Donald Trump y Lula da Silva se vieron este jueves 7 de mayo en la Casa Blanca en un encuentro marcado desde el inicio por el hermetismo y por cambios inesperados en la agenda. Lo que estaba previsto como una entrada de la prensa … al Despacho Oval se cerró a los medios. La delegación brasileña pasó después directamente a la Sala del Gabinete para un almuerzo bilateral, mientras los periodistas se agolpaban en los pasillos a la espera de poder entrar, algo que no ocurrió.
Fuentes de la embajada de Brasil explicaron que fue Lula quien pidió hablar a solas con Trump y dejar para más tarde cualquier declaración pública, si finalmente se consideraba necesario. El presidente brasileño tenía previsto atender a los medios por la tarde, en la embajada de Brasil en Washington.
En el recuerdo estaban los tensos intercambios de Trump con otros líderes con los que mantiene diferencias profundas, como Volodímir Zelenski, de Ucrania, o Cyril Ramaphosa, de Sudáfrica. El reciente encuentro en el Despacho Oval con Gustavo Petro, presidente de Colombia, también se celebró cerrado a la prensa. Además, Trump no ha ocultado su malestar por el juicio y condena a Jair Bolsonaro, un estrecho aliado suyo.
El gesto añade tensión política a una visita ya delicada. Trump y Lula llegaron al encuentro tras meses de choques por los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos brasileños, las sanciones contra el poderoso juez Alexandre de Moraes, la presión de Washington por el caso Bolsonaro y las diferencias sobre Irán, Cuba, las tecnológicas y la regulación de las plataformas digitales.
Tras la reunión no hubo comparecencia pública conjunta, aunque si declaraciones por separado. A través de su red social, Trump calificó a Lula de «presidente muy dinámico» y aseguró que el encuentro «fue muy bien». Según explicó, ambos hablaron de varios asuntos, entre ellos comercio y, en concreto, aranceles. El presidente añadió que representantes de los dos países se reunirán para abordar «elementos clave» y que habrá más encuentros en los próximos meses si resulta necesario.
Lula ha sido además uno de los grandes defensores regionales del chavismo venezolano y del régimen cubano, dos asuntos especialmente sensibles para Trump y para su política de presión máxima en América Latina. La reunión buscaba consolidar una tregua frágil entre los dos mayores países del continente, pero empezó sin imágenes ni preguntas.
Una fotografía con mucho valor
Lula dijo después en rueda de prensa en la embajada brasileña que salió «muy satisfecho» de una reunión que consideró «muy importante para Brasil y para Estados Unidos». Defendió que la imagen de los dos presidentes juntos tenía valor político por sí misma: «Una fotografía vale mucho. Los dos presidentes sonriendo vale mucho más que una cara fea».
Según el mandatario brasileño, Brasil está dispuesto a discutir con cualquier país y sobre cualquier asunto, pero con dos límites claros: «No hay asunto prohibido. No se discuten la soberanía ni la autonomía; el resto se puede discutir todo». También aseguró que entregó a Trump por escrito, en inglés, cada uno de los puntos tratados: «Entregué cada asunto que discutí con el presidente Trump, cada propuesta, para que él sepa lo que queremos». En tono de broma, añadió una referencia al Mundial: «Espero que no nieguen el visado a los futbolistas brasileños».
Sí destacó el mandatario brasileño que la reunión duró tres horas, y en ella, reveló, marcó distancia con la visión de Trump sobre Irán y Venezuela. Afirmó que la invasión de Irán puede causar más perjuicios de los que Trump imagina y sostuvo que el presidente estadounidense cree que la guerra ya terminó, algo que Lula no ve tan claro: «Él cree que la guerra ya acabó, que está todo resuelto, pero yo creo que no es real».
Sobre Venezuela, dijo que espera que el país tenga «una oportunidad en la vida» y que su Gobierno pueda «hacer que las cosas avancen». También se mostró dispuesto a hablar de cualquier asunto —«Cuba, Venezuela, Irán»—, pero insistió en que no tiene una vocación belicista: «Estoy dispuesto a discutir. No tengo vocación de guerra. Tengo vocación de convencimiento».
«Él cree que la guerra ya acabó, que está todo resuelto, pero yo creo que no es real», afirmó Lula sobre el conflicto con Irán
Condena a Bolsonaro
La visita se produce tras episodios de tensión entre los dos mandatarios y a pocos meses de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil. El juicio a Bolsonaro se convirtió el año pasado en uno de los principales puntos de fricción entre Trump y Lula. El expresidente brasileño fue condenado a 27 años de prisión por su papel en el intento de revertir el resultado de las elecciones de 2022 y mantenerse en el poder tras su derrota ante Lula. Para Trump, que considera a Bolsonaro uno de sus grandes aliados políticos en América Latina, el proceso fue una persecución judicial.
Llegó a publicar un mensaje en redes sociales dirigido a Lula en el que calificó el caso de «caza de brujas» y exigió que terminara «inmediatamente». La Casa Blanca utilizó después ese argumento para justificar sanciones contra el juez Alexandre de Moraes y aranceles adicionales a Brasil.
De hecho la visita llegó después de largos meses de tensión entre Washington y Brasilia. Trump impuso en 2025 aranceles adicionales del 40% a ciertos productos brasileños tras declarar una emergencia nacional por lo que la Casa Blanca describió como amenazas del Gobierno de Brasil a la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos. La orden ejecutiva acusaba a autoridades brasileñas de presionar a plataformas tecnológicas estadounidenses, censurar contenidos protegidos por la Primera Enmienda y perseguir políticamente al expresidente Jair Bolsonaro.
El principal señalado por Washington fue el juez del Supremo Alexandre de Moraes, a quien Trump acusó de abusar de su autoridad judicial, ordenar censura contra cuentas en redes sociales, imponer multas a empresas de EE.UU. y abrir investigaciones contra ciudadanos estadounidenses por opiniones expresadas en territorio estadounidense. La Casa Blanca vinculó esas medidas con la situación judicial de Bolsonaro, gran aliado de Trump en Brasil, condenado a 27 años de prisión por su papel en el intento de golpe tras perder las elecciones de 2022.
Elecciones en Brasil
El caso Bolsonaro pesa también sobre el calendario electoral brasileño. Brasil celebra elecciones generales en octubre y Lula se presenta a la reelección en un clima de alta polarización. Enfrente aparece como uno de los nombres fuertes Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, que ha intentado capitalizar el voto bolsonarista tras la condena de su padre. Lula llega a Washington con ventaja en algunas encuestas, pero con una oposición reorganizada en torno al apellido Bolsonaro y con Trump observando de cerca la evolución política del país.
Desde entonces, ambos gobiernos han intentado rebajar la tensión. Trump y Lula tuvieron un primer contacto breve en la Asamblea General de la ONU, en septiembre, y después celebraron una reunión bilateral en Kuala Lumpur, en octubre, centrada en aranceles, sanciones y comercio. La cita de este jueves buscaba dar continuidad a ese diálogo y evitar una nueva escalada, en especial por una investigación comercial abierta por Washington por supuestas prácticas desleales en Brasil, que podría derivar en un arancel lineal del 30% sobre productos brasileños ahora exentos.
Parte de esa arquitectura arancelaria cambió después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos tumbara en febrero de 2026 algunos de los aranceles previos de Trump. La Casa Blanca respondió con un nuevo arancel global del 15% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, de aplicación más amplia y temporal, previsto inicialmente para 150 días. En la práctica, Brasil dejó de estar sometido sólo a un castigo singular y pasó a quedar dentro de una estructura general que afecta a cerca de una cuarta parte de sus exportaciones a Estados Unidos, unos 9.300 millones de dólares.
Aun así, una parte importante del comercio bilateral quedó protegida por excepciones negociadas o estratégicas. Café, carne, zumo de naranja, frutas, minerales, combustibles, componentes de aeronaves y fertilizantes quedaron fuera de los nuevos recargos, en parte porque encarecerlos habría golpeado directamente al consumidor estadounidense y alimentado la inflación. Según Brasilia, esas exenciones cubren alrededor del 46% del comercio bilateral, unos 17.500 millones de dólares, y son uno de los principales resultados de las negociaciones previas entre los dos gobiernos.


