En la historia moderna de la Casa Blanca, es decir a partir de Franklin Delano Roosevelt, las secretarias personales de los presidentes de EE.UU. han alcanzado una cierta notoriedad, pero no siempre para bien. Este discreto trabajo administrativo, desempeñado tradicionalmente por mujeres en un … mundo de ‘señoros’, plantea un relevante dilema: ¿Cómo puede la secretaria del presidente proteger a su jefe sin corromperse ella misma?
La anécdota que quizá mejor ilustra las responsabilidades que anidan en la antesala del Despacho Oval es la broma que le encantaba repetir a John F. Kennedy. Según el presidente, si algún día decidiera decapitar a su esposa Jackie, su efectiva secretaria, Evelyn Lincoln, aparecería en la puerta con una caja de sombrero del tamaño adecuado. Fiel hasta el final, Evelyn fue despedida al día siguiente del asesinato de JFK.
Betty Currie, la secretaria de Bill Clinton, ejemplifica el enorme coste de esta lealtad incondicional. En la saga del caso Lewinsky, la discreta funcionaria fue llamada a declarar ante un gran jurado y tuvo que reconocer que había eliminado pruebas del escarceo presidencial con la becaria y que había «coordinado» con su jefe un relato ante las pesquisas del fiscal especial Kenneth Starr.
Pero el colmo, por supuesto, corresponde a Rose Mary Woods, la secretaria de Richard Nixon encargada de transcribir las grabaciones secretas del paranoico presidente. Ella asumió la responsabilidad de haber borrado de forma irremediable 18,5 minutos claves de la conversación correspondiente al 20 de junio de 1972, justo tres días después de la chapucera incursión en la sede del Partido Demócrata, situada en el complejo Watergate de la capital federal. Por las fechas, siempre se pensó que esos minutos reflejaban la implicación personal de Nixon en el abuso de poder que, eventualmente, acabó con su Presidencia.
Según explicó la propia Rose Mary Woods, todo se debió a una aparatosa contorsión que tuvo que realizar para responder al teléfono mientras seguía transcribiendo, a marchas forzadas, las cintas reclamadas por la Justicia. Una explicación mucho más inverosímil que inocente.


