La ruptura en la relación entre Estados Unidos y Europa ha puesto de relieve la peligrosa situación del Reino Unido: fuera de la UE, pero sin poder seguir contando con la «relación especial» para proteger sus intereses. El Reino Unido se encuentra más aislado geopolíticamente … de lo que lo ha estado en más de un siglo. De una forma u otra, debe restablecer una posición más sólida y ejercer un mayor liderazgo en Europa.
A pesar de haberse acorralado a sí mismos con compromisos innecesariamente rígidos de no volver a plantearse la pertenencia al mercado único y descartar la adhesión a la unión aduanera, el primer ministro y la ministra de finanzas del Reino Unido al menos han comenzado a defender un acercamiento más amplio a la UE de cara a la cumbre que se celebrará en Bruselas este verano. Sin embargo, hasta ahora el gobierno ha guardado un extraño silencio sobre un ámbito en el que una mayor integración al otro lado del Canal de la Mancha supone un claro beneficio mutuo: la tecnología.
Europa tiene un enorme potencial de mercado, con un sector tecnológico de casi cuatro billones de dólares, y un margen de crecimiento considerablemente mayor si se materializaran plenamente la unión de los mercados de capitales y el mercado único digital de la UE. El Reino Unido cuenta con un sector de capital riesgo y de startups líder. Ha dado lugar a 200 «unicornios» —empresas privadas valoradas en más de 1000 millones de dólares—, financia más startups que Alemania y Francia juntas y cuenta con el centro de fintech mejor financiado del mundo. La oportunidad es clara para que los sectores tecnológicos de Europa, tanto dentro como fuera de la UE, alcancen su máximo potencial.
A medida que avanza la integración de las tecnologías estadounidense y china, en las capitales europeas se habla cada vez más sobre la importancia de la soberanía tecnológica. Sin embargo, la verdad es que ningún país europeo, ni siquiera el Reino Unido, es suficientemente grande como para valerse por sí mismo en toda la gama de tecnologías relacionadas con la IA. La supremacía tecnológica de Estados Unidos y China se debe en gran parte a su escala hemisférica. Las naciones europeas tendrán que aprender a actuar ellas mismas a escala hemisférica si quieren competir.
Hay indicios de que el panorama tecnológico europeo se está moviendo. La inversión europea en capital riesgo se ha cuadruplicado en una década, superando con creces a la de China. Por primera vez, los trabajadores del sector tecnológico son tan propensos a trasladarse de Estados Unidos a Europa como a la inversa.
Para aprovechar esta oportunidad —y salir fortalecida de la crisis transatlántica agravada por la guerra de Irán—, Europa debe aprender a convertirse en un mercado capaz de innovar a gran escala. Tal evolución no debería limitarse a la UE, sino a un concepto más amplio de Eurovisión de Europa —quizás sin Australia—. Ucrania ya es líder mundial en innovación en defensa basada en la IA y Noruega está bien posicionada para liderar la capacidad de centros de datos sostenibles y de bajo coste. Junto con el Reino Unido, deberían incluirse en un enfoque global para impulsar el rendimiento de Europa en el ámbito digital, del mismo modo que la integración económica de décadas anteriores se centró en el ámbito físico.
Ucrania ya es líder mundial en innovación en defensa basada en la IA y Noruega está bien posicionada para liderar la capacidad de centros de datos sostenibles y de bajo coste. Junto con el Reino Unido, deberían incluirse en un enfoque global para impulsar el rendimiento de Europa en el ámbito digital
Hay algunas medidas iniciales que la UE y el Reino Unido pueden adoptar: algunas son modestas; la mayoría, tecnocráticas. Sin embargo, juntos podrían ayudar a desencadenar un renacimiento tecnológico a escala continental.
En primer lugar, deberían aunar esfuerzos para desarrollar capacidades competitivas en el ámbito de la IA. El proyecto europeo de computación de alto rendimiento está a punto de financiar cinco «gigafábricas» de IA, instalaciones gigantescas para entrenar y operar modelos de vanguardia. Las empresas británicas deberían presentar ofertas conjuntamente con sus homólogas de la UE. El Reino Unido también podría aprovechar la próxima revisión del Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la UE y el Reino Unido para negociar el acceso recíproco de investigadores y empresas a los nuevos superordenadores.
En segundo lugar, el Reino Unido debería unirse al fondo de fondos para la expansión tecnológica del Fondo Europeo de Inversiones, que proporciona capital de crecimiento en fases avanzadas. Proceder de este modo aumentaría la financiación y los conocimientos especializados a disposición de las compañías más prometedoras. Las empresas británicas podrían acceder a una fuente que ya ha ayudado a casi una docena de «unicornios».
En tercer lugar, los investigadores británicos deberían convertirse en miembros de pleno derecho de Horizonte Europa, el programa de investigación e innovación de la UE. Reincorporarse como miembros «asociados» en 2024 ya ha supuesto una gran ventaja para ellos. La pertenencia de pleno derecho les daría acceso al fondo de capital del Consejo Europeo de Innovación para startups.
En cuarto lugar, el Reino Unido debería unirse a la UE para adoptar el «28.º régimen» del bloque. Cualquiera que haga negocios en la UE se enfrenta a 27 sistemas de cumplimiento que se solapan; con el «28.º régimen», podrían registrarse empresas una sola vez y operar libremente en todo el bloque, de forma muy similar a como lo permite la constitución de sociedades en Delaware en Estados Unidos. La participación británica es factible con el compromiso de ambas partes.
Por último, debería facilitarse a los talentos la creación y el crecimiento de empresas en Europa, levantando las restricciones de visados y concediendo un estatus especial a los emprendedores tecnológicos en toda la Europa ampliada, incluyendo a Islandia, Noruega y Ucrania, además del Reino Unido. El ecosistema sería más dinámico si Europa adoptara la propuesta de Oliver Coste y Yann Coatanlem, dos empresarios franceses, de flexibilizar las normas del mercado laboral para el 10 % de los trabajadores con mayores ingresos; esto haría posible lograr el intenso intercambio de talento que hace que Silicon Valley sea tan dinámico, sin sacrificar los derechos laborales de la gran mayoría de los trabajadores del sector tecnológico.
Debería facilitarse a los talentos la creación y el crecimiento de empresas en Europa, levantando las restricciones de visados y concediendo un estatus especial a los emprendedores tecnológicos en toda la Europa ampliada, incluyendo a Islandia, Noruega y Ucrania, además del Reino Unido
El Reino Unido y la UE pueden dar estos pasos ahora mismo. Es evidente que sus efectos se verían amplificados si el Reino Unido diera el paso natural —y tan popular— de volver a integrarse más plenamente en la UE. A la UE también le esperan decisiones difíciles: por ejemplo, descartar o, al menos, reformular significativamente la reciente legislación sobre IA que, de promulgarse, disuadiría a las empresas de IA de entrenar modelos en Europa justo cuando la UE está tratando de construir la infraestructura para que lo hagan.
El distanciamiento temporal del Reino Unido de su hinterland continental enmascara la verdadera fortaleza de la posición de Europa. Juntos, la UE y el Reino Unido disfrutan de un vasto acervo de ideas, capital e innovación. Europa no es un lugar atrasado y anticuado: tiene el talento, los recursos y los incentivos necesarios para liderar. Debería empezar a pensar y actuar en consecuencia.


