
“La situación es extremadamente alarmante. El virus del ébola se está propagando en comunidades que se enfrentan desde hace años a conflictos armados, desplazamientos y acceso muy limitado a servicios de salud. Hay gente que enferma y en algunos casos muere antes de poder llegar a un centro sanitario o ser testado”. Así describe Robert Petron Messe, responsable humanitario de Oxfam en la República Democrática del Congo (RDC), la situación en el noreste del país, epicentro de la epidemia de ébola declarada el pasado domingo emergencia internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Desde Kinsasa, la capital de la RDC, Petron explica por videollamada a 20minutos que “con recursos limitados y una frágil infraestructura, dar una respuesta rápida es más complicado. Hay serias preocupaciones de que la verdadera magnitud de las intervenciones sea mayor que las cifras actualmente conocidas. El brote es serio y requiere una atención urgente que pueda prevenir una crisis mucho más grave“.
Desde Oxfam, este experto camerunés que ya ha gestionado crisis sanitarias previas y lleva un mes en terreno congoleño, explica que no disponen de cifras oficiales de personas muertas en sus casas y que esto ocurre por “una combinación de factores”. Entre ellos, la creencia local de que el ébola es “una enfermedad misteriosa” y la “falta de recursos sanitarios adecuados por los recortes” en las ayudas y los conflictos armados en la zona, que “complican a los centros existentes la detección de casos antes de que empeoren”. En estos momentos, desde Oxfam reportan que los hospitales están afrontando “mucha demanda, sobre todo en Ituri [la provincia al noreste del extenso país y epicentro de este brote], donde ya se enfrentan a situaciones complicadas por la cantidad de casos y la necesidad material para romper la cadena de transmisión”.
Para Petro, “contener el ébola depende no solo de los centros de tratamiento sino también de que las comunidades tengan información precisa, confianza y acceso a servicios básicos de salud e higiene, incluyendo agua limpia y jabón. Hay una combinación de desafíos para poder romper la cadena de transmisión, incluyendo la concienciación, el apoyo de la comunidad y el intercambio de información acerca del virus, qué es, cómo se transmite y cómo se puede prevenir”, apunta el trabajador humanitario.
Desde Bunia, capital de Ituri, el misionero Manuel Fernández asegura, en cambio, que la vida continúa con relativa normalidad. “La situación en la calle es muy similar a la de hace dos meses, aunque se ve inquietud, un poco menos de movimiento y la gente es más prudente que antes a la hora de saludarse, guarda la distancia, pero siguen celebrándose reuniones y la vida continúa”, relata a 20minutos.
Para este sevillano de 72 años que lleva 32 en la RDC formando comunidades cristianas como miembro de los misioneros de África (más conocidos como Padres Blancos), en Bunia la situación actual es “tranquila” y “las autoridades han actuado con rapidez”. Las medidas de protección implementadas en los espacios públicos son “las mismas que las de la época del covid: lavado de manos, distancia social, evitar contacto físico, enterrar con especialistas… las medidas normales para momentos de crisis”, expone.
El virus probablemente comenzó a circular en la provincia congoleña de Ituri hace dos meses, según la OMS, y ya se ha extendido a Kivu del Norte y Kivu del Sur, territorios inmersos en un conflicto del Ejército congoleño y grupos armados. Hasta este viernes, el Ministerio de Salud congoleño cifra en 671 los casos sospechosos y en 160 las muertes atribuibles. Los casos confirmados por laboratorio eran 64. Estos datos se refieren a la provincia de Ituri, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur, y a la vecina provincia de Kivu del Norte, pero no toman en cuenta la provincia oriental de Kivu del Sur, controlada por el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23). La OMS prevé que aumenten con el paso de los días “dado el tiempo que el virus estuvo circulando antes de que se detectara el brote”, en palabras del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Fernández llama la atención sobre el hecho de que “los medios de comunicación occidentales” pongan el foco en este brote que ha causado al menos un centenar de muertos y no en las “calamidades” que sufre aquí la población desde hace años a causa de la guerra, por la que han muerto miles de personas en los últimos años. “Aquí la gente vive intranquila por la guerra. Aquí en Bunia hay dos o tres campos de desplazados porque los rebeldes destrozaron sus pueblos por las minas de oro y de eso habláis poco. ¿Y las miles de personas masacradas durante años, nadie habla de ellos?”, reflexiona.
Este sacerdote granadino, que solo vuelve a España “de vacaciones”, asegura que en el centro juvenil donde trabaja (con dos bibliotecas y un cibercafé) se han habilitado “dos cubos con agua” para poder lavarse las manos antes de entrar, pero “se siguen celebrando reuniones”, aunque “con cierta distancia entre uno y otros”. En la calle, “las mascarillas no las veo mucho ni yo mismo me la estoy poniendo. Si esto va a peor, que esperemos que no, habrá que empezar a usarlas”. Cabe recordar que el virus del Ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados y causa fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas.
Entierros “seguros y dignos”
La gestión de los cadáveres, que pueden ser parte de la cadena de contagios, es otro reto. Según explica el responsable de África en Cruz Roja Española, Pablo Estévez, para evitar que los familiares de fallecidos abran las bolsas de cadáveres para comprobar la identidad de sus seres queridos, el protocolo de “entierros seguros y dignos” establece el empleo de bolsas con el frontal transparente, además de palas, guantes, mascarilla y cloro para la desinfección.
Para Estévez, la situación sobre el terreno es “muy complicada” y considera que “el número de contagios lleva a pensar que el virus lleva circulando desde hace incluso semanas”. En un contexto como el de la RDC, con estructuras de salud débiles y conflictos armados —según prosigue—, que conllevan “muchos desplazamientos tanto para huir del conflicto como por ser zona minera con personas que trabajan al otro lado de la frontera, lo más importante es recuperar las semanas en las que el virus ha estado sin control y cortar la cadena de contagios”.
Lo que más choca es que se ha tardado varias semanas en comunicar el brote desde que se dio el primer caso”, lamenta el misionero español sobre el terreno, Domingo de la Hera
Otros retos ahora son, además de hacer llegar equipos de protección individual al personal sanitario y humanitarios para evitar más contagios, lo cual conlleva “un reto logístico por las restricciones en los pasos fronterizos con Uganda y Ruanda y las conexiones con la capital, Kinsasa, que dificultan el acceso a suministros”. Los controles establecidos “ralentizan” el abastecimiento, pero “de momento no hay pegas” para llevar material médico. Además, muchas zonas están “bajo el control de grupos armados, por lo que el nivel de interlocución siempre es un reto”.
Desde Goma (capital de Kivu del Norte), el salesiano Domingo de la Hera, de 80 años y más de media vida en la RDC, señala a 20minutos que “lo que más choca es que se ha tardado varias semanas en comunicarlo desde que se dio el primer caso”, lo cual puede haber favorecido la propagación del virus. “La comunicación es escasa, aquí no hay prensa, solo redes sociales y poco más, la televisión prácticamente nadie la ve. Han tartado mucho en publicarlo“, lamenta.
Este es el 17º brote de ébola registrado en la RDC desde que se detectó el virus por primera vez en 1976. La OMS considera “bajo” el riesgo global de epidemia por este brote, que se atribuye a la cepa Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50% y para la que no hay vacunas ni tratamiento. Se trata del tercer brote de esta variante en la RDC y “tampoco se disponía de tests para identificarla“, según agrega De la Hera, natural de Burgos.
Desde la OMS han reconocido que otro factor que complicó la detección temprana es que los primeros síntomas del Bundibugyo son similares a los que pueden causar la tifoidea o la malaria, enfermedades endémicas en la zona, con lo cual el diagnóstico era aún más difícil. “Es importante entender la complejidad, no era tan fácil”, comentó Tedros, quien rechazó los comentarios que culpan a la RDC de haber dejado que el brote se extienda.
De la Hera, natural de Burgos y miembro de Misiones Salesianas, congregación presente en el terreno desde hace un siglo, indica que la población vive como “indiferente” ante brote, pues es una sociedad “curtida” en una “situación económica grave” que atraviesa el país desde hace años. “Esperemos que no dure mucho, la apertura de las fronteras es vital”, advierte. Entre las medidas de prevención adoptadas, este religioso dedicado a la formación profesional de jóvenes, destaca que se ha dispuesto “agua clorada” en los accesos a los colegios —que siguen funcionanado— para el lavado y desinfección de manos, la comunicación inmediata en el caso de aparición de síntomas y los controles en carretera en los que se toma la temperatura a los viajeros.
Por su parte, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), en un videocomunicado difundido el jueves, advirtió de que “seguramente hay muchos más casos en la comunidad“. El doctor Florent Uzzeni, coordinador de emergencias de MSF en Ituri, trasladó que “las unidades de aislamiento están llenas, por lo que la gente no puede acudir a los hospitales para recibir tratamiento. Es demasiado pronto para poder estimar el alcance de esta epidemia”.
Uzzeni realizó un llamamiento para “reforzar las medidas de higiene, establecer sistemas de triaje y aumentar considerablemente el número de aislamientos”, al tiempo que recordó que el epicentro del brote se localiza en una “Región remota” del este de la RDC, donde “las necesidades humanitarias ya eran importantes antes del inicio de esta epidemia. Hay varios campos de desplazados de gran tamaño donde el acceso al agua y a la atención sanitaria ya era más que limitado. Hoy, con esta crisis, resulta muy complicado hacer llegar ayuda material o enviar personal a la zona”.
Por otro lado, desde el equipo de Cooperación Internacional de Cáritas Española, Bárbara Lorenzo advierte de que es “un problema y una preocupación” la “gran movilidad” de la zona, la detección tardía del brote, las carreteras tomadas por “diversos actores armados” y que “las medidas adoptadas por el anterior brote se han reducido por los recortes”.


