
“Estamos haciendo avances como nunca se han hecho, pero no depende solo de nosotros”. Así respondía el presidente argentino, Javier Milei, al ser preguntado por la existencia de negociaciones con otros países para recuperar las islas Malvinas. Esta cuestión recurrente es quizás uno de los pocos elementos que no generan polarización política ni social en Argentina. No es complicado ver pasar un autobús serigrafiado con el contorno de la islas; entrar a una panadería con un cartel en la puerta en el que se puede leer: “Devuelvan las Malvinas”; o incluso sentarse ante el televisor un martes cualquiera y ver un reportaje de un veterano de guerra. La disputa por la soberanía de estas islas situadas en la costa atlántica desembocó en un conflicto armado entre el Ejército argentino y el británico en la década de los 80 que sigue atravesando a la sociedad del país latinamericano. Y es por eso que cualquier noticia que sale sobre ellas ocupa las portadas de los medios y las discusiones en los bares.
La última de ella ha venido desde Estados Unidos. El pasado 24 de abril la agencia de noticias Reuters publicó un correo electrónico que había sido filtrado del sistema interno del Pentágono donde se detalla que el Gobierno de Estados Unidos podría estar dispuesto a utilizar elementos de presión para golpear diplomáticamente a miembros de la OTAN que no han querido apoyarles en su guerra contra Irán. Uno de esos países es Reino Unido, cuyo primer ministro, Keir Starmer, ha sido crítico con este conflicto y ha rechazado dar apoyo logístico. Por ello, Washington planteaba reconsiderar el apoyo diplomático sobre las “posesiones imperiales” europeas como la soberanía de este país en las islas Malvinas.
Rápidamente la diplomacia británica salió a denunciarlo y el portavoz de la oficina del primer ministro aseguró que “el tema de las islas Malvinas y su soberanía británica, con el derecho de los isleños a la autodeterminación, no están en cuestión”. Así, recordó que en 2013 los habitantes de Malvinas “ya se habían expresado de forma clara y consistente” mediante un referéndum en el que el 98% de los votantes se pronunció a favor de permanecer como territorio de Reino Unido. Una consulta que Argentina no reconoce, por lo que el ministro de Exteriores argentino, Pablo Quirno, respondió rápidamente al portavoz británico que “Argentina reafirma sus derechos soberanos sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”. Además, le invitó a “reanudar las negociaciones bilaterales para encontrar una solución pacífica y definitiva”.
A este cruce de diplomáticos se unió el presidente argentino, uno de los principales aliados de Trump en América Latina y cuyo apoyo fue fundamental para que Milei cosechara la importante victoria electoral que obtuvo en las elecciones legislativas de octubre del año pasado. En una entrevista en Neura aseguró que “la soberanía no se negocia” y que se está “haciendo todo lo humanamente posible para que las islas Malvinas vuelvan a manos de Argentina”. “Hay que hacerlo de manera criteriosa, hay que hacerlo con cerebro”, defendió Javier Milei, que reconoció que “no hay foro en el que no se haga el reclamo” . “Las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas”, añadió en sus redes sociales.
La visita de Carlos III a Trump rebaja las tensiones
Con las relaciones entre Estados Unidos y Reino Unido atravesando uno de sus peores momentos en décadas, el rey Carlos III aterrizó el pasado lunes en Washington en su primera visita oficial como monarca britanico a territorio estadounidense. Esta visita, que ya estaba programada con antelación, ha ayudado a rebajar las tensiones y en los múltiples actos en los que se ha visto al rey junto con el presidente Trump se ha apreciado buena sintonía, aunque sin olvidarse de las críticas al país amigo. “Creo que, si la decisión hubiera dependido de él (el rey), si hubiera estado en sus manos, probablemente nos habría ayudado con Irán”, afirmó ante la prensa el mandatario de EEUU.
Trump reconoció que durante las charlas que ha tenido con el rey se habló de la falta de apoyo de Reino Unido en su guerra contra Irán y de las diferencias entre ambos países de cara a la guerra en Ucrania. No obstante, no mencionó en ningún momento la polémica suscitada por el correo filtrado y sí quiso recordar que desde su independencia, “los estadounidenses no han tenido amigos más cercanos que los británicos”, algo que Carlos III también remarcó durante su discurso ante el Congreso de EEUU: “El propio presidente Trump observó durante su visita de Estado a Gran Bretaña el pasado otoño que el vínculo de parentesco e identidad entre Estados Unidos y el Reino Unido es invaluable y eterno. Es irreemplazable e irrompible”. Además, el monarca citó al propio Starmer: “Como dijo mi primer ministro el mes pasado: ‘la nuestra es una alianza indispensable’”.
Estas declaraciones fueron recibidas en Argentina como un mazazo a las perspectivas de un cambio histórico en el apoyo de Estados Unidos a Reino Unido de cara a las Malvinas. Un hecho que terminó de materializarse este jueves cuando el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, reconoció al medio británico The Telegraph que la crisis diplomática desencadenada por la filtración de un memorando se había exagerado. El político estadounidense afirmó que se trataba “solo de un correo electrónico con algunas ideas” y que “la gente se está alarmando demasiado”. Un mensaje doble enfocado a Reino Unido con el que se rebaja las tensiones y, a su vez, se reconoce que el correo es cierto y que, por tanto, la posibilidad de retirar el apoyo sobre Malvinas se ha llegado a plantear en altas esferas.
Una petición histórica y una guerra muy presente
Este episodio es uno más de una historia, la de las islas Malvinas, que no parece que vaya a tener un final pronto. Por lo menos para la parte argentina que las reclama. El conflicto por la soberanía de estas islas del suroeste atlántico se remonta a sus primeros avistamientos recogidos en documentos oficiales, que muchos historiadores enmarcan en la expedición de Magallanes en el siglo XVI que dio la vuelta al mundo. Durante mucho tiempo estas tierras estuvieron sin población y desde aquel primer momento fueron ocupadas en diferentes periodos por franceses, ingleses y españoles. Son precisamente los españoles los que establecieron una gobernación fija que le otorgó una propiedad que pasaría a manos de Argentina por el régimen de continuidad territorial, un proceso por el que todas las tierras españolas en el continente pasaron a manos de las nuevas naciones surgidas de las guerras de independencia.
La nueva República Argentina estableció una comandancia en las islas para evitar la piratería y la caza de ballenas y focas. No obstante, la importancia estratégica de ese pequeño territorio no era indiferente a otras potencias europeas. Las islas Malvinas eran un lugar fundamental porque se sitúan de camino al estrecho de Magallanes, el lugar por el que pasaban los barcos para cruzar al océano Índico antes de que se creara el canal de Panamá. Es ya entrado el siglo XVII cuando la captura de Argentina de dos barcos norteamericanos que pescaban en la zona desemboca una crisis diplomática con Estados Unidos, que decide atacar las islas. EEUU propone a Gran Bretaña que tome las islas y ellos estaban dispuestos a reconocer su soberanía a cambio de derechos de pesca. Un hecho que termina produciendo y que desemboca en la toma por parte de las fuerzas inglesas de las Malvinas en 1833.
Desde entonces han sido muchos los intentos de Argentina de recuperarlas, aunque quizás el hecho más importante se produjo en 1965, en medio de los procesos de descolonización de África. En ese momento la ONU aprobó la resolución 2065 que obligaba a Reino Unido y Argentina a negociar la soberanía de las islas. Ya durante la dictadura argentina, a finales de los 70 y principio de los 80, la Junta Militar que la gobernaba decidió utilizar este conflicto para acallar la presión popular y las críticas internas que estaban recibiendo en medio de una importante crisis económica. Tras una manifestación multitudinaria el 30 de abril de 1982, el teniente general Galtieri decidió acelerar los planes y tres días después lanzó la ofensiva sobre las islas. Aunque en un primer momento surte el efecto deseado y la población se vuelca en apoyar la guerra, la rápida y fuerte reacción de la primera ministra británica, Margaret Tacher, cambió todo. La guerra duró 74 días y dejó cerca de 650 militares argentinos muertos. Además de provocar la caída de la dictadura poco después.
La guerra duró 74 días y dejó 650 militares argentinos muertos. Además de provocar la caída de la dictadura poco después.
Desde entonces todos y cada uno de los presidentes democráticos que han pasado por Argentina han pedido recuperar las islas y negociar con Reino Unido. Hasta ahora esas peticiones, que Milei asegura que pone constantemente encima de la mesa en foros internacionales, caen en saco roto. El peso que supone el apoyo de Estados Unidos a Reino Unido en esta cuestión complica cualquier intento de solucionar por la vía diplomática este conflicto. Es por ello que filtraciones como la producida la semana pasada son recibidas en territorio argentino con tanto fervor, ya que son conscientes de que combaten contra un país mejor posicionado en el tablero internacional. Mientras tanto, los carteles de ‘Malvinas argentinas’ seguirán adornando las calles de un país que ha hecho de la lucha por las que consideran sus islas un emblema innegociable.


