#Mundo:Emiratos Árabes Unidos: por qué el verso cada vez más suelto del Golfo Pérsico se ha convertido en el centro de los ataques iraníes #FVDigital

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La guerra de Irán —a pesar de la voluntad de las partes de poner fin definitivo a la contienda, la República Islámica y la Administración Trump siguen sin ponerse de acuerdo en los términos del acuerdo—  acelerará la reconfiguración del orden geopolítico regional en curso, un proceso iniciado a finales de 2023 tras la ofensiva israelí contra los proxy de Teherán y marcado, entre otros aspectos, por la evolución de la estrategia de los países del Consejo de Cooperación del Golfo.

Uno de los Estados en el centro del realineamiento regional es Emiratos Árabes Unidos (EAU). Con una estrategia que combina audacia diplomática, diversificación económica y una apuesta arriesgada por la autonomía energética, Abu Dabi se desmarca cada vez más de sus vecinos para consolidarse como un de los hubs del nuevo Oriente Medio con una serie de decisiones no exentas de riesgos y retos.

Como le ha ocurrido al conjunto de países del Golfo, la guerra iniciada por la alianza estadounidense e israelí contra Irán cuyo régimen convirtió desde el principio de la contienda a sus vecinos árabes en enemigos por albergar tropas norteamericanas en su suelo y apoyarse en ellas para sus ataques ha evidenciado a las autoridades emiratíes las fallas de un modelo político, económico y de seguridad que les obligará a revisar estrategias y alianzas.

No casualmente, por sus estrechos lazos tanto con EEUU como su cada vez más sólida asociación con Israel, EAU ha sido el país más castigado por los ataques de las fuerzas iraníes, al tener que afrontar el lanzamiento de centenares de drones y misiles contra infraestructura militar, energética y civil propia, entre ella la zona industrial petrolera de Fujairah (que alberga alberga la única vía que permite a la petromonarquía exportar crudo evitando el bloqueado estrecho de Ormuz).

Sin duda, la decisión más destacada y simbólica adoptada por las autoridades emiratíes ha sido la retirada oficial de la OPEP y la alianza OPEP+ a partir de este mes, en pleno conflicto bélico. Este movimiento, calificado por analistas como un “giro geopolítico”, subraya que Abu Dabi prioriza su soberanía energética y la expansión de su producción por encima de los acuerdos de bloque liderados tradicionalmente por Arabia Saudí. EAU hace tiempo que no es un mero país exportador, sino un centro global de negocios que ha dejado de depender del crudo, con un 70% de su PIB proveniente de sectores no petroleros, como la logística, la inteligencia artificial y el turismo.

Si la última guerra en el vecino iraní ha acelerado alguna importante decisión, como la citada salida de la OPEP, lo cierto es que la evolución estratégica de las autoridades emiratíes venía cociéndose a fuego lento. Desde Abu Dabi hace décadas que la República Islámica se percibe como un rival peligroso y EEUU e Israel como socios cada vez más fiables. Para el especialista en las monarquías del Golfo de la Universidad de Durham (Reino Unido) Matthew Hedges, “EAU no ha cambiado su estrategia a largo plazo” [como consecuencia de la guerra], sin embargo, [la situación actual] ha servido para acelerar su búsqueda de objetivos”.

EAU no ha cambiado su estrategia a largo plazo” [como consecuencia de la guerra], sin embargo, [la situación actual] ha servido para acelerar su búsqueda de objetivos

Irán siempre ha sido la principal amenaza para EAU, pero los acontecimientos han tensado aún más esta perspectiva. Abu Dabi se ha visto obligado a revaluar sus lazos internacionales. La ira y la frustración con sus aliados tradicionales han impulsado conversaciones para fortalecer nuevos vínculos. China y Rusia no han logrado proporcionar garantías, y su continuo apoyo a las hostilidades iraníes ilustra aún más su falta de fiabilidad”, asegura a 20minutos el doctor en Estudios de Seguridad y Autoritarismo por la citada Universidad británica de Durham.

A su vez, EAU están profundizando su relación con Israel y Estados Unidos. Abu Dabi cree que la hostilidad iraní, la falta de apoyo y las condiciones económicas crecientes fortalecerán su posición de negociación para mejorar los lazos de seguridad”, abunda el académico británico, a quien las autoridades emiratíes condenaron a cadena perpetua a finales de 2018 por supuesto espionaje para su país mientras trabajaba en su tesis doctoral en el país del Golfo antes de ser indultado.

EAU está asociando una gran parte de su política en el futuro en el apoyo de Tel Aviv y Washington, aunque ello le suponga perder la confianza de países de alrededor

Coincide en el análisis con Hedges el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid  David Hernández Martínez. El especialista en las dinámicas regionales y cambios políticos en Oriente Medio, con especial interés en el Golfo sostiene que “la guerra contra Irán ha reforzado la alianza de EAU con EEUU y también con Israel. EAU está asociando una gran parte de su política en el futuro en el apoyo de Tel Aviv y Washington, aunque ello le suponga perder la confianza de países de alrededor”.

La alianza entre Abu Dabi y Tel Aviv Israel se selló formalmente en septiembre de 2020 mediante los Acuerdos de Abraham, un pacto mediado por Estados Unidos en las postrimerías del primer mandato de Trump que normalizó las relaciones diplomáticas entre ambos y al que se han adherido también Bahréin y Marruecos. Los principales hitos de la nueva sociedad israelo-emiratí son el acuerdo de libre comercio de mayo 2022 —que permitió que ambas capitales eliminaran aranceles en el 96% de bienes—, la cooperación en seguridad y defensa —Israel ha suministrado sistemas de armas avanzados a los EAU para contrarrestar amenazas de misiles y drones— y la consolidación estratégica vinculada al escenario actual, en la que Abu Dabi y Tel Aviv constatan una “asociación operativa sobre el terreno”.

La guerra de Irán: una crisis sistémica para el Golfo

Coinciden los especialistas consultados por 20minutos en señalar que la reciente guerra en Irán ha marcado un hito en la historia contemporánea de las prósperas y hasta ahora confiadas monarquías suníes del golfo Pérsico. Para Leticia Rodríguez, politóloga e investigadora en la Georgetown University Qatar y el Center for International Policy Research de Doha, “la guerra con Irán ha supuesto un shock sistémico para el Golfo, no una crisis pasajera: “Ha alterado tres pilares fundamentales sobre los que estos países habían construido su modelo de desarrollo”.

Según el análisis de la especialista en política exterior qatarí y doctoranda por la Universidad de Granada, el primero de los pilares afectados es el económico. “El modelo de prosperidad del Golfo, construido sobre infraestructuras ultraconectadas y una logística global impecable, ha quedado expuesto en su fragilidad”. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde suele transitar en tiempos normales un 20% del crudo y el gas mundiales, ha sido, según la Agencia Internacional de la Energía, la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo y la producción conjunta de los países de la región se redujo en más de 10 millones de barriles diarios en pocas semanas. Pero el impacto va más allá del petróleo: el 70% de las importaciones de alimentos de la región quedaron bloqueadas, los precios se dispararon entre un 40% y un 120% y la dependencia de la desalinización —origen de casi toda el agua potable de Qatar, Kuwait o Bahréin— se ha convertido de repente en una vulnerabilidad existencial.

El segundo pilar que se tambalea, prosigue Rodríguez, es “la percepción de seguridad y, sobre todo, la relación con Washington”. “Durante años, Dubái, Abu Dabi y Riad se vendían como islas de estabilidad en una región turbulenta, capaces de atraer inversión global, turismo de lujo y grandes eventos. Esa narrativa ha sufrido un daño de reputación que tardará años en repararse”, asegura Rodríguez. “Pero el daño más profundo no es físico ni económico: es político. Los Estados del Golfo han descubierto, de la manera más dolorosa, la letra pequeña de su alianza con Washington. Habían construido su seguridad sobre ocho bases militares estadounidenses repartidas por la región, contratos de defensa multimillonarios y una promesa implícita de protección. La guerra ha revelado que esa promesa tiene una condición no escrita: cuando Israel está de por medio, el Golfo pasa a ser una segunda prioridad. Y en una guerra, ser segunda prioridad es otra forma de decir que estás solo”, concluye la investigadora española residente en Doha.

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El tercer cambio en curso es, a juicio de la especialista en política del Golfo, el de “las alianzas y la doctrina estratégica”. “Cada Estado del Golfo está recalibrando su posición de forma individual. Los EAU han optado por la autonomía y la alineación con Washington y Tel Aviv. Arabia Saudí prefiere la cautela y el reposicionamiento gradual, permitiendo operaciones militares estadounidenses desde su territorio pero sin comprometerse abiertamente. Qatar [Doha restableció formalmente relaciones con Abu Dabi solo en 2023 tras la crisis de 2017] mantiene o al menos intenta mantener el equilibrio diplomático y político entre Irán y EEUU con sus dificultades y críticas. No hay una respuesta del Golfo: hay seis respuestas distintas, lo que dice mucho sobre el estado real del Consejo de Cooperación”, estima Rodríguez a 20minutos.

El aldabonazo de la salida de la OPEP

Sin duda, por inesperado en un momento en que el Consejo de Cooperación del Golfo reclamaba mayor unidad de acción y anticipaba una respuesta colegiada a los iraníes, la decisión de abandonar la OPEP de manera inminente ha sido un auténtico aldabonazo. A juicio del investigador británico Matthew Hedges, la salida de la OPEP “está impulsada por un liderazgo confiado que cree en su propio excepcionalismo”.

EAU posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo, pero no han podido desarrollar plenamente su potencial debido a un consenso sobre el que han tenido un éxito de influencia limitado. En la víspera de su salida de la OPEP, tenían un potencial de exportación no cumplido de más de un millón de barriles diarios para mantener su adhesión a los cupos. Esto no solo limitó la generación de ingresos, sino que sirvió como un recordatorio constante de que EAU se estaba viendo limitado por gobernantes políticos con motivos ocultos”, abunda el doctor por la Universidad de Durham.

La salida de EAU de la OPEP y su declaración de aumentar la producción de petróleo son una señal de que el país había fingido adherirse al apoyo de la transición global hacia una economía verde y de que intentaba ‘blanquear ecológicamente’ su papel en el suministro energético mundial a fin de acumular capital político. La alianza de EAU con el presidente Trump, quien durante mucho tiempo ha criticado a la OPEP por su decisión de mantener altos los precios de la energía, es una ilustración adicional de cómo [Abu Dabi] considera su salida como una decisión política deliberada y calculada para ganarse el apoyo de aliados clave”, reflexiona el autor del ensayo dedicado a la petromonarquía Reinventing the Sheikhdom. Clan, Power and Patronage in Mohammed bin Zayed’s UAE.

A juicio de la investigadora española Leticia Rodríguez, “la salida de EAU de la OPEP no es una decisión improvisada ni meramente comercial, sino el resultado de una acumulación de tensiones que la guerra con Irán ha terminado por detonar”. “Desde el punto de vista energético, la explicación es clara: los EAU han invertido miles de millones de dólares para ampliar su capacidad de producción hasta los 5 millones de barriles diarios para 2027, pero dentro de la OPEP solo podían producir 3,2 millones. Era una contradicción insostenible. Mientras Irak y Rusia incumplían sistemáticamente sus cuotas sin consecuencias, Abu Dabi veía bloqueada su estrategia de maximizar ingresos antes de que llegue el pico de la demanda de petróleo. La OPEP se había convertido en una camisa de fuerza que empezaba a limitar los ingresos”, concluye desde Doha la politóloga.

La OPEP se había convertido en una camisa de fuerza que empezaba a limitar ingresos

Además, para la investigadora española, la retirada de la organización de países exportadores de crudo tiene también una variable geopolítica: “EAU fue el país más atacado por Irán durante la guerra y la respuesta del resto del Golfo fue, en palabras del propio asesor presidencial emiratí Anwar Gargash, “la más débil históricamente”. “Recordemos que EAU instó a EEUU y a Israel a terminar lo que empezaron. Por lo que, seguir sentado en la mesa de la OPEP con Irán y con Arabia Saudí se había vuelto política y moralmente insostenible. La salida es, a la vez, una declaración de autonomía estratégica y un acercamiento explícito a Washington”, sintetiza.

Por su parte, para el autor de los ensayos El nuevo orden regional en Oriente Medio y El reino de Arabia Saudí y la hegemonía de Oriente Medio David Hernández Martínez, “EAU sale de la OPEP porque quiere marcar su política energética y exterior sin la influencia de Arabia Saudí”. “EAU quiere superar la crisis derivada de la guerra multiplicando su producción de petróleo y ahora al estar dentro de la OPEP ello no le resulta posible”, sintetiza el docente de la Universidad Complutense de Madrid a 20minutos.

Enfrentamiento con Arabia Saudí en un Golfo en mutación

Abunda Hedges en la importancia del factor político en la decisión de las autoridades emiratíes de abandonar la OPEP, pues Abu Dabi “se siente traicionado por socios regionales e internacionales tras los ataques de Irán”, y recuerda que “en los últimos seis meses, las tensiones con su vecino más grande, Arabia Saudí, han aumentado”. Lo cierto es que, aunque Riad y Abu Dabi fueron aliados clave desde 2015 contra los hutíes -insurgentes chiíes apoyados por Teherán- en el último año la divergencia de objetivos quedaba más patente que nunca.

No en vano, en diciembre de 2025, Arabia Saudí bombardeó posiciones en el puerto de Mukalla, en Yemen, alegando que un envío de armas emiratí estaba destinado a separatistas del sur. Riad apoya la unidad del gobierno yemení reconocido internacionalmente, mientras que Abu Dabi respalda al Consejo de Transición del Sur, que pretende la independencia del área meridional. Pero tras el ultimátum de la Casa de Saúd en enero de este año, EAU anunció la retirada de sus fuerzas de Yemen.

Un componente crítico de la proyección de poder de Arabia Saudí es su papel central en los mercados energéticos globales, y, por tanto, la salida de los EAU de la OPEP perjudica directamente sus intereses. Ello permitirá a EAU acelerar su producción y disputar la cuota de mercado y la influencia de Arabia Saudí con sus socios, generando mayores beneficios e influencia política en detrimento de Riad. A medio plazo, el aumento de las exportaciones de petróleo emiratí impulsará su creciente influencia en el sur global, con un enfoque particular en India, África Oriental y Asia Oriental”, remata Hedges.

En palabras de la nvestigadora del Center for International Policy Research de Doha, las repercusiones de las últimas decisiones de las autoridades emiratíes son “principalmente políticas, no económicas, y van mucho más allá del mercado del petróleo”. “Lo más revelador es el momento elegido: EAU anunciaron su salida de la OPEP el mismo día en que el príncipe heredero saudí presidía una cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo destinada precisamente a reforzar la unidad del Golfo. Fue un golpe deliberado sobre la mesa. La fractura entre Abu Dabi y Riad, que venía gestándose desde Yemen, Sudán y las diferentes posiciones ante Israel, se hizo pública de forma ostensible”, reflexiona Rodríguez.

“Tendremos que ver si EAU reduce su implicación en el Consejo de Cooperación del Golfo, como ya han señalado, y si otras capitales comenzarán a calcular sus propias alternativas, ya que la cohesión del bloque podría deteriorarse (aún más) de forma acelerada”, afirma la especialista en los países de la región. A juicio de Hedges, la flamante alianza con Israel y EEUU “servirá para envalentonar a Abu Dabi y fortalecer su autoridad e influencia percibidas. Es esperable que EAU aumenten sus compromisos internacionales y su papel en las cuestiones internacionales”. “En definitiva, la guerra no ha creado mas fracturas del Golfo, pero ha acelerado y profundizado de forma irreversible las existentes. La región que salga de este conflicto puede ser estructuralmente diferente a la que entró en él”, concluye, por su parte, Rodríguez.



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