
En su día se consideró el ‘crimen del siglo’ y aún hoy, 94 años después, sigue despertando fascinación. Pero ahora, las nuevas tecnologías podrían cambiar todo lo que se pensaba hasta ahora. Se trata del secuestro y asesinato del hijo de Charles Lindbergh.
El aviador transatlántico Charles Lindbergh, una de las personas más famosas de Estados Unidos en su época, y su esposa Anne Morrow Lindbergh, sufrieron el secuestro y asesinato de su hijo de 20 meses el 1 de marzo de 1932.
El crimen recayó sobre Bruno Hauptmann, un inmigrante alemán de 36 años, pero su condena se basó en pruebas circunstanciales. Hauptmann, que fue sentenciado a la silla eléctrica, mantuvo su inocencia en el secuestro y la muerte del pequeño Charles A. Lindbergh Jr.
Pese a ello, nunca se ha descartado por completo la participación de cómplices, e incluso el fiscal del caso parecía tener dudas de que Hauptmann actuara en solitario.
El caso tuvo un profundo impacto en la historia jurídica y cultural estadounidense, y sirvió para ampliar la autoridad del FBI —entonces aún conocido como BOI, u Oficina de Investigación— para investigar secuestros que implicaban viajes interestatales y expandiendo su papel en la aplicación de la ley, al tiempo que convirtió el secuestro en un delito federal y llevó a la prohibición de la fotografía y las cámaras en los tribunales federales y en la mayoría de los tribunales estatales.
Ahora, un grupo de investigadores del caso Lindbergh están librando una batalla legal que, mediante el uso de técnicas modernas de análisis genético, podría resolver de manera concluyente la cuestión de si el tribunal actuó correctamente al decidir que Hauptmann, y solo él, fue el responsable del secuestro y la muerte del niño.
Los investigadores han apelado la decisión de un juez de desestimar su demanda contra la Policía Estatal de Nueva Jersey, que custodia el archivo de pruebas del caso.
Dicen que las 15 notas de rescate que recibió la familia deberían contener ADN de los secuestradores, en el probable caso de que hubieran utilizado su propia saliva para pegar los sellos y cerrar los sobres.
Si tienen éxito, según explicó esta semana el abogado de los investigadores al Daily Mail, las pruebas de ADN no solo podrían exonerar a Hauptmann, sino también demostrar una teoría más oscura: que fue el propio Lindbergh el responsable del secuestro y la muerte de su hijo.
Esa posibilidad se explora en un nuevo podcast, The Lindbergh Conspiracies. Los presentadores Joe Nocera y Poppy Damon han pasado meses analizando pruebas que cuestionan seriamente el veredicto oficial, señalando implícitamente al propio Lindbergh como implicado.
Su comportamiento en aquel momento no solo fue profundamente extraño, sino que, en una increíble muestra de su estatus de superestrella, un jefe de la policía estatal que lo admiraba profundamente le permitió dirigir personalmente la investigación.
Una de las primeras medidas de Lindbergh fue impedir que los investigadores interrogaran a sus sirvientes, alegando que estaban “por encima de toda sospecha”. Y, sin embargo, ahora se acepta ampliamente que el secuestro debió haber sido un trabajo interno.
Hay varios indicios que apuntan a ello: el perro de la familia no ladró, la escalera que se usó para sacar al bebé de la casa se posó únicamente en la ventana correcta y Lindbergh fue quien halló la supuesta nota de rescate.
Estos teóricos creen que Lindbergh mató al niño por accidente y luego quiso convertirlo todo en un falso secuestro, o que acabó con la vida de su hijo porque sufría problemas de salud congénitos que se ocultaron a la opinión pública.
Sea como fuere, el análisis de ADN de las cartas de rescate pueden dar respuesta a un caso de casi un siglo de antigüedad que sigue dando que hablar.


