Parece inevitable que Carlos Mendoza sea quien pague el pato por el desorden en que se encuentran los Mets, a pesar de los votos de confianza tanto obvios (David Stearns lo dijo la semana pasada) como sutiles (todavía tiene su trabajo mientras usted lee esto).
Mendoza no se ha cubierto exactamente de gloria. En última instancia, es su culpa que los Mets jueguen béisbol poco inteligente, tomen muchas decisiones incorrectas en las bases y en el campo, y que realmente tuvieran dos lanzadores yendo al montículo en la novena entrada de un juego reciente. Aun así, es difícil imaginar que Connie Mack o Muggsy McGraw pudieran hacer que este equipo anotara más carreras.
No están disponibles, pero el exmánager de los Medias Rojas, Alex Cora, sí lo está. Hasta que los Filis (ahogados en su propia depresión) hagan lo que parece su movimiento inevitable por él, sería prudente que los Mets le hicieran a Cora una oferta tipo Padrino para ver si eso persuade al mejor mánager disponible a rescatar una plantilla que hace que la triste que él acaba de dejar parezca los Yankees de 1998.
Puede que no sea justo, pero es difícil imaginar que Steve Cohen pueda tolerar cinco meses más de esto, porque el domingo por la tarde su estadio ya se parecía a la versión de finales de los 70 del Shea Stadium, apodado Grant’s Tomb (por M. Donald Grant, quien, dondequiera que descanse su alma ahora, debe estar disfrutando la realidad imposible de que Stearns está avanzando con fuerza hacia su título de ‘jefe de los Mets más vilipendiado de la historia’, un trofeo que se presumía retirado eternamente).
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


