Donald Trump no está acostumbrado a que los republicanos le tosan. El presidente de EE.UU. es el ‘boss’ de su partido. Ordena y manda, bajo amenaza de acabar con la carrera política de los díscolos, como se está viendo en las primarias de esta … temporada. Pero Trump quizá está estirando demasiado la cuerda. Incluso para aquellos que se lo han perdonado todo, también el asalto al Capitolio en enero de 2021 o su indulto a los protagonistas.
Esta semana se han abierto grietas poco usuales entre el presidente y sus aliados republicanos en el Congreso. Como resultado, la aprobación de una ley que dota de recursos a una de sus grandes prioridades -la ejecución de su mano dura en política migratoria- ha tenido que ser retrasada. Y podría ser un anticipo de una mayor combatividad frente a Trump por parte de la bancada republicana de aquí a las elecciones legislativas de otoño.
El detonante ha sido la última maniobra abusiva de Trump desde el poder: la creación de un fondo de compensación judicial multimillonario por parte de su Departamento de Justicia, que apunta a estar diseñado para privilegiar a sus aliados. Trump lo ha creado como contrapartida para renunciar a una demanda que tenía interpuesta contra Hacienda por la filtración de sus datos fiscales.
Los detalles de ese fondo de compensación no están claros, pero ha indignado incluso a muchos republicanos: contará con 1.776 millones de dólares (la cifra es un guiño al año de la creación de EE.UU.) para indemnizar a víctimas de la «utilización como arma política» del sistema judicial. Es decir, para dar dinero a los aliados de Trump, temen muchos. Entre los probables beneficiarios: los mismos que asaltaron el Capitolio en 2021. Y con un añadido, también escandaloso: la renuncia de Hacienda a hacer auditorías fiscales a Trump, sus familiares y «sus afiliados». Según Forbes, el año pasado Trump ganó cerca de 1.400 millones de dólares por sus negocios en el sector cripto, por lo que su inmunidad sobre su declaración fiscal llega en un gran momento para él.
Los demócratas, como era de esperar, salieron en tromba contra la idea del fondo de compensación. La novedad es que también levantó ampollas en muchos republicanos. «No soy un gran fan», dijo John Thune, el líder de la mayoría republicana en el Senado, en lo más parecido a una crítica que se puede escuchar de un aliado central de Trump en el Congreso. Otros senadores republicanos, que están entre el puñado de díscolos (se cuentan, de forma literal, con los dedos de una mano) fueron más claros: Thom Tillis lo llamó «tiranía», Mitch McConnell lo calificó de «completamente estúpido, moralmente equivocado».
Del polémico fondo a la obra en la Casa Blanca
El fiscal general interino, Todd Blanche (exabogado personal de Trump), acudió al Congreso el jueves para tratar de tranquilizar a los senadores republicanos. No lo logró. El resultado fue que la oposición al fondo de compensación acabó por hacer descarrilar la votación prevista de los fondos para política migratoria, para reforzar las actividades de la policía de inmigración y aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) y el programa de deportaciones masivas de Trump.
La votación ya estaba en peligro por otro asunto polémico y muy personal del presidente: la demolición del ala este de la Casa Blanca y el levantamiento de un enorme salón de fiestas. El multimillonario neoyorquino dijo que eso no les costaría un duro a los contribuyentes, que se pagaría con donaciones. Pero los aliados republicanos de Trump en el Senado querían colar en la financiación de la política migratoria nada menos que mil millones de dólares para mejoras de seguridad en el salón de fiestas. Varios de sus compañeros de bancada se opusieron con fuerza.
La aparición de una resistencia a Trump en el Congreso no se explica sin el contexto actual, en el que hay más incentivos para oponerse al jefe. Algunos, como los senadores Bill Cassidy o John Cornyn, porque Trump ha apoyado a rivales en primarias y ya no tienen nada que perder frente al presidente. Otros, como Thom Tillis, han preferido jubilarse antes de fajarse en unas primarias con la oposición de Trump. Y muchos tienen la mirada puesta en revalidar su escaño en otoño y están más dispuestos a cuestionar a un presidente con la popularidad hundida por la marcha de la economía. Este viernes, el precio medio de la gasolina estaba en 4,55 dólares el galón, su precio más alto desde 2022. Ese mismo día, el índice de confianza de los consumidores que elabora cada mes la Universidad de Michigan tocó el punto más bajo de su historia.
El Congreso y la guerra
Esta situación económica tiene una relación directa con la guerra de Irán, uno de los grandes lastres de Trump. Y que cada vez pesa más para los republicanos, como también se ha visto esta semana. Este jueves, los líderes de la mayoría republicana de la Cámara de Representantes suspendieron la votación de una medida, presentada por los demócratas, que exigiría a la Administración Trump replegar la operación militar en Oriente Próximo o pedir autorización al Congreso para seguir adelante con la guerra. Lo hicieron porque había suficientes ausencias y votos díscolos en su bancada que corrían el riesgo de un resultado contrario a los intereses de Trump. Era la cuarta vez que la oposición demócrata presentaba una iniciativa de este tipo. Hasta ahora, había sido derrotada por la práctica unanimidad del voto en contra republicano. Pero la votación de esta semana muestra la creciente erosión política de la guerra, que puede pesar cuando todos los diputados tengan que renovar su escaño el próximo otoño.
Esa suspensión de la votación sucedía pocos días después de que el Senado diera un primer impulso, con el voto favorable de varios republicanos, a una medida similar sobre la guerra de Irán en la Cámara Alta.
La cuestión ahora es saber si estos conatos de revuelta serán la tónica hasta las elecciones de otoño o si Trump logrará, como hasta ahora, tener al Congreso bajo control.


