
Carlos III dio lectura este miércoles ante el Parlamento de las prioridades legislativas del Gobierno del Reino Unido. Es el “discurso del Rey”, que en realidad escribe el propio Ejecutivo y que el monarca sólo lee. La de este miércoles no fue una ocasión más, porque al rey le tocó hacer el discurso en plena crisis sobre el futuro del jefe del Gobierno.
Presionado tras los malos resultados electorales, Keir Starmer estudia si dimitir o “ser dimitido”. A juzgar por sus declaraciones, el primer ministro no parece tener intención de renunciar. Pero sus detractores tienen otras vías para conseguir que acabe abandonando el 10 de Downing Street.
Una moción de confianza
Es una opción, pero los rivales de Starmer casi la han descartado. Convocar una moción de censura parlamentaria es más sencillo que una elección formal para el liderazgo del partido. Si el líder en funciones pierde, se ve sometido a una enorme presión para dimitir. Pero esa votación no tendría carácter vinculante, de modo que Starmer podría optar por aferrarse al poder.
Es lo que hizo Jeremy Corbyn en 2016, recuerda The Guardian. Los ministros laboristas que intentaron destituirle en protesta por su liderazgo después del referéndum del Brexit, se toparon con un oponente tenaz. Tras la dimisión de la mitad de su gabinete en la sombra, Corbyn los reemplazó y continuó en el cargo.
Dos diputados laboristas presentaron una moción de censura contra Corbyn. Los rebeldes ganaron la votación por 172 votos contra 40, pero él se negó a dimitir. Finalmente, hubo una disputa por el liderazgo. Corbyn pudo presentarse y acabó ganando a la alternativa, que fue Owen Smith.
81 diputados para una elección interna
Las normas del Partido Laborista exigen que cualquier diputado que aspire a reemplazar al líder debe tener el respaldo del 20% del grupo parlamentario para convocar una elección interna. Eso, ahora mismo, se traduce en tener el apoyo de 81 diputados.
Se habla de Wes Streeting, actual ministro de Sanidad, de la ex viceprimera ministra Angela Rayner y del alcalde de Mánchester, Andy Burnham. ¿Puede alguno de los candidatos que se mencionan sumar esos votos?
Según The Telegraph, Streeting cuenta con el respaldo suficiente para presentar una candidatura. Podría considerar que este es el momento oportuno, dado que Rayner probablemente sea su principal oponente. Las encuestas sugieren que Burnham vencería a Streeting, pero el alcalde no puede presentarse como candidato porque no es diputado.
Sus aliados le han dicho a la BBC que esperan que Streeting presente su desafío a Starmer tan pronto como mañana. Según una encuesta de la web Labour List, en una contienda directa, Streeting perdería ante Starmer por un margen significativo.
Y es que el primer ministro ha dejado claro que no renunciará sin luchar, y que participaría en la contienda como líder en funciones. Pero eso fue antes de que más de 40 diputados (ya son un centenar de diputados) pidieran la dimisión de Starmer tras los desastrosos resultados en los comicios locales parciales en Inglaterra y los regionales en Escocia y Gales.
¿Tirar de la persuasión más discreta?
- En lugar de hacer una demostración pública de deslealtad, los diputados laboristas de alto rango podrían optar por la persuasión privada para intentar que Starmer renuncie. Políticos como el exlíder conservador Iain Duncan Smith y el liberaldemócrata Charles Kennedy han sido destituidos discretamente de esta manera. Esto le permitiría a Starmer mantener su dignidad y dimitir en sus propios términos. Pero no parece la vía: el primer ministro ha declarado que pretende permanecer en el cargo pase lo que pase.
Dimisión pactada
Los menos radicales del laborismo le han pedido a Starmer que establezca un calendario para su renuncia y de ese modo permitir que se encuentre a su sucesor. Esta opción pospondría su partida durante unos meses. Se dice que Ed Miliband, exlíder laborista, ya se lo ha sugerido al todavía jefe del Gobierno.
Ese tiempo le serviría al partido para organizar bien la elección del mejor sucesor. Es ahí donde vuelve a surgir el nombre del alcalde de Mánchester, Andy Burnham, que no es diputado y necesita tiempo para serlo.
Dentro del Ejecutivo, las ministras de Exteriores e Interior, Yvette Cooper y Shabana Mahmood, respectivamente, han instado a Starmer a que establezca una transición de poder ordenada, según el diario The Guardian.
Una revuelta ministerial y regional
Hay otras formas de presionar públicamente a un primer ministro y llevarle a dimitir. La más obvia, cuenta The Guardian, es que los ministros renuncien en masa. Es lo que le pasó a Boris Johnson en 2022, cuando la dimisión de 30 ministros le hizo prácticamente imposible gobernar.
De momento, tres ministras ha renunciado. Miatta Fahnbulleh, secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local; Alex Davies-Jones, ministra de Víctimas y contra la Violencia sobre las mujeres; y Jess Phillips, ministra de Protección Infantil. Esta última le ha escrito al primer ministro una carta de dimisión. “Eres un buen hombre, pero he visto que eso no es suficiente”, le dice.
A principios de este año, Anas Sarwar, líder del Partido Laborista Escocés, pidió la sustitución del primer ministro. Los aliados de Starmer pensaron que los ministros del gabinete podrían seguir su ejemplo, pero no fue así y todos lanzaron mensajes públicos de apoyo.
Si todos los líderes laboristas regionales decidieran pedir la dimisión del primer ministro, el impacto sería menos directo, pero también dificultaría su permanencia en el cargo. Hasta el momento, el de Escocia es el único que lo ha hecho.


