El proceso de recuperación tras abandonar el alcohol se divide en dos fases principales: la desintoxicación física y la adaptación psicológica.
La desintoxicación física, centrada en la eliminación del alcohol del organismo, tiene una duración de entre 5 y 10 días en la mayoría de los casos. En situaciones de dependencia severa, este proceso puede extenderse hasta dos semanas. Durante este período, son frecuentes síntomas como temblores, sudoración, ansiedad y alteraciones del sueño, con mayor intensidad entre el primer y tercer día. Complicaciones como confusión, alucinaciones intensas o convulsiones requieren atención médica inmediata.
Tras el primer mes sin consumo de alcohol, se observan mejoras en parámetros como niveles de energía, digestión y calidad del sueño, aunque este último puede presentar irregularidades temporales. La piel muestra mayor hidratación, y el estado de ánimo tiende a estabilizarse de manera progresiva. No obstante, síntomas como irritabilidad, dificultad para concentrarse o fluctuaciones anímicas pueden persistir durante semanas o meses, especialmente en casos de consumo prolongado.
La adaptación psicológica y conductual, conocida como deshabituación, es un proceso más prolongado. La consolidación de nuevos hábitos y mecanismos para gestionar el estrés o situaciones sociales sin recurrir al alcohol puede requerir entre 18 y 24 meses. Algunos programas de recuperación consideran plazos de hasta 5 años, basados en la necesidad de reducir la reactividad cerebral ante estímulos asociados al consumo.
La duración total del proceso de recuperación depende de múltiples factores, entre los que se incluyen:
– La intensidad y duración del consumo previo.
– El estado de salud mental.
– La disponibilidad de apoyo social.
– Los niveles de estrés.
– La calidad del sueño.
Indicadores de progreso en la recuperación incluyen la reducción de antojos, la mejora en la calidad del sueño y un aumento en la claridad mental. Señales de alerta que sugieren la necesidad de intervención profesional son ansiedad intensa, insomnio persistente o pensamientos recurrentes relacionados con el consumo.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**