
El Papa León XIV ha sorprendido a los fieles con su primera encíclica. Y es que, fuera de los temas convencionales que preocupan a los creyentes, como la paz, la fe y la moral, el pontífice abordó el desarrollo y uso de la inteligencia artificial en el mundo entero. Para León XIV la tecnología no es “un mal en sí misma”, pero “asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Sin embargo, ¿qué es exactamente una encíclica?
Las cartas encíclicas son documentos magisteriales de alto rango; es decir, los textos más importantes escritos por el Papa. Se trata de reflexiones que se convierten en dogma de la Iglesia católica, pues “los católicos de buena voluntad” están obligados a reconocer su autoridad apostólica. Existen cuatro tipos: doctrinales, que desarrollan enseñanzas que el Papa propone; sociales, que abordan los problemas globales en defensa de la dignidad humana; exhortativas, sobre temas espirituales; y disciplinares.
La historia de las encíclicas
La primera encíclica de la historia fue escrita por el Papa Benedicto XIV en 1766, pero en realidad se remonta a los apóstoles, quienes utilizaban cartas para dirigirse a los creyentes. San Pablo escribió varias de ellas y ahora hacen parte del canon del Nuevo Testamento (Epístolas paulinas). Sus sucesores continuaron con dicha práctica de enviarse textos y así fue como se instauró una doctrina coherente de fe y práctica, en especial en lo que respecta a la celebración litúrgica y los sacramentos.
Durante la Edad Media, las encíclicas no se dirigían a los fieles. Los papas enviaban cartas a obispos concretos y estos contestaban de vuelta en un intercambio que excluía a la comunidad. Y no fue hasta la llegada de la imprenta cuando Benedicto XIV revivió la práctica de escribir a todos los hombres pertenecientes a la Iglesia. Desde la primera encíclica se han escrito cerca de 300; Juan Pablo II elaboró cuatro cartas, Benedicto XVI, tres y Francisco otras cuatro.
¿En qué se diferencia de otros textos emitidos por el Papa?
El Papa puede emitir distintos tipos de documentos. Entre ellos están las exhortaciones apostólicas, que suelen tener un carácter más pastoral y buscan animar a los fieles a vivir de determinada manera la fe, a menudo recogiendo conclusiones de sínodos. También están las constituciones apostólicas, que tienen un tono más jurídico y se utilizan para establecer normas o crear o reorganizar estructuras eclesiásticas.
Otros textos importantes son los motu proprio, que son decisiones que el Papa toma por iniciativa propia para introducir cambios específicos en la disciplina o el derecho canónico, y las cartas apostólicas, que son documentos más flexibles y variados, usados tanto para enseñanzas puntuales como para conmemoraciones o nombramientos.
Sin embargo, estos documentos se diferencian de la encíclica porque suelen tener un alcance más concreto o práctico, mientras que la encíclica se reserva para enseñanzas doctrinales de gran relevancia dirigidas a toda la Iglesia y, en muchos casos, al conjunto del mundo.


