Donald Trump ha llevado desde este lunes la crisis con Irán a una nueva fase: el bloqueo naval del país. A las 10.00 de la mañana, hora de Washington, las 16.00 en la España peninsular, Estados Unidos activó el cerco sobre los … barcos vinculados a puertos iraníes, después del fracaso de las negociaciones celebradas durante el fin de semana en Islamabad. El presidente presenta la medida como una forma de presión para obligar a Teherán a renunciar de una vez por todas a su programa nuclear, sea este civil o militar. Los petroleros han dejado de entrar y salir del golfo Pérsico, algo insólito. Y esta vez, además, por decisión directa de Estados Unidos.
Pero el movimiento llega con el alto el fuego al borde del colapso, con el petróleo otra vez por encima de los 100 dólares por barril y con el estrecho de Ormuz convertido ya no solo en un símbolo de la guerra, sino en el punto exacto en el que puede decidirse si la tregua sobrevive o salta por los aires, poniendo además en riesgo el suministro global de crudo.
Trump insistió este lunes ante la prensa en que el obstáculo central sigue siendo el nuclear. Dijo: «Irán no tendrá un arma atómica». Y añadió que en las conversaciones se avanzó en muchos puntos, pero no en ese, aunque cree que Teherán acabará cediendo: «Y acordamos muchas cosas, pero no estuvieron de acuerdo con ellas. Creo que al final aceptarán. Estoy casi seguro».
Sobre las conversaciones, aseguró también Trump que Irán sigue moviéndose por la vía del contacto, pese a la imagen de ruptura: «Esta mañana nos han llamado las personas adecuadas, las personas apropiadas, y quieren trabajar; les gustaría llegar a un acuerdo».
El presidente hizo esas declaraciones a la puerta del Despacho Oval, al recibir un pedido de McDonald’s traído por una repartidora del servicio DoorDash llegada desde Arkansas, a la que la Casa Blanca quiso presentar como ejemplo del respaldo a su agenda fiscal, después de que Trump eliminara los impuestos federales sobre las propinas.
La lógica de Trump ahora es asfixiar las exportaciones iraníes de petróleo y cortar el flujo de divisas que sostiene la economía de guerra del régimen, para provocar un derrame, estrategia similar a la empleada en Venezuela y Cuba. En las últimas semanas, Irán había empezado a cobrar peajes de entre uno y dos millones de euros, pagados en yuanes chinos, a buques que buscaban paso por una vía que antes del conflicto era de libre tránsito.
Ambiciones nucleares
El detonante inmediato del bloqueo fue el hundimiento de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán en Pakistán. Tras dicho fracaso, Trump anunció el domingo que iba a cortar el paso a «todos y cada uno» de los barcos que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz.
Después, el Mando Central de Estados Unidos precisó la operación y la acotó al tráfico que entra o sale de puertos iraníes. La diferencia no es menor. Trump habló en un primer momento como si cerrara el Estrecho en su conjunto. El Pentágono trató después de ajustar el alcance de la medida a una formulación más limitada, aunque igualmente explosiva. En la práctica, el bloqueo acerca a la Armada estadounidense a una confrontación directa, bélica, con Irán en uno de los corredores marítimos más sensibles y más difíciles del planeta.
El estrecho de Ormuz no es solo un paso estratégico por el que discurre alrededor del 20% del crudo mundial. Es además un cuello de botella militar. Sus aguas obligan a cualquier fuerza naval a operar en un canal estrecho, vigilado y ahora además minado. Teherán desplegó minas marinas como respuesta a los ataques lanzados por Trump desde el 28 de febrero. Mantiene además misiles costeros y enjambres de drones baratos capaces de complicar seriamente cualquier operación de interdicción. La superioridad militar norteamericana existe, pero allí se estrecha físicamente, se encarece y se expone.
Irán reaccionó rápido. Su mando militar central advirtió de que, si se amenazan sus puertos, ningún puerto de la región será seguro. La amenaza afecta no solo a la navegación comercial, sino a toda la red de instalaciones energéticas y logísticas del Golfo. En el mar había ya atrapados unos siete millones de barriles de crudo y cuatro millones de barriles de productos refinados, a la espera de una salida segura. Ormuz es además una vía crítica para aluminio, helio y fertilizantes, y cualquier interrupción adicional amenaza con añadir más presión inflacionaria en Estados Unidos y Europa.
Petróleo por encima de los 100 dólares
El mercado leyó enseguida la gravedad del paso. El petróleo volvió a superar los 100 dólares por barril el lunes, una cifra muy elevada. El bloqueo, además de su dimensión militar, ha reabierto el frente económico interno para Trump. EE.UU. es mucho más autosuficiente en energía que Europa o Asia, pero no es inmune al precio global del crudo. Y el encarecimiento de la gasolina ya estaba dejando huella en la inflación y en el desgaste político de la Casa Blanca.
Ahí aparece una de las contradicciones más visibles del presidente. El 1 de abril, en un discurso nacional, dijo que Ormuz no importaba porque Estados Unidos tenía petróleo y gas de sobra. Días después amenazó con destruir la «civilización entera» de Irán si no permitía el paso de barcos. Y ahora ha decidido imponer su propio bloqueo sobre ese mismo corredor. En pocas semanas ha pasado de minimizar el valor del Estrecho a convertirlo en el centro de una operación militar estadounidense de gran riesgo.
Pakistán, mientras tanto, sigue intentando evitar que todo esto desemboque en una nueva fase de bombardeos. Los mediadores paquistaníes continuaron reunidos con la delegación iraní incluso después de la salida de J. D. Vance de Islamabad. El primer ministro Shehbaz Sharif dijo este lunes, en una comparecencia televisada ante su gabinete, que los esfuerzos para resolver las disputas entre Washington y Teherán siguen vivos y que una tregua de dos semanas exige tiempo, paciencia y continuidad. Recordó además que otros acuerdos internacionales también necesitaron recorrido antes de consolidarse.


