«Lo último que necesitamos ahora mismo es una guerra a 9.500 millas». Lo dijo hace unos días Donald Trump, subido a su avión oficial, durante el vuelo de regreso desde China a EE.UU., tras celebrar una cumbre con Xi Jinping. Era … una referencia a Taiwán, a las ambiciones del gigante asiático sobre la isla y el posible conflicto que se podría desencadenar.
La realidad es que un conflicto de ese tipo es algo que la primera potencia militar ni necesita ni quizá se puede permitir: la guerra de Irán ha vaciado los arsenales de algunas municiones clave y ha desprotegido a EE.UU. frente a un hipotético enfrentamiento con China.
Esa es la conclusión de un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, en sus siglas en inglés), un ‘think tank’ estadounidense centrado en análisis de defensa: el consumo de arsenal en la guerra de Irán «ha creado una ventana de vulnerabilidad para un potencial conflicto en el Pacífico Occidental», en una referencia evidente a China, el gran adversario global de EE.UU.
Según sus estimaciones, el Pentágono tardará al menos tres años en recuperar los inventarios previos a la guerra de Irán de tres municiones clave: los poderosos misiles de ataque Tomahawk, los sistemas de defensa antimisiles THAAD y los misiles defensivos Patriot.
Las alarmas por el vaciamiento de su arsenal se han repetido desde el comienzo de la guerra emprendida por Trump de la mano de Israel a finales de febrero. El inventario ya venía debilitado por la campaña conjunta de ambos países contra Irán de junio del año pasado, con el objetivo de desmantelar instalaciones nucleares iraníes. Y también por su uso contra las actividades de grupos afiliados a Irán en la región, como los hutíes de Yemen.
Pese a que la guerra de Irán lleva sumida desde el 8 de abril en una tregua frágil, solo alterada por fogonazos de ataques en el Estrecho de Ormuz, sus primeras semanas fueron muy intensas. El CSIS estima que el Pentágono utilizó más de mil misiles Tomahawk, una cantidad cinco veces superior a la munición que se repondrá durante este 2026. Se espera que la industria acelere en los próximos años el ritmo de fabricación, pero eso no impedirá que el inventario no regrese a los niveles previos a la guerra hasta finales de 2030 o principios de 2031.
En el caso de los THAAD, se estima que se han utilizado entre 190 y 290 de estos sistemas y que no se recompondrá el arsenal hasta mediados o finales de 2029.
Para los Patriot, la estimación de uso en Irán es de entre 1.060 y 1.430, una cantidad descomunal si se tiene en cuenta que este año el Pentágono solo adquirirá 172 nuevas unidades. Hasta mediados de 2029 no se volverá a los niveles de inventario de comienzos de este año.
En el caso de estos misiles defensivos, está la complicación añadida que forman parte del arsenal defensivo de Ucrania ante Rusia y que hay comprometidos envíos tanto a este país como a otros aliados de EE.UU.
En otras municiones, las estimaciones son algo más optimistas. Para los misiles navales SM-3 y SM-6, se espera que se recuperen entre finales de 2028 y comienzos de 2029. En el caso de los llamados Misiles de Ataque Conjunto Aire-Superficie (JASSM), ocurrirá el año que viene. Y en el de los misiles de ataque preciso (PrSM), a finales de este mismo año.
Inyección multimillonaria
La tardanza de varios años en la recuperación del arsenal se hace teniendo en cuenta la inyección multimillonaria de fondos que va a recibir el Pentágono. El Departamento de Defensa ha hecho una propuesta presupuestaria de 1,5 billones de dólares al Congreso, buena parte de ello dedicado a fortalecer los inventarios de armamento.
«La financiación para más munición comenzó en la Administración Biden y se ha acelerado bajo la Administración Trump. El Congreso ha apoyado esta financiación con un acuerdo bipartidista», señala el análisis del CSIS. Sin embargo, advierte: «El problema hoy no es el dinero, es el tiempo. Se tarda en expandir la producción y fabricar esos sistemas complejos».
Tanto Trump como su secretario de Defensa, Pete Hegseth, insisten en que el Ejército de EE.UU. tiene capacidad para hacer frente a cualquier conflicto bélico que se ponga en su camino. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, ha asegurado que el Ejército «tiene todo lo necesario para ejecutar en el lugar y en el momento que elija el presidente» y que ha «ejecutado múltiples operaciones en diferentes comandancias de combate a la vez que nos aseguramos de que EE.UU. mantiene un arsenal profundo para proteger a nuestra gente y nuestros intereses».
El Departamento de Defensa ha hecho una propuesta presupuestaria de
1,5 billones de dólares
al Congreso, buena parte de ello dedicado a fortalecer los inventarios de armamento
Pero el propio Hegseth, que se ha tenido que enfrentar a comparecencias duras ante el Congreso, ha tenido que reconocer que se van a tardar «meses y años» en recuperar el arsenal, «dependiendo de la munición que se trate».
«El Departamento de Defensa necesita hacer planes para gestionar ese lapso», dice el análisis de CSIS. «Algunas municiones se pueden sustituir, pero eso implica contrapartidas. Las municiones de ataque terrestre alternativas tienen un alcance corto o medio y aumentan la vulnerabilidad de las lanzaderas. Los sistemas alternativos antidrones son caros».
China se prepara
China, por su parte, se ha puesto como objetivo alcanzar para 2027 la capacidad militar necesaria para invadir y tomar Taiwán. Según los expertos, es más una aspiración que un plazo inamovible. Pero muestra la creciente amenaza que el gigante asiático puede suponer en el Pacífico. El propio Xi tuvo un mensaje para Trump en su visita a China: si EE.UU. no maneja bien su relación con Taiwán -y está a punto de aprobar una venta multimillonaria de armamento a la isla- los enfrentamientos e incluso el conflicto están encima de la mesa.
La paradoja para EE.UU. es que para recuperar su nivel de arsenal y estar en condiciones de confrontar a China necesita a la propia China. Buena parte del armamento requiere de minerales raros, de los que el gigante asiático es el principal exportador global. Ese presupuesto militar de 1,5 billones de dólares incluye partidas para encontrar acceso a estos minerales raros alternativo a China. Pero eso es un proceso largo y, por el momento, EE.UU. depende de su gran rival en este capítulo. Eso explica en parte las concesiones de Trump hacia Xi en materia comercial y su tregua en la guerra arancelaria.
Pese a todo, el análisis de CSIC cierra con un tono más optimista sobre la situación del Ejército de EE.UU. en su rivalidad con China. «La situación en el Pacífico Occidental no es completamente desoladora», asegura. «El mundo ha visto las grandes capacidades de las fuerzas de EE.UU. no solo en Irán sino también en operaciones contra Venezuela y contra los hutíes. China es muy consciente de que no tiene experiencia de combate reciente y que su desempeño no fue bueno en su última guerra, contra Vietnam en 1979».
«Esa diferencia en experiencia puede preservar la disuasión mientras los inventarios de munición se recuperan», concluye.


