas de bicicletas eléctricas.
Según la organización, entre sus miembros hay 119 víctimas de conductores irresponsables de bicicletas eléctricas, y en 113 de esos casos se habrían producido choques y fugas.
En un comunicado, la NYCEVSA respondió a una declaración del alcalde del 18 de marzo, en la que afirmaba estar «asegurando que los ciclistas y conductores de bicicletas eléctricas sean tratados como los demás en la carretera». El grupo replicó: «Si este fuera realmente el caso, las bicicletas eléctricas estarían obligadas a tener licencia, registro, una placa visible y seguro; ¡no tienen nada de eso, pero deberían!».
La artrosis no aparece de un día para otro. Se desarrolla poco a poco, cuando una articulación deja de soportar bien el roce y la carga diaria. Aunque muchas personas la asocian solo con la edad, la realidad es más amplia. En la mayoría de los casos no existe una causa única, sino una mezcla de desgaste, cambios en el cartílago y factores de riesgo que se acumulan con los años.
Por eso conviene distinguir entre la base física del problema y las circunstancias que aumentan la probabilidad de padecerlo. La artrosis puede avanzar por el paso del tiempo, pero también por sobrepeso, herencia, lesiones antiguas o ciertas enfermedades. Entender esa diferencia ayuda a ver que no se trata de un dolor pasajero, sino de un proceso real dentro de la articulación.
La artrosis aparece cuando el cartílago deja de proteger bien la articulación
El cartílago funciona como un cojín. Cubre los extremos de los huesos y permite que la articulación se mueva con menos fricción. Sin embargo, cuando ese tejido se deteriora, pierde elasticidad y amortigua peor. Entonces el roce entre los huesos aumenta y la articulación sufre más con cada movimiento.
Además, el cuerpo intenta reparar ese daño. Pero esa reparación no siempre sale bien. A veces cambia la forma de la articulación, favorece inflamación local y produce osteofitos, que son pequeños crecimientos óseos. Por eso la artrosis no es solo “desgaste”, también implica una respuesta del organismo que puede empeorar el problema.
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La edad, el peso y la herencia son las causas más comunes detrás del problema
La edad es uno de los factores más frecuentes, porque las articulaciones acumulan uso y reparan peor con el tiempo. Con los años, el cartílago pierde parte de su capacidad para amortiguar y recuperarse, y eso hace que tolere peor la carga diaria. Aun así, envejecer no condena a nadie. Hay personas mayores con articulaciones muy funcionales y otras más jóvenes con daño claro. Por qué la edad no actúa sola: muchas veces se combina con sedentarismo, pérdida de masa muscular, sobrecarga articular, mala alineación o lesiones antiguas. Cuando falta fuerza para sostener bien la articulación, el desgaste se acelera. Esa suma, más que la edad por sí sola, es la que abre la puerta al daño.
El exceso de peso también pesa, literalmente. Rodillas, caderas, tobillos y pies reciben más carga en cada paso, al subir escaleras y hasta al ponerse de pie. Por eso no se trata solo de “unos kilos de más”, sino del esfuerzo repetido que soporta la articulación todos los días. Cómo influye el sobrepeso en las articulaciones: al caminar, una rodilla no soporta solo el peso corporal, soporta varias veces esa carga. Además, el tejido graso no es neutro, porque favorece procesos inflamatorios que dañan aún más el cartílago. A veces se piensa que el problema afecta solo a las piernas, pero el sobrepeso también puede empeorar el entorno inflamatorio general del cuerpo.
La herencia también cuenta. Algunas personas nacen con más predisposición a que el cartílago se deteriore antes, o con una forma articular que reparte peor las fuerzas. También pueden heredar cierta laxitud, una alineación menos favorable o una respuesta biológica que protege peor el tejido articular. Si hay antecedentes familiares, el riesgo puede ser mayor. Eso no significa que la artrosis vaya a aparecer sí o sí, pero conviene prestar más atención a otros factores que sí pueden corregirse, como el peso, la fuerza muscular y el cuidado de lesiones previas.
Las lesiones, los movimientos repetidos y algunas enfermedades también pueden causarla
Una articulación lesionada puede quedar vulnerable durante años. Un golpe fuerte, una fractura o una rotura de ligamentos pueden alterar la mecánica normal, incluso cuando la lesión ya parece curada. Como resultado, el desgaste avanza más rápido.
También influye el sobreuso. Cargar peso, ponerse en cuclillas muchas veces al día o subir escaleras de forma repetida somete a ciertas articulaciones a una tensión constante. Qué trabajos y deportes aumentan el riesgo: construcción, tareas que exigen arrodillarse, levantar objetos pesados y deportes de impacto o contacto son ejemplos claros. El problema no suele ser una sola jornada, sino la repetición durante años.
Por otro lado, algunas enfermedades favorecen la artrosis secundaria. Entre ellas están la diabetes, la gota, la artritis reumatoide, la hemocromatosis y algunas deformidades óseas. En esos casos, la articulación no parte de cero, ya arrastra una desventaja.
La artrosis suele ser el resultado de varios factores que coinciden. Edad, peso, herencia, lesiones y sobrecarga forman la combinación más habitual. Cuando esos elementos se reconocen a tiempo, resulta más fácil buscar valoración médica y frenar el avance del daño antes de que limite más la vida diaria.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional
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Las autoridades de Estados Unidos ha anunciado este viernes su decisión de levantar las sanciones al petróleo procedente de Irán que ya está cargado en buques, en medio de la subida de los precios del combustible por la guerra en Oriente Próximo, incluido el bloqueo del estrecho de Ormuz.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha publicado una licencia en la que autoriza la compra y venta de productos derivados del crudo iraní “cargados en buques a partir del 20 de marzo”, este pasado viernes, hasta el domingo 19 de abril. Tras conocerse la noticia, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha explicado en redes que se trata de una autorización “a corto plazo” y “con un alcance muy específico”, que permitirá liberar 140 millones de barriles de petróleo.
Así, este levantamiento temporal de las sanciones se limita “estrictamente” al petróleo que ya está en tránsito y no permite “nuevas compras ni producción”, ha asegurado el secretario del Tesoro, para señalar a continuación que Irán “tendrá dificultades para acceder a los ingresos generados”.
“Utilizaremos el petróleo iraní contra Teherán para mantener el precio bajo”, ha remarcado Bessent, que ha subrayado que esta decisión forma parte de los esfuerzos de la Casa Blanca para introducir “alrededor de 440 millones de barriles” en el mercado global de crudo.
Bessent ya avanzó el jueves la posibilidad de que el Ejecutivo norteamericano barajaba la opción de acabar temporalmente con las sanciones al crudo iraní, una decisión criticada al día siguiente por el portavoz del Ministerio de Petróleo iraní, Saman Ghodousi. “Actualmente, Irán prácticamente no tiene reservas de petróleo crudo ni excedentes para abastecer a otros mercados internacionales”, señaló el portavoz iraní en redes sociales.
Esta decisión se produce en medio de una escalada generalizada en los precios del crudo como consecuencia de la ofensiva lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, que la República Islámica ha respondido con ataques contra los buques que navegan a través del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde circula alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo de petróleo a nivel mundial.
2007 – El héroe de Ferrari Ross Brawn se marcha a Honda
Tras desempeñar un papel clave en todos los títulos mundiales logrados por Michael Schumacher como director técnico en Benetton y Ferrari, Ross Brawn dejó la Scuderia al mismo tiempo que el alemán, a finales de 2006. Un año después, fue nombrado jefe de equipo de Honda, asumiendo un auténtico reto en una escudería oficial que terminó octava en el campeonato de constructores de 2007, con apenas seis puntos.
“El motivo por el que fui allí fue que Honda tenía grandes instalaciones, comparables a las de Ferrari e incluso potencialmente mayores y más potentes“, explicó Brawn a GP Racing en enero de 2017. “Los recursos que tenían en Japón y el presupuesto que estaban invirtiendo eran enormes”.
“Mi pensamiento era que claramente había algo mal en la organización si contaban con esos recursos y no estaban alcanzando su máximo potencial. Quería ser capaz de arreglarlo”.
“Lo que había pasado era que las dos partes de la organización —la unidad de potencia en Japón y el chasis en el Reino Unido— se habían separado y se culpaban mutuamente”.
Ross Brawn, Team Principal, Honda Racing F1 Team with the RA108
Photo by: Lorenzo Bellanca / Motorsport Images
La experiencia de Brawn en la cúpula de Ferrari resultó muy útil.
“Después de un mes aproximadamente”, continuó, “cuando me senté ante la junta y me preguntaron cuáles eran los problemas, pude decir: ‘El motor no es lo suficientemente bueno y el chasis tampoco, y cada grupo cree que la culpa es del otro. Si no afrontamos el hecho de que ambos lados necesitan mejorar muchísimo, no vamos a ninguna parte'”.
“Y se quedaron sorprendidos, porque tenían a mucha gente de nivel directivo en Japón diciéndoles que el motor era fantástico y que la única razón por la que no ganaban era que el chasis no servía”.
Brawn estableció entonces un calendario claro: un año para arreglar las cosas, un segundo año con resultados decentes y un tercer año como aspirantes al título.
La temporada 2008 de Honda fue igualmente dura, con el podio de Rubens Barrichello en el Gran Premio de Gran Bretaña como uno de los pocos momentos destacados. Sin embargo, entre bastidores el equipo trabajaba intensamente en el reglamento de 2009, al que dedicó tres programas simultáneos de túnel de viento y dos equipos de diseño.
Por desgracia, en plena crisis financiera de 2008, Honda decidió abandonar la Fórmula 1. Brawn compró el equipo por una libra simbólica; el rebautizado Brawn GP ganó ambos campeonatos en 2009, con Jenson Button logrando el título de pilotos, un año antes de lo previsto por el propio Brawn.
2009 – El escándalo Crashgate empuja a Flavio Briatore fuera de Renault
Nelson Piquet Jr., Renault F1 Team R28 crashes into the wall
Photo by: Sutton Images
Cuando en agosto de 2009 salió a la luz que el equipo Renault había pedido a Nelson Piquet Jr. que se estrellara en el Gran Premio de Singapur 2008, provocando la salida del coche de seguridad y facilitando la victoria de Fernando Alonso, la reacción fue inevitable.
Recuerda:
El jefe del equipo, Flavio Briatore, y el director ejecutivo de ingeniería, Pat Symonds, responsables de la conspiración, abandonaron la escudería; el italiano fue sancionado de por vida por la FIA, aunque un tribunal de París anuló la decisión pocos meses después.
Fue el final de una era, ya que Briatore había liderado el equipo de Enstone durante los años 90 y 2000, logrando dos títulos de pilotos con Michael Schumacher en Benetton y otros dos con Fernando Alonso en Renault. El empresario no regresaría al equipo hasta 2024.
El director técnico Bob Bell fue nombrado jefe de equipo interino hasta la llegada de Eric Boullier, mientras Renault vendía el equipo a Genii Capital.
2014 – Los siete meses de Marco Mattiacci en Ferrari
Foto de: Rainier Ehrhardt
Desde que Jean Todt dejó su cargo como jefe de Ferrari a finales de 2007, el puesto se ha convertido en uno de los más complicados del automovilismo.
El actual CEO de la F1, Stefano Domenicali, ocupó el cargo durante los seis años siguientes, pero la revolución técnica de la F1 arrancó de forma desastrosa en 2014 para la Scuderia. Fernando Alonso y Kimi Raikkonen no lograron subirse al podio en las tres primeras carreras, sumando apenas 33 puntos entre ambos, lo que dejaba a Ferrari quinta en el campeonato de constructores, aunque a solo 11 puntos del segundo clasificado, Force India, en plena hegemonía de Mercedes.
Domenicali asumió la responsabilidad y Marco Mattiacci, hasta entonces CEO de Ferrari Norteamérica, tomó su lugar. El italiano, de 43 años, fue elegido por su conocimiento de la cultura Ferrari, pese a su falta de experiencia en la F1.
Los resultados no mejoraron significativamente durante 2014 —y en justicia, poco podía hacer Mattiacci— y terminó siendo sustituido siete meses después, con Maurizio Arrivabene, procedente de Philip Morris, como reemplazo.
“Decidimos nombrar a Maurizio Arrivabene porque, en este momento histórico para la Scuderia y la Fórmula 1, necesitamos una persona con un profundo conocimiento no solo de Ferrari, sino también de los mecanismos de gobernanza y los requisitos del deporte”, declaró el presidente de Ferrari, Sergio Marchionne.
“Maurizio posee una experiencia única: ha estado muy cerca de la Scuderia durante años y, como miembro de la Comisión de F1, conoce bien los desafíos a los que nos enfrentamos. Ha sido una fuente constante de ideas innovadoras centradas en revitalizar la Fórmula 1”.
“Su experiencia en la gestión de un mercado altamente complejo y regulado también es de gran importancia, y le ayudará a dirigir y motivar al equipo”.
Aunque breve, la etapa de Marchionne al frente de Ferrari permitió el fichaje del cuatro veces campeón del mundoSebastian Vettel, lo que dio lugar a dos intentos de título en 2017 y 2018.
2014 – Un conserje de Caterham recibe una promoción increíble antes de la intervención de administradores
Foto de: Dan Istitene / Getty Images
Lo que comenzó como una nueva versión del icónico Team Lotus terminó en completo caos.
Cuando el empresario malasio Tony Fernandes lanzó su equipo de Fórmula 1 en 2010, se le había prometido —al igual que a otros nuevos equipos— un límite presupuestario de 40 millones de libras que nunca llegó a materializarse.
Como sus rivales del fondo de la parrilla, el nuevo Lotus estaba gravemente infrafinanciado; recibió la entrada en septiembre de 2009 y seis meses después ya estaba en la parrilla, a cinco segundos del ritmo.
Renombrado como Caterham en 2012, su mejor momento llegó ese año cuando Heikki Kovalainen superó en clasificación a ambos Toro Rosso en Valencia, a solo dos segundos de los equipos punteros.
Aun así, Fernandes se cansó de invertir sin obtener puntos y redujo su implicación antes de vender el equipo en julio de 2014 a un consorcio liderado por Colin Kolles.
Cyril Abiteboul fue sustituido por el ex piloto de F1 Christijan Albers, con Manfredi Ravetto como apoyo.
Mientras tanto, el exfutbolista rumano Ioan Constantin Cojocaru fue contratado como conserje en agosto. En una entrevista con ProSport, afirmó que Ravetto lo reconoció, le dijo que no debía ser limpiador y lo ascendió a director.
Finbarr O’Connell, Caterham team
Photo by: Hoch Zwei / Corbis via Getty Images
En cualquier caso, la empresa entró en administración en octubre, pasando a manos de Smith & Williamson, lo que provocó otro sorprendente cambio en la dirección.
Finbarr O’Connell asumió el papel de jefe de equipo en el GP de Abu Dhabi 2014, donde Caterham regresó a la parrilla gracias a financiación colectiva en lo que sería su despedida.
O’Connell apareció en rueda de prensa junto a figuras como Toto Wolff y Christian Horner. “Estaba allí intentando salvar un equipo de F1 y solo recibí apoyo y amistad”, explicó en 2024.
“Bernie Ecclestone quería a Caterham en Abu Dhabi, especialmente porque Marussia no iba a correr. Nos ayudó con el transporte, neumáticos y combustible”.
“Pero también controlaba todo, incluso quién recibía pases de paddock, y no quería que yo estuviera en la parrilla, probablemente para evitar explicar quién era ese tipo saludando a los pilotos”.
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2016 – Ron Dennis pierde la lucha de poder en McLaren
Ron Dennis, McLaren Executive Chairman in the garage
Dennis dejó el cargo en 2009, cediendo el mando a Martin Whitmarsh, pero siguió como presidente ejecutivo.
Sin embargo, se mostró descontento con la gestión de Whitmarsh y recuperó el control en 2014 tras una temporada 2013 sin podios. “Me bastaron dos días para darme cuenta de que no era para mí”, dijo.
“Decidí que tenía que ser de una manera o de otra, y mis accionistas tomaron la decisión”
Su diagnóstico era claro: “la empresa no está en forma y necesita estarlo”, aunque también se mostraba optimista: “creo que ganaremos carreras este año”.
Foto de: Sutton Images
McLaren no ganó carreras en 2014, y su asociación con el motor Honda —decidida en 2013— tampoco le permitiría tener éxito en los años siguientes.
Entre bastidores, se gestaba una lucha de poder, ya que a Ron Dennis, accionista del 25% de McLaren, se le comunicó en octubre de 2016 que su contrato no sería renovado.
Como consecuencia, Dennis intentó hacerse con el control total de la compañía, mientras que otros accionistas, Mansour Ojjeh y el fondo soberano de Baréin Mumtalakat, dieron pasos para apartar al británico.
Dennis fue puesto en “gardening leave” (suspensión temporal de funciones), decisión que intentó recurrir sin éxito.
Así comenzó la era de Zak Brown y, aunque llevó tiempo, McLaren volvió a la gloria con el título de Lando Norris en 2025.
2021-2026 – La puerta giratoria de jefes de equipo en Alpine
Laurent Rossi, Alpine F1 Team CEO
Photo by: Alpine
Desde que Renault recompró el equipo de Enstone antes de la temporada 2016, la marca francesa ha tenido un objetivo claro —y aún no cumplido—: volver a la parte delantera de la parrilla.
El equipo pasó a llamarse Alpine en 2021 y se convirtió en un símbolo de inestabilidad bajo el liderazgo del CEO del grupo Renault, Luca de Meo.
El jefe de equipo Cyril Abiteboul salió entonces; Laurent Rossi se convirtió en CEO de Alpine, con Marcin Budkowski y Davide Brivio compartiendo las funciones tradicionales de jefe de equipo en una estructura dual, pero ambos abandonaron la F1 tras solo un año en sus respectivos cargos.
En octubre de 2021, Rossi lanzó un plan a 100 carreras para convertir al equipo en aspirante al título. Casualidad o no, han pasado exactamente 100 grandes premios desde entonces y Alpine aún no ha logrado ninguna victoria.
Alpine rompió con su director no ejecutivo y leyenda de Renault, Alain Prost, en enero de 2022, con el cuatro veces campeón del mundo decepcionado con la dirección del equipo.
“Ya no participaba en la toma de decisiones, a veces no estaba de acuerdo —totalmente—, pero tenía que seguir transmitiendo el discurso oficial”, explicó Prost a L’Equipe.
“Incluso como miembro del consejo, me enteraba de algunas decisiones en el último momento. Puede que no me escuchen, pero al menos deberían informarme a tiempo. Es una cuestión de respeto. Las relaciones se han vuelto cada vez más complicadas, podía sentir muchos celos”.
Foto de: Andy Hone / Motorsport Images
“Laurent Rossi quiere estar solo, sin que nadie le moleste”, añadió. “Él mismo me dijo que ya no necesitaba un asesor”.
“Ahora hay una clara tendencia a apartar a mucha gente. Laurent Rossi quiere todo el protagonismo”.
El histórico jefe de equipo de Force India/Aston Martin, Otmar Szafnauer, fue contratado para 2022, pero no compartía el plan de 100 carreras de Rossi, ya que creía que se necesitaba más tiempo.
Otmar Szafnauer, Team Principal, Alpine F1, Pat Fry
Photo by: Carl Bingham / Motorsport Images
Szafnauer fue despedido antes del parón veraniego de 2023, junto con el director deportivo Alan Permane, que llevaba 34 años en el equipo, coincidiendo además con la salida del director técnico Pat Fry hacia Williams.
Rossi tampoco completó su plan de 100 carreras, ya que fue reemplazado por Philippe Krief como CEO de Alpine.
El jefe de motores de Renault F1, Bruno Famin, fue ascendido a jefe de equipo tras la salida de Szafnauer, pero su etapa fue complicada.
A principios de 2024, el director técnico Matt Harman y el jefe de aerodinámica Dirk de Beer dimitieron después de que los Alpine clasificaran en la última fila y terminaran 17º y 18º en la carrera inaugural.
Famin fue sustituido como jefe de equipo por Oliver Oakes en agosto de 2024, pero el británico apenas duró nueve meses antes de marcharse también, mientras Flavio Briatore —que había regresado al equipo como asesor ejecutivo en junio de 2014— retomaba el control. El italiano lidera el equipo junto al director general Steve Nielsen, contratado como sustituto oficial de Oakes.
Mientras tanto, Luca de Meo, quien en gran medida tomaba las decisiones, dejó el grupo Renault en junio de 2025 para unirse a la empresa de lujo Kering, propietaria de marcas como Gucci, Yves Saint Laurent y Balenciaga.
2025 – El fin de la era de Christian Horner en Red Bull
Christian Horner, Red Bull Racing
Photo by: Red Bull Content Pool
Hace unos años, pensar en la salida de Christian Horner como jefe de equipo de Red Bull habría sido impensable.
Convertido en el jefe de equipo más joven de la F1 con 31 años en 2005, Horner llevó al equipo a ocho títulos de pilotos, pero su posición se volvió cada vez más frágil tras la muerte del cofundador de Red Bull, Dietrich Mateschitz, en 2022.
Horner atravesó una investigación por comportamiento inapropiado hacia una empleada a principios de 2024, de la que fue exonerado tras una investigación interna.
Aun así, varias figuras clave abandonaron Red Bull en los últimos años, especialmente el diseñador jefe Adrian Newey y el director deportivo Jonathan Wheatley, y desde hacía tiempo se percibía que el futuro de Horner estaba en peligro.
La situación se complicó aún más porque Horner no contaba ni con el apoyo del asesor Helmut Marko ni con el entorno de Max Verstappen, y además estaba perdiendo el respaldo de la familia Yoovidhya, propietaria del 51% de Red Bull.
Horner resistió unos meses más, pero finalmente perdió la batalla en un desenlace que fue una sorpresa incluso para él, según explicó al equipo en su discurso de despedida.
2026 – Adrian Newey se convierte en jefe de equipo de Aston Martin… pero no por mucho tiempo
Adrian Newey, Aston Martin Racing Team Principal
Photo by: Mario Renzi / Formula 1 via Getty Images
El pasado noviembre, Adrian Newey fue anunciado como jefe de equipo para 2026, lo que generó cierta sorpresa, ya que el británico ya tenía suficiente trabajo como socio técnico gerente, intentando convertir al equipo de Silverstone en un verdadero aspirante por primera vez en sus 35 años de historia.
En los últimos tres meses, Newey ha evitado algunas de las funciones tradicionales, como las obligaciones con los medios, y ahora ya se enfrenta a una crisis.
El nuevo acuerdo de Aston Martin con Honda como motorista oficial no está funcionando —por decirlo suavemente—, especialmente tras haber renunciado a su condición de cliente de Mercedes.
Con la entrada en vigor del nuevo reglamento técnico, la unidad de potencia japonesa sufre vibraciones excesivas que provocan daños en la batería y preocupaciones por la salud de los pilotos. Como consecuencia, el AMR26 diseñado por Newey ni siquiera puede completar un gran premio.