Donald Trump arremetió este miércoles duramente contra varios aliados europeos por su escaso apoyo en la crisis de Irán y por no cumplir, a su juicio, sus compromisos de defensa, pero eso sí salvó a Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, al que … presentó como el único dirigente capaz de mantener unidos a los socios europeos y de encontrar una fórmula para ayudar a Washington.
Trump atacó a todos. «Nos decepcionó Italia. Nos decepcionó el Reino Unido. Nos decepcionaron Alemania y Francia. Nos decepcionó la mayoría», afirmó antes de ir a por España y calificar al país de «espectáculo horroroso». «No necesitábamos ayuda en absoluto. Los destruimos literalmente la primera semana», dijo en referencia a Irán.
Rutte llegó a la Casa Blanca con una estrategia clara: reconocer el liderazgo de Trump y, al mismo tiempo, defender que Europa sí ha contribuido de manera relevante a la campaña estadounidense contra Teherán. El dirigente describió a Irán como un país que «exporta caos» y «exporta terrorismo», y sostuvo que la degradación de su capacidad nuclear ha evitado una amenaza para Oriente Próximo y para el mundo.
En un momento, hasta sacó unos gráficos en el Despacho Oval e hizo una presentación para probar que la presión de Trump ha disparado el gasto militar de Europa y Canadá, ha llevado a los aliados a comprar más armamento estadounidense y sostiene cerca de 200.000 empleos en Estados Unidos. En uno de ellos se leía: «el efecto Trump». El presidente norteamericano lo observaba con apariencia divertida.
Fue una escena poco habitual, incluso en una Casa Blanca acostumbrada a la escenografía política. Rutte, de pie junto a unos atriles, desplegó sus paneles para hablar directamente al argumento que más interesa a Trump: el dinero, la industria y puestos de trabajo en EE.UU. Uno de los carteles mostraba un mapa de Estados Unidos con el lema «Defendiendo la Alianza, empleando a estadounidenses». Los otros dos explicaban con barras ascendentes el aumento de las compras europeas de defensa y del gasto militar desde el regreso de Trump.
El secretario general afirmó que europeos y canadienses añadieron cerca de 140.000 millones de dólares al gasto de defensa en 2025 y que este año se encamina a sumar otros 120.000 millones. Recordó también que Europa compró el pasado año unos 54.000 millones de dólares en productos de defensa estadounidense y que hay una cartera de pedidos de unos 300.000 millones. «Son empleos reales. Gente real», dijo Rutte, tratando de traducir la defensa colectiva al lenguaje del votante estadounidense.
La reunión fue cordial en las formas, pero atravesada de principio a fin por los agravios de Trump contra los socios europeos, con ataques indiscriminados a todos lados. El presidente no dejó pasar la oportunidad de insistir en que Estados Unidos mantiene tropas, paga una parte desproporcionada de la defensa occidental y, aun así, recibe respuestas insuficientes cuando pide cooperación.
Mi pregunta a Mark Rutte tras verse con Trump, en que dice que cree que Pedro Sánchez se equivoca al creer que España puede cumplir sus compromisos militares sin llegar al 5% del PIB en Defensa. «No creo que pueda lograrlo y el tiempo lo va a demostrar». pic.twitter.com/7JRxK0dKhX
— David Alandete (@alandete) June 24, 2026
«Habría estado bien que hubieran dicho: “Queremos ayudar”», afirmó sobre la operación contra Irán. «No necesitábamos ayuda, pero habría estado bien que lo hubieran dicho». Según Trump, Estados Unidos hizo el trabajo militar decisivo solo, aunque reconoció que la infraestructura aliada resultó útil.
Rutte trató de contestar sin entrar en un guerra al estilo de anteriores invitados incómodos en la Casa Blanca, como Volodímir Zelenski. Afirmó que entre 4.000 y 5.000 aviones militares estadounidenses despegaron de bases europeas durante las seis semanas de guerra con Irán. Citó también el cierre temporal del aeropuerto de Bucarest al tráfico comercial para permitir operaciones norteamericanas. «Sería muy difícil hacerlo sin Europa como aliado», dijo.
Trump aceptó parcialmente esa defensa, pero volvió al asunto que ha dominado su relación con la OTAN desde su primer mandato: el dinero. Preguntó si los aliados están cumpliendo el objetivo de destinar el 5% del PIB a defensa y seguridad, acordado en el marco de la Alianza. «La gran pregunta es: ¿están pagando el 5% que acordaron? En su mayor parte, no lo están pagando», señaló. La gran excepción es España, claro, que ha logrado una excepción que luego Rutte calificó de desacertada. Dijo que «el tiempo demostrará que se equivoca», en referencia al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
Rutte admitió que existen «motivos de decepción» en algunos casos, pero los describió como excepciones. Mencionó a Alemania, Polonia, Dinamarca y los países nórdicos entre quienes han dado pasos relevantes. También atribuyó a la presión de Trump un cambio que, en su opinión, no se había logrado desde hacía décadas. «La Alianza es mucho más fuerte gracias a este hombre», afirmó. Con el único líder con el que expresó reservas claras es con Sánchez.
El único aliado europeo al que Trump evitó incluir en la lista de reproches fue el propio Rutte. «Es amigo mío, es un gran tipo, un gran líder, un gran secretario general. Todo el mundo le respeta», dijo. Y añadió una frase que reflejó la singular relación entre ambos: «Creo que si hubiera otra persona en ese puesto, ni siquiera estaríamos teniendo esta reunión».
La cita se celebró a menos de dos semanas de la cumbre de la OTAN en Ankara. Trump confirmó que asistirá por respeto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a quien volvió a elogiar. «Me llamó y me dijo: “Por favor, la tengo en Turquía. Tienes que venir. Estados Unidos tiene que estar allí”», relató Trump. «Y voy a ir, por respeto al presidente Erdogan».
El presidente estadounidense calificó a Erdogan de «gran líder», «persona muy fuerte» y «hombre respetado». Dijo que le pidió mantenerse al margen de la guerra con Irán y que cumplió. «Le pedí que no se metiera y no lo hizo», afirmó. Trump dijo que también el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladímir Putin, evitaron implicarse. «Todos se mantuvieron fuera. Fue bastante increíble».
Trump dejó abierta la puerta a satisfacer algunas demandas de Ankara en materia de aviación y defensa. Preguntado por los cazas y motores que reclama Turquía, respondió: «Probablemente haré algo que le haga muy feliz». Y remachó: «Turquía es un miembro fuerte de la OTAN».
La guerra de Ucrania fue otro tema de inesperado consenso. Rutte insistió en que Kiev se mantiene «fuertemente defendida» y que Estados Unidos continúa proporcionando el material necesario, mientras europeos y canadienses financian parte de esa ayuda. Trump ofreció una valoración más favorable de Zelenski de la habitual en sus intervenciones recientes. «Lo ha hecho bastante bien. Lo mires como lo mires, lo ha hecho bastante bien. Al menos está resistiendo», dijo.
El presidente añadió que «muere mucha gente en ambos lados», pero definió al líder ucraniano como «valiente» y destacó que sus fuerzas cuentan con «gran equipamiento» y «combatientes».
El encuentro dejó además otro frente de conflicto: Reino Unido. Trump pidió a Londres «abrir el mar del Norte» para ampliar la extracción de hidrocarburos y denunció que el país compra petróleo a Noruega mientras limita su propia producción. «El mar del Norte está lleno», sostuvo. «Noruega tiene ahora dos billones de dólares en el banco y Reino Unido se está muriendo».
A esa crítica energética sumó otra sobre inmigración y seguridad. «Tienen un problema de inmigración y un tremendo problema energético», dijo. También arremetió contra los parques eólicos: «Están construyendo molinos de viento estúpidos por todo el país y no funcionan, son un desastre».


