
La victoria de Abelardo de la Espriella en el preconteo de la segunda vuelta electoral en Colombia se suma a la ya larga lista de cambios políticos en América, y especialmente en América Latina. Una a una todas las elecciones del último año han caído del mismo lado de la balanza: a la derecha; y en ocasiones más allá. Los países de tendencia progresista han cambiado de color, confirmando la ola conservadora en todo el continente americano. Unos resultados electorales donde las problemáticas particulares de cada país se resuelven en las urnas con medidas y propuestas muy parecidas. Con la solución de mano dura a problemas de inseguridad, la lucha contra la inmigración por bandera y las recetas económicas basadas en la reducción del Estado, los perfiles cercanos a Trump, Milei o Bukele han conquistado la región.
En 2025 llegó a Bolivia Rodrigo Paz, a Chile José Antonio Kast y a Honduras Nasry Asfura. Pero además, en Ecuador fue reelegido Daniel Noboa con la promesa de combatir ‘al estilo Bukele’ el aumento de la criminalidad en el país y en Argentina el presidente Javier Milei consiguió de manera sorpresiva ganar las elecciones legislativas del mes de octubre, con la inestimable ayuda económica de su principal aliado: Estados Unidos.
A estos países se les podrían sumar próximamente otros dos que han tenido elecciones recientemente. El más claro es De la Espriella en Colombia, que a falta de que termine el recuento oficial, todos los datos apuntan a que será el presidente de este país. También en Perú es probable que acabe en la Presidencia la candidata de ultraderecha Keiko Fujimori. La hija del autócrata condenado por crímenes de lesa humanidad, Alberto Fujimori, está por delante con escaso margen del izquierista Roberto Sánchez. La crisis de gobernabilidad y la desconfianza en el sistema de recuento están demorando la victoria final, que probablemente se conocerá a mitad del mes de julio. Es decir, más de un mes después de la noche electoral.
Desde Alaska a Ushuaia, el continente cuenta con una mayoría de gobiernos derechistas, donde el contrapoder a las políticas de Trump es cada vez más reducido, con el centrista Mark Carney en Canadá, la izquierdista Claudia Sheinbaum en México y Lula da Silva en Brasil. Este último es el único sobreviviente de la conocida como ‘Marea rosa’ que a principios de siglo protagonizó una ola opuesta a la actual, donde muchos líderes de izquierda se hicieron con el poder. En el mes de octubre tendrá que enfrentarse a Flavio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, en las elecciones de su país. Quizás una de las votaciones más significativas.
¿Qué ha producido este cambio de tendencia?
El panorama político en América no escapa de las tendencias ideológicas globales, pero también es una respuesta regional a un ciclo anterior de gobiernos de izquierda que no consiguieron solucionar los principales problemas del continente. Así lo considera el sociólogo y analista argentino Atilio Borón, que reconoce que se está ante “un cambio histórico en el mundo y especialmente en la región”. “Esto es un fenómeno global del que América Latina no está al margen, pero que se ha agravado por la debilidad o titubeos del progresismo, que ha hecho políticas que han provocado una profunda insatisfacción”, explica Borón a 20minutos. Para este sociólogo, muchos ciudadanos votaron con entusiasmo a gobiernos que fueron cayendo en el “posibilismo y resignación”, lo que ha terminado por empujar a este cambio de ciclo.
Es un fenómeno global del que América Latina no está al margen, pero que se ha agravado por la debilidad o titubeos del progresismo, que ha hecho políticas que han provocado una profunda insatisfacción
Aunque cada país ha atravesado por procesos económicos diferentes, muchos de estos nuevos ejecutivos han aterrizado en el poder con la promesa de mejorar la economía. Desde Perú y Bolivia, hasta Chile, Argentina y ahora Colombia, uno de los principales estandartes de la nueva política es su búsqueda por achicar el Estado, reducir su influencia y señalarlo como uno de los principales problemas para el ciudadano. Además, otro factor que indudablemente se ha posicionado en prácticamente todos los países de América como una de las principales preocupaciones es la inseguridad. Y esto ocurre incluso en países como Chile, donde no hay cifras especialmente altas de criminalidad.
En este sentido, Patricia Muños Yi, analista política y docente de la Universidad Javeriana de Colombia, señala a este medio que estos nuevos perfiles siempre llegan con el discurso de mano dura, algo que cala en el electorado pese a que cada país tiene una situación distinta: en Honduras con las pandillas, en Ecuador con el crimen organizado o en Colombia con la violencia política. En este último país, la campaña de De la Espriella se ha centrado en volver a recetas del pasado en la lucha contra las agrupaciones criminales y el narcotráfico. Una fórmula que ha tenido aceptación tras el periodo de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia, que llegó tras los acuerdos de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP. Unos acuerdos que 10 años después no han conseguido reducir como se esperaba el fenómeno de la violencia. “Eduardo de la Espriella adoptó un discurso contundente de mano firme que incluso para algunos rayó en expresiones preceptos de la ley. Ha llegado con un lenguaje fuerte y radical que pudo haber calado en algunos ciudadanos que creen que se necesita más firmeza y menos diálogo como el que abogaba el candidato Cepeda”, explica.
La influencia de Trump
Todas las cuestiones locales que han influido en este cambio de ciclo no habrían tenido tanto calado sin la aparición hace ya una década de un personaje que ha cambiado la forma de hacer política: Donald Trump. Las medidas del presidente de Estados Unidos no solo tienen su réplica en las propuestas de los políticos latinoamericanos, sino que muchos de ellos copian incluso sus eslóganes. Es por eso que no es raro encontrarse durante las campañas electorales de países del resto del continente las inconfundibles gorras rojas con el lema Make America Greta Again con la palabra ‘América’ sustituida por Argentina, Chile o Perú.
“Ese discurso contundente, ese comportamiento políticamente incorrecto, esa actitud de ‘yo me puedo enfrentar a lo que nadie ha podido solucionar’, esa propuesta de plan de choque que en 90 días soluciona el mundo, esos decretos listos para publicar, esos cambios en las relaciones con otros países que van a permitir recuperar el rumbo perdido… En definitiva, ese tipo de discursos y frases sencillas que funcionan” son, según Muñoz Yi, “parte del éxito de estas campañas que estudian, recogen y emulan esos rasgos que caracterizan a figuras políticas como Trump”.
Parte del éxito de estas campañas es que estudian, recogen y emulan los rasgos que caracterizan a figuras políticas como Trump
Y es que la influencia de Trump no es solo por inspiración, sino que en este último año se han apreciado intervenciones directas en las campañas electorales. Esto es lo que ocurrió en Argentina cuando en octubre del año pasado Javier Milei llegó a las legislativas en medio de varios casos abiertos de corrupción contra su Gobierno y el peso argentino descontrolado, provocando cierta incertidumbre sobre su plan económico. Se acudió entonces a Estados Unidos, que anunció un rescate financiero de 20.000 millones de dólares que consiguió dar la vuelta a la balanza. Algo que ha reconocido el propio Trump: “Quiero felicitar al vencedor, que fue un gran vencedor y contó con mucha ayuda por nuestra parte. Contó con mucha ayuda. Le di un respaldo, un respaldo muy fuerte”.
El presidente estadounidense acepta en público este tipo de injerencias. “De la Espriella me llamó agradecido por el apoyo. No estaba claro que ganara y ganó”, dijo sobre Colombia este lunes. Preguntado hace varios meses por su influencia en latinoamérica reconoció que su gobierno había tenido buenos resultados en Honduras, donde ganó un candidato tras ser apoyado por él pese a no liderar las encuestas. En el mismo sentido se expresó con Chile. “Hemos tenido buenos resultados”, dijo desde el Despacho Oval.
“La influencia de personalidades como Trump es grande”, afirma Borón, que añade que la diferencia entre lo que ocurría antes y lo que sucede ahora es que esa “iniciativa para entrar y tener protagonismo en la política de otros países” se hace de manera pública y sin complejos. “Yo estuve en Chile en la campaña presidencial de Salvador Allende en la década de los setenta y ahí sabíamos que Estados Unidos estaba influenciando, pero era muy difícil entregar las pruebas claras porque se hacía de otra manera. Ahora ya han perdido toda vergüenza y actúan de una manera absolutamente desembozada ante una población que está resignada”, explica el analista.
Los expertos consultados reconocen que hoy los ciclos políticos son más cortos, y que al igual que ahora se está en medio de este proceso, no sería extraño ver una reacción en un plazo no tan lejano. “Quién sabe si surgirá un candidato de izquierda capaz de encontrar estos símbolos, estas narrativas, estas frases basadas en emociones y adoptar esa personalidad de ‘soy capaz de resolver todo’”, dice Muñoz Yi. “Ese es el futuro que el marketing político de los nuevos tiempos nos ha traído”, sentencia.


