¿Quién está al mando? Es la pregunta que ronda entre los analistas e incluso políticos sobre el poder en Irán. Desde que un ataque israelí mató el 28 de febrero al líder supremo, Alí Jamenei, y gran parte de sus altos cargos, la … cúpula de poder no parece tener un nombre claro y las dudas sobre su hijo y heredero, Mojtaba Jamenei, crecen cada día más.
El control de Mojtaba, o Jamenei Jr. como lo están llamando en algunas publicaciones inglesas, es incierto. Se informó de que el ataque aéreo que mató a su padre le hirió, posiblemente de gravedad, y no se le ha visto públicamente desde entonces. El también clérigo había sido considerado durante mucho tiempo un posible candidato para suceder a su padre, a pesar de no haber sido nunca elegido ni nombrado para ningún cargo en el gobierno.
En Irán, desde la Revolución de 1979 que derrocó al sah Mohamed Reza Pahlevi, se estableció una teocracia islámica con una figura clara en la cúspide: el ayatolá (primero Ruhollah Jomeini y luego Alí Jamenei). El sistema político iraní se ha comportado como una compleja mezcla de poder, donde los funcionarios electos, la Guardia Revolucionaria Islámica, los clérigos más influyentes y el líder supremo de Irán determinan las decisiones de seguridad nacional.
Sin embargo, desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, se ha diezmado gran parte de este liderazgo. Irán ha sufrido pérdidas devastadoras. Estados Unidos e Israel han destruido gran parte de su Ejército y más de la mitad de sus lanzadores de misiles, además de haber matado a muchos líderes, algo más de 250 altos cargos, según ha confirmado Teherán. Los puentes, puertos y otras infraestructuras críticas de Irán han sido bombardeados y las autoridades iraníes estiman los daños de la guerra en 270.000 millones de dólares (230.000 millones de euros).
Con la desaparición de Jamenei Jr., la pregunta es quién está al mando y si existen esas luchas de poder que han comenzado a hacerse públicas en los últimos días con mensajes contradictorios desde el Gobierno.
«Es difícil saber qué poder ejerce Mojtaba Jamenei dentro del sistema, ya que desconocemos su estado actual. Se ha informado de que resultó herido en el ataque que mató a su padre. Sin embargo, en el nuevo régimen iraní, no debemos esperar que sea capaz de tomar decisiones que sean fundamentalmente contrarias al consenso del ‘establishment’ militar y de seguridad en ascenso», explica en una entrevista Will Todman, experto en Oriente Próximo y jefe del gabinete del Departamento de Geopolítica y Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés).
Militarización de la política
Son varias las publicaciones que ya hablan de un desplazamiento de la autoridad hacia un núcleo militar, relativamente cohesionado, que incluye una red de actores que abarca la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) y figuras políticas cuya influencia se basa en estrechos vínculos con el aparato de seguridad.
Un ejemplo sobre esa ‘militarización del poder’ en Irán lo protagonizaron la pasada semana, cuando el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, anunció en su cuenta de X la reapertura del estrecho de Ormuz. Al momento, el presidente estadounidense Donald Trump escribió: «Irán acaba de anunciar que el estrecho de Ormuz está completamente abierto y listo para el paso libre». Todo parecía ir bien para abrir la puerta a que las negociaciones en Pakistán funcionaran. Sin embargo, medios iraníes cercanos a la Guardia Revolucionaria y a los altos cargos militares como Mehr News o Tasnim criticaron las palabras del titular de Exteriores. «El tuit era malo e incompleto, y creó una ambigüedad engañosa sobre la reapertura del estrecho de Ormuz», denunciaron dichos medios. Además, la reprocharon a Araghchi que su mensaje «brindó la mejor oportunidad para que Trump se alejara de la realidad, se declarara ganador de la guerra y celebrara la victoria».
Poco después, el Estrecho volvía a estar cerrado y las negociaciones de paz en Pakistán seguían sin celebrarse.
Pérdida de influencia
Desde el comienzo de la guerra, la élite de seguridad ha sido la que ha estado tomando las decisiones, mientras que el sector más ideológico ha perdido esa influencia. Y, a pesar de que Israel descabezó al régimen, tres son los nombres que se repiten entre los analistas y conocedores de la política iraní. Uno es Mohamed Bagher Zolghadr, actual secretario del máximo organismo de seguridad nacional y alto comandante de la Guardia Revolucionaria. Otro es Ahmad Vahidi, comandante en jefe interno de la Guardia Revolucionaria y otra figura clave del sistema. El último es Mohamed Bagher Ghalibaf, excomandante de la Guardia Revolucionaria y presidente del parlamento iraní. Ghalibaf es una de las figuras políticas más visibles del núcleo de seguridad que ha surgido en Teherán desde la guerra, como demuestra su participación en las negociaciones con Estados Unidos.
Arriba, Mohamed Bagher Ghalibaf, después Zolghar y por último Vahidi..
(ABC)
«Durante la guerra, el poder en Irán se ha desplazado hacia el estamento militar y de seguridad. Dentro de este, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha aumentado su poder dentro del Estado iraní. Los líderes civiles, como el presidente y el ministro de Asuntos Exteriores, tienen menos poder de decisión y, en su lugar, se encargan de aplicar y articular las decisiones tomadas por la élite militar y de seguridad. Mohamed Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe de la delegación negociadora iraní en Pakistán, ejemplifica este cambio de poder. Mantiene estrechos vínculos con el IRGC, del que fue comandante, pero es capaz de presentar el consenso de esa élite en términos políticos», explica Todman.
Desde el comienzo de la guerra, la élite de seguridad es la que toma las decisiones, mientras que el sector más ideológico ha perdido su influencia
Bajo el ayatola Alí Jamenei, el sistema se estructuraba en torno a su figura, que se situaba por encima de las instituciones civiles y militares y tenía la última palabra en casi todos los asuntos estratégicos. Ahora, su hijo parece no tener ninguna supremacía y el propio Benjamin Netanyahu bromea sobre el asunto. En una rueda de prensa hace unas semanas, el primer ministro israelí se preguntaba: «¿Alguien ha visto a Mojtaba? Nosotros no y no podemos asegurar qué está ocurriendo exactamente allí (en Irán)».
Posibles manifestaciones
Para analistas como el hispanoiraní Daniel Bashandeh, esto puede ser una situación buscada por Estados Unidos: «A través de la presión económica, Trump busca dividir a los nuevos interlocutores para que cedan sus demandas relacionadas con la política nuclear. Para evitarlo, la república islámica se encamina hacia la militarización. En el corto plazo, el estado de confrontación es una oportunidad para la Guardia Revolucionaria, ya que permite la cohesión interna con el objetivo de consolidar un nuevo liderazgo de corte militar. La cuestión es si a largo plazo, la presión económica puede crear desestabilización interna y cambios en las lealtades».
«La confrontación es una oportunidad para la Guardia Revolucionaria, ya que permite la cohesión interna para consolidar un nuevo liderazgo militar»
Daniel Bashandeh
Analista hispanoiraní
La desestabilización interna también se refiere a la posibilidad de futuros disturbios internos. A finales de diciembre y en enero, el régimen se enfrentó a las mayores manifestaciones de su historia. Para recuperar el control, el Gobierno iraní masacró a miles de manifestantes. Pero, de momento, no parece haber indicios de un nuevo levantamiento. Según resume Bashandeh, «ahora estamos en guerra y la gente no sale a las calles; solo los partidarios del régimen, que son una minoría pero tienen las armas, mientras que la mayoría está a la espera, muy preocupados por el alza de los precios y las consecuencias de la guerra».


