Lo de hoy, marca un nuevo hito con un golpe directamente proporcional al bolsillo de los estadounidenses. El repunte en los precios del petróleo ha empujado a la gasolina del país a niveles que no se veían desde julio de 2022, cuando los efectos de la pandemia más la guerra entre Ucrania y Rusia provocaron que el hidrocarburo se disparara y, con ello, los combustibles también.
Durante la jornada del jueves, el crudo Brent, considerado el referente internacional, superó brevemente los $126 dólares por barril, un nivel considerado máximo en tiempos de guerra. Aunque posteriormente moderó su avance, la volatilidad refleja la incertidumbre que domina al mercado energético. Antes del inicio del conflicto a finales de febrero, este mismo indicador rondaba los $70 dólares, lo que evidencia la magnitud del incremento.
El detonante principal ha sido la guerra en Medio Oriente, particularmente las tensiones con Irán. La situación ha interrumpido flujos clave de petróleo, especialmente en el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos para el comercio global de energía. A esto se suma el bloqueo de puertos iraníes por parte de Estados Unidos, lo que ha reducido significativamente la oferta disponible.
“El colapso de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, junto con el rechazo del presidente Trump a la propuesta de reabrir el Estrecho de Ormuz, está haciendo que el mercado pierda la esperanza de una rápida reanudación de los flujos de petróleo”, señalaron Warren Patterson y Ewa Manthey, estrategas de materias primas del banco ING.
De acuerdo con la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio promedio de la gasolina en el país alcanzó los $4.30 dólares por galón, el nivel más alto desde julio de 2022. Esto representa un aumento de $1.32 dólares por galón en comparación con el periodo previo al conflicto.
La situación es aún más crítica en California, donde los conductores enfrentan los precios más elevados del país. El promedio estatal se ubicó en $6.01 dólares por galón, mientras que el diésel alcanzó aproximadamente $7.50 dólares. Este incremento tiene implicaciones más amplias, ya que el diésel es esencial para el transporte de mercancías, lo que puede trasladarse a precios más altos en bienes y servicios.
En paralelo, el mercado sigue reaccionando a señales políticas y militares. Reportes recientes indican posibles acciones adicionales por parte del gobierno estadounidense, lo que ha reducido las expectativas de una solución rápida al conflicto. Esto ha reforzado la percepción de un suministro limitado a corto plazo.
“El mercado petrolero ha pasado del exceso de optimismo a la realidad de la disrupción en el suministro que estamos viendo en el Golfo Pérsico”, afirmó Warren Patterson, jefe de estrategia de materias primas en ING, a CNBC. “Cuanto más tiempo persista esta disrupción, menos podrá el mercado depender de los inventarios, y mayor será la necesidad de destruir demanda. La única forma de lograrlo sería mediante precios más altos del petróleo”.
A pesar del aumento en los precios, el consumo en Estados Unidos se mantiene relativamente sólido. El presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, reconoció que los hogares siguen gastando, aunque advirtió sobre los riesgos.
“La gente sigue gastando. ¿Cuánto tiempo puede continuar eso en un mundo donde si los precios de la gasolina suben mucho más, eso está quitando dinero disponible de los bolsillos?“, señaló Powell durante una conferencia de prensa.
Analistas advierten que, si las interrupciones continúan, el precio del petróleo podría escalar aún más, incluso hacia un rango de entre $140 y $150 dólares por barril. Sin embargo, niveles tan altos eventualmente podrían frenar la demanda global, generando un nuevo equilibrio en el mercado.
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