#Mundo:Teníamos que haber ido a Eurovisión #FVDigital

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Deberíamos haber participado en Eurovisión. Es un festival de música, no una plataforma geopolítica. Justo en eso lo han convertido España y los otros países que abrieron el debate de su participación por la presencia de Israel, por mucho que reivindicaran lo contrario. Y por poco logran que gane la candidatura israelí con el apoyo masivo del televoto. Si es que ya se sabe que no hay nada como montar un boicot para conseguir el efecto contrario.

El caso es que dudo de que el sábado alguien por Viena echase de menos una canción con eñe. La realidad es que nuestra participación en el festival, históricamente, tiende más al bochorno que a otra cosa. Aun así, somos de los países que más eurofans suman, aunque este año muchos hayan tenido que hacer como que lo que pasaba en el escenario les traía totalmente al pairo. Los que mandan decidieron por ellos, y por todos nosotros, que era intolerable compartir candidatura nacional con el representante de Israel. Mejor ahorrarse una actuación más de una supuesta diva para el olvido y así ganar seguro el debate ideológico. ¡Twelve points en tranquilidad moral! O igual ha sido más presión moral. Pensar lo contrario, que sí que había que cantar por mucho que estuviera Israel, te señalaba como persona poco comprometida con los derechos humanos.

Yo creo que nadie en su sano juicio está satisfecho con lo que ocurre en Gaza. En los últimos tiempos hemos asistido a una escalada de violencia profundamente dolorosa que el debate público parece haber convertido en un marcador de integridad ideológica. El resultado es que la mayoría de la gente, ya sea de derechas o de izquierdas, lo vive de una forma mucho más emocional que política. De ahí que el conflicto se haya acabado trasladando a algo tan vacuo como un festival de música. Y que la decisión de ni siquiera emitirlo por televisión, perdiendo la audiencia, el patrocinio y otras cosas que dejan su buena pasta, resulte algo incoherente.

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Lo cierto es que seguimos compartiendo, y echando por la tele, competiciones deportivas en las que participamos junto a Israel como la Euroliga de baloncesto, la Copa Davis o las clasificatorias del Mundial. Por no hablar de la cantidad de cosas con las que convivimos cada día sin ser conscientes de su procedencia: aplicaciones móviles, procesadores de ordenadores, equipos hospitalarios, medicamentos genéricos… En un mundo completamente globalizado resulta bastante imposible aislar a ningún país. Todo intento de conseguirlo, al final, tiende a quedarse simplemente en un símbolo. Y la realidad es que eso suele salir mucho más barato que mantener la coherencia absoluta en las convicciones.



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