El Gobierno de Donald Trump ha decidido este viernes la salida de 5.000 soldados destinados en bases de EE.UU. en Alemania, en la última escalada de las tensiones entre el presidente estadounidense y el Ejecutivo del canciller alemán, Friedrich Merz.
Al contrario que Pedro Sánchez y su Ejecutivo, Merz se ha esforzado por mantener una buena sintonía con Trump. En junio del año pasado, durante una visita a la Casa Blanca, el canciller alemán le regaló al multimillonario neoyorquino una copia del certificado de nacimiento de su abuelo en Alemania. Como han hecho tantos líderes internacionales fue un intento de Merz de congraciarse con Trump, al que colmó de elogios.
También al contrario que España, Alemania ha permitido a EE.UU. el uso de sus bases para la preparación y lanzamiento de operaciones militares en el marco de la guerra de Irán.
Eso no ha sido suficiente para compensar la falta de cooperación de Alemania en los esfuerzos de EE.UU. en la guerra, en especial, en la reapertura del Estrecho de Ormuz. Y todo apunta a que las declaraciones de Merz de hace unos días en una visita a un colegio han provocado la ira del presidente de EE.UU.
En un encuentro con estudiantes de Masberg, Merz dijo que Irán está «humillando» a EE.UU., que los iraníes «son muy buenos a la hora de negociar, hacen que los estadounidenses viajen a Islamabad y les dejan sin resultados» (una referencia al fracaso de las negociaciones en Pakistán) y que «es obvio que EE.UU. fue a esta guerra sin ningún tipo de estrategia».
Esto motivó que Trump se planteara el castigo a Alemania con la retirada de tropas, algo que el Pentágono ha confirmado este viernes. Su portavoz, Sean Parnell, aseguró que «la decisión llega tras una revisión exhaustiva de la postura de fuerza del Departamento de Defensa en Europa». Parnell detalló que la retirada se completará en un periodo «de entre seis y doce meses».
Las tropas afectadas forman parte de una brigada del ejército de Tierra. Pero, además, la decisión implica la cancelación del despliegue de un batallón acompañado por misiles de largo alcance, cuya llegada estaba prevista para finales de este año y que había provocado la protesta del presidente de Rusia, Vladimir Putin.
En la actualidad, hay cerca de 36.000 soldados estadounidenses en Alemania, el país que acoge la mayoría de los 85.000 soldados que EE.UU. tiene en decenas de bases en toda Europa.
En el caso de España, hay presencia en dos bases compartidas, las de Rota y Morón. Esta semana, tras la amenaza a Alemania, Trump advirtió de que una medida similar podría afectar a España. «Sí, probablemente lo hagamos, ¿por qué no iba a hacerlo?», respondió el presidente este jueves en el Despacho Oval cuando fue preguntado al respecto.
«España ha sido horrible, absolutamente horrible», dijo sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, que ha negado la utilización de las bases y del espacio aéreo para operaciones relacionadas con la guerra de Irán.
La decisión de Trump sobre Alemania, un aliado tradicional de EE.UU., en especial en asuntos militares, puede provocar críticas en el Congreso. El otoño pasado, cuando el Pentágono decidió retirar una brigada con base en Rumanía, los presidentes de comités de Fuerzas Armadas del Senado y de la Cámara de Representantes, ambos republicanos, criticaron con fuerza la decisión.
«Debilitar nuestra huella militar en Europa en un momento en el que las fuerzas rusas continúan atacando sin descanso a Ucrania y acosan a nuestros aliados de la OTAN es un regalo para Vladimir Putin», reaccionó el senador demócrata Jack Reed. La retirada de esos 5.000 soldados dejará el número de fuerzas estadounidenses en Europa por debajo del nivel previo a la guerra de Ucrania. La decisión, según Reed, «sugiere que los compromisos de EE.UU. con nuestros aliados dependen del humor del presidente».
Uno de los diputados republicanos en ese comité, Dan Bacon, también criticó la decisión. «Debiñlita la OTAN. Le gusta a Rusia. Y parece una pataleta», dijo.


