
Una extensa ola de calor en el océano Pacífico, que se extiende por cerca de 8,000 kilómetros desde Micronesia hasta la costa de California, está encendiendo las alarmas entre científicos y autoridades climáticas.
Este fenómeno, considerado el mayor de su tipo a nivel mundial, ha elevado las temperaturas superficiales del mar entre 3 y 4,5°C por encima del promedio, con posibles consecuencias significativas para el verano en Estados Unidos.
El evento ha sido calificado como “excepcional” por el científico climático Daniel Swain, quien en entrevista para el Washington Post, advirtió que podría expandirse aún más y abarcar toda la costa pacífica de América del Norte en los próximos meses. Este escenario, de concretarse, marcaría un récord histórico en la extensión de anomalías térmicas marinas y podría alterar de manera profunda los patrones meteorológicos en la región.
La formación de esta masa de agua cálida está vinculada al desarrollo de un episodio de “El Niño”, sumado a condiciones previas inusuales, como un invierno y una primavera con temperaturas récord y niveles históricamente bajos de nieve en el oeste estadounidense. Estos factores han creado un entorno propicio para intensificar los efectos del calor oceánico, según datos del Servicio Meteorológico Nacional (NWS).
Un verano más cálido, húmedo e inestable
Las proyecciones indican que el oeste de EE.UU. enfrentará un verano atípico, caracterizado por temperaturas más elevadas y un aumento inusual de la humedad, especialmente en California y el suroeste. Uno de los cambios más notorios será la falta de alivio térmico durante la noche, debido a que el aire más húmedo retiene el calor, provocando noches más cálidas.
El fenómeno también influirá en la corriente en chorro subtropical, fortaleciendo su actividad y generando condiciones atmosféricas más inestables. Esto podría traducirse en variaciones bruscas de temperatura y episodios de lluvias en zonas que normalmente permanecen secas, aunque los expertos advierten que estos efectos serían temporales.
Además, el incremento en la evaporación del agua oceánica, impulsado por las altas temperaturas, contribuirá a elevar la humedad ambiental en regiones costeras. Este cambio no solo afecta el confort térmico de la población, sino que también puede influir en la formación de tormentas.
Mayor riesgo de incendios forestales
Uno de los impactos más preocupantes es el aumento del riesgo de incendios forestales. De acuerdo con el National Interagency Fire Center, varios estados del oeste podrían enfrentar condiciones por encima del promedio en junio y julio. La combinación de vegetación seca y un aumento en la frecuencia de rayos secos crea un escenario propicio para la propagación del fuego.
El calor acumulado en el océano también podría intensificar la actividad monzónica en el suroeste, lo que incrementaría la probabilidad de tormentas eléctricas. Aunque estas precipitaciones pueden aportar algo de humedad, las descargas eléctricas en áreas secas representan un riesgo adicional de incendios.
Asimismo, se anticipa una temporada activa de huracanes en el Pacífico oriental. Existe la posibilidad de que remanentes de tormentas tropicales alcancen California, como ocurrió en 2023 con el huracán Hilary, que llevó lluvias inusuales a zonas áridas.
Impacto en los ecosistemas marinos
Las consecuencias no se limitan al clima. El aumento de la temperatura superficial del mar también representa una amenaza significativa para los ecosistemas marinos. Expertos advierten que este calentamiento puede alterar las rutas migratorias de peces, afectar los bosques de kelp y aumentar la proliferación de algas nocivas.
También se ha identificado un mayor riesgo de enredos de ballenas en artes de pesca, así como un incremento en la mortalidad de aves marinas. En mar abierto, algunas especies pueden desplazarse hacia aguas más frías, pero en zonas costeras esta capacidad de adaptación es limitada, lo que agrava el impacto.
La alteración de las cadenas tróficas y la pérdida de hábitats esenciales podrían tener efectos duraderos en la biodiversidad marina, afectando tanto a especies comerciales como a ecosistemas completos.
Un fenómeno impulsado por patrones climáticos y cambio global
El origen de esta ola de calor marina se encuentra en el Modo Meridional del Pacífico, un patrón climático que, en su fase positiva, favorece el calentamiento de las aguas desde el suroeste hacia el noreste del océano. Este proceso se ve intensificado cuando los vientos alisios se debilitan, reduciendo la evaporación y permitiendo que el calor se acumule en la superficie.
Cuando estas aguas cálidas alcanzan el ecuador, pueden desencadenar la formación de “El Niño”, amplificando sus efectos a escala global. La actual anomalía es, además, la segunda de gran magnitud en apenas dos años, lo que refuerza las preocupaciones sobre la influencia del calentamiento global.
Modelos climáticos sugieren que estos eventos podrían volverse más frecuentes e intensos en el futuro. De cara al verano, el oeste de EE.UU. se prepara para enfrentar un escenario marcado por calor persistente, mayor humedad, riesgo elevado de incendios y cambios significativos en sus ecosistemas, una combinación que subraya la creciente vulnerabilidad de la región ante fenómenos extremos.
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