Donald Trump resumió este lunes en una frase la encrucijada en la que se encuentra en la guerra de Irán. «La gente se cuestiona si tengo un plan. Por supuesto que tengo un plan, el mejor plan que haya habido nunca», dijo desde el Despacho … Oval, un día después de que Irán respondiera de forma insatisfactoria a su propuesta para acabar con la guerra. «Mi plan es muy simple: Irán no puede tener el arma nuclear».
Es un caso evidente de confusión del plan con el objetivo. El objetivo es ese, desmantelar el programa nuclear de Irán, el mismo que Trump persigue desde que regresó el año pasado a la Casa Blanca, el que le llevó a bombardear Irán hace casi un año y a emprender una guerra, todavía abierta, a finales de febrero. Un objetivo que todo el mundo apoya.
Lo que Trump no tiene, como ha quedado subrayado en el último intercambio diplomático con Teherán, es un plan para conseguirlo. Esa es la razón por la que la guerra deambula en un impasse incierto, entre amenazas y ultimátums que no se cumplen, entre posiciones alejadas.
En la víspera, Trump recibió la respuesta iraní a la propuesta que compartieron la semana pasada sus negociadores principales –su amigo Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner– para acabar con la guerra. Un documento de 14 puntos, basado en la extensión del actual alto el fuego, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de un proceso de diálogo de treinta días para detallar la limitación del programa nuclear de Irán, con contraprestaciones como el levantamiento de sanciones.
Lo que queda del régimen de Teherán siempre ha mantenido que la posición negociadora de Trump es maximalista y no atiende a la realidad. En su respuesta, según la televisión pública iraní, el régimen de los ayatolás ha exigido garantías para el final de las hostilidades y exige condiciones agresivas, algunas irrealizables: acuerdo de paz en el frente del Líbano, reparaciones por la guerra, levantamiento de sanciones, reconocimiento de la soberanía de Irán sobre Ormuz o desbloqueo de activos iraníes en el extranjero.
No hay apenas concesiones sobre el asunto esencial para EE.UU., su programa nuclear. Según aseguraron fuentes iraníes a AP, la única propuesta era diluir parte de su inventario de uranio enriquecido y transporte del resto a un tercer país.
La primera reacción de Trump a la réplica iraní fue decir en un mensaje en su red social que es «completamente inaceptable». El lunes, desde el Despacho Oval, insistió en su indignación ante la prensa: «Nos enviaron un trozo de basura», dijo Trump, claramente molesto. «Ni siquiera acabé de leerlo, era una pérdida de tiempo».
«Nos enviaron un trozo de basura. Ni siquiera acabé de leerlo, era una pérdida de tiempo»
Donald Trump
Presidente de EE.UU.
El presidente de EE.UU. aseguró que la actual tregua, que concedió el pasado 8 de abril para posibilitar negociaciones para la reapertura de Ormuz, es «increíblemente débil», y utilizó un término médico para asegurar que está en las últimas, en estado crítico: «está en respiración asistida», dijo sobre el alto el fuego.
Era una referencia velada a la posibilidad de que EE.UU. rompa la tregua y recupere sus operaciones militares contra Irán. El alto el fuego, en realidad, no ha sido respetado. En la última semana, ha habido ataques cruzados entre ambos países como una forma de imponer su control sobre Ormuz, el paso marítimo clave que está en el centro de las negociaciones.
Amenazas y ultimátums incumplidos
La alusión a la debilidad de la tregua era una nueva amenaza por parte de Trump, como ha habido tantas durante este alto el fuego. El multimillonario neoyorquino ha emitido numerosas amenazas y ultimátums que después no cumple, en una muestra de que las opciones que tiene a su disposición, por muy inflamada que sea su retórica, no son buenas. Amenazó a comienzos de abril con «acabar con toda una civilización» si Irán no cumplía su ultimátum, reabría Ormuz y se avenía a un acuerdo; pero dio marcha atrás y anunció un alto el fuego de dos semanas a condición de que Irán permitiera el flujo marítimo en el estrecho. El alto el fuego se ha mantenido durante más de un mes, pese a que Irán no ha dejado de ejercer su control sobre Ormuz y apenas ha permitido el paso de barcos. Trump también amenazó con «borrar a Irán de la faz de la Tierra» si osaba atacar a buques estadounidenses; ha habido multitud de ataques de este tipo, y la respuesta de EE.UU. ha sido comedida, en un intento de mantener la tregua, aunque sea frágil.
La respuesta de Irán ha sido un insulto a la propuesta de Trump. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaer, defendió el lunes que su país «no exigió concesiones», sino que reclamó sus «derechos legítimos».
Irán defiende se respuesta al plan de 14 puntos de la Casa Blanca: «no exigió concesiones», sino que reclamó sus «derechos legítimos»
Entre insultos y amenazas tras la réplica de Irán, Trump no dio indicaciones de qué camino va a tomar a partir de ahora. Aparenta estar en un callejón sin salida. El presidente de EE.UU. ha dado evidencias de que quiere acabar con la guerra, pero necesita hacerlo con una victoria en el motivo que le llevó a emprenderla de manera conjunta con Israel: un acuerdo para el desmantelamiento –o, al menos, la limitación– del programa nuclear iraní.
Triunfalismo
Casi desde el comienzo de la guerra, Trump ha insistido en que Irán está derrotado, que la campaña militar va por delante de lo previsto, que los iraníes están desesperados por llegar al acuerdo… Ha llegado a anunciar que habría acuerdo «en uno o dos días» o incluso que Irán había aceptado todas sus propuestas, incluida la entrega de su uranio enriquecido.
Este lunes insistió en esto último. Aseguró que los iraníes le habían dicho que estaban de acuerdo en entregar su inventario y solo dos países podrían ejecutar la operación de sacar el uranio de las instalaciones nucleares destruidas por la guerra: China y EE.UU.
Pese al bombardeo de triunfalismo de Trump, la realidad es que por el momento no es capaz de resolver la encrucijada en la que se encuentra. El bloqueo de Ormuz ahoga a un Irán destruido militarmente y arruinado en la economía. Pero en el que ha sobrevivido un liderazgo radicalizado por la guerra, que cree que haber resistido ya es una victoria y que venderá muy cara cualquier concesión.
El bloqueo de Ormuz ahoga a un Irán destruido militarme y arruinado, pero su liderazgo ha sobrevivido y eso es ya una victoria
Trump podría recuperar la opción militar, tratar de llevarse el uranio por la fuerza –un plan que se ha planteado–, invadir posiciones clave de Irán… Pero eso supondría profundizar y alargar una guerra muy impopular en EE.UU., que ha disparado los precios energéticos en el país, que le ha enfrentado con parte de sus bases, que va contra sus promesas electorales y por la que los republicanos podrían pagar un precio alto en las elecciones legislativas de otoño.
Esta semana, Trump tratará el asunto en su visita a Xi Jinping en China, el principal apoyo internacional de Irán, para que presione a Teherán. Pero cualquier resolución de la guerra apunta a estar basada en un acuerdo que no satisfaga del todo a nadie. Trump necesitará entonces otro plan: cómo vender el final de su «excursión» a Oriente Próximo a los votantes como una victoria.


