Por Raúl Germán Bautista.- La economía dominicana ha demostrado una notable capacidad de resistencia frente a las turbulencias internacionales de los últimos meses, mostrando, según el Banco Mundial, una tendencia de crecimiento hasta el 2028 de 3.6 %, de 4.4% y 4.5%.
Sin embargo, detrás de los indicadores macroeconómicos favorables persisten fragilidades estructurales que podrían limitar la capacidad de respuesta del país ante un escenario mundial marcado por conflictos geopolíticos, presiones inflacionarias y el encarecimiento de las materias primas, especialmente del petróleo.
Las tensiones en distintas regiones del mundo han elevado la incertidumbre sobre el comportamiento de los mercados internacionales. Los conflictos armados en Medio Oriente y Europa del Este han provocado episodios de volatilidad en los precios energéticos, mientras las principales economías continúan enfrentando el desafío de controlar la inflación sin frenar el crecimiento económico. En un país altamente dependiente de las importaciones de combustibles y alimentos, cualquier alteración significativa en los mercados globales termina impactando el costo de vida de la población.
En este contexto, las estadísticas más recientes del sistema de seguridad social revelan una realidad que merece atención. Aunque el 97.7 % de la población dominicana está afiliada al Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS), la calidad de la inserción laboral sigue siendo uno de los principales desafíos del país. Los datos muestran que el 52.2 % de los trabajadores dominicanos se desempeña en actividades informales, mientras que apenas el 47.8 % forma parte del mercado formal.
La informalidad representa mucho más que la ausencia de cotizaciones o contratos de trabajo. Implica una menor estabilidad de ingresos, limitadas posibilidades de acceso al financiamiento y una mayor vulnerabilidad frente a las crisis económicas. Cuando aumentan los precios de los alimentos, el transporte o la electricidad, son precisamente estos trabajadores quienes cuentan con menos herramientas para amortiguar el impacto.
A esta realidad se suma otro elemento preocupante: los bajos niveles salariales. De acuerdo con las cifras presentadas por la Asociación Dominicana de Administradoras de Riesgos de Salud (ADARS), el 68.92 % de los trabajadores formales del país gana RD$30,000 o menos al mes. Asimismo, el 27.63 % percibe ingresos iguales o inferiores a RD$15,000 mensuales, mientras que un 4.56 % devenga RD$10,000 o menos.
EL PESO DEL CONTEXTO INTERNACIONAL
Estos datos adquieren mayor relevancia cuando se analizan en el contexto actual. El aumento de los costos de producción a escala internacional, impulsado en parte por el incremento de los precios del petróleo, puede traducirse en mayores presiones inflacionarias internas.
Aunque República Dominicana ha logrado mantener la inflación dentro del rango meta establecido por el Banco Central en períodos recientes, los choques externos continúan representando un riesgo latente para la estabilidad de los precios.
En la práctica, una familia cuyos ingresos mensuales rondan los RD$30,000 enfrenta serias limitaciones para absorber aumentos sostenidos en productos esenciales. El monto de la canasta familiar en la Región Sur es el más bajo del país, con RD$39,658.65. En contraste, en el Gran Santo Domingo se requieren RD$56,658.37 para cubrir los gastos mensuales; en la Región Norte o Cibao, RD$47,178.13; y en la Región Este, RD$45,938.26.
El gasto en alimentación, transporte, educación y servicios básicos reduce considerablemente la capacidad de ahorro y restringe las posibilidades de movilidad económica ascendente.
Actualmente, la libra de pollo se vende entre RD$82 y RD$84 en supermercados y alrededor de RD$85 en colmados. Los paquetes de 10 libras de arroz oscilan entre RD$327.95 y RD$444, mientras que los plátanos se comercializan entre RD$21 y RD$40 la unidad, dependiendo del establecimiento.
A estos precios se suman otros productos de consumo frecuente. La libra de papa selecta ronda los RD$45; la cebolla roja se vende a RD$47 en supermercados y a RD$60 en colmados; mientras que el cartón de 30 huevos alcanza los RD$280.
Asimismo, los aceites de 64 onzas se comercializan entre RD$289 y RD$414, reflejando el impacto que siguen teniendo los costos de los alimentos en la economía familiar.
La expectativa de miles de ciudadanos es que los artículos de la canasta básica puedan reducir sus precios en los próximos meses.
De acuerdo con consultas realizadas en portales de supermercados y establecimientos comerciales, la libra de muslo de pollo entero importado se vende a RD$60; el filete de pechuga a RD$159; los muslos enteros criollos a RD$178; y los muslos tipo bate a RD$260.
En el caso de las carnes, el cerdo para guisar promediaRD$120 por libra en supermercados y alrededor de RD$170 en colmados.
Los paquetes de arroz de 10 libras se encuentran entre RD$327.95 y RD$444, mientras que en los colmados la libra de arroz selecto y de marcas reconocidas oscila entre RD$40 y RD$50.
Por otro lado, las habichuelas se venden a RD$65 la libra; el salami de dos libras alcanza los RD$235; y el paquete de cuatro unidades de ajo selecto cuesta RD$60. En los colmados, la libra de ajo ronda los RD$300.
Asimismo, una funda de pan de 10 unidades se comercializa entre RD$60 y RD$75. Los cubitos de pollo cuestan RD$10 la unidad o dos por RD$15, mientras que los sobres de salsa se venden a RD$20.
La leche entera de un litro se encuentra alrededor de RD$55 en supermercados, aunque en algunos colmados alcanza los RD$100, una diferencia que evidencia la variación de precios entre los distintos canales de comercialización.
Con este panorama, las medidas económicas anunciadas por el Gobierno llegan en un contexto marcado por el elevado costo de los alimentos, una realidad que mantiene la expectativa de los consumidores sobre posibles alivios en el gasto familiar durante los próximos meses.
AVANCES Y DESAFÍOS DE LA PROTECCIÓN SOCIAL
Paradójicamente, estas condiciones conviven con avances importantes en materia de protección social. El hecho de que casi el 98 % de la población esté asegurada constituye uno de los mayores logros del sistema dominicano en las últimas décadas. No obstante, la sostenibilidad de estos avances dependerá, en gran medida, de la capacidad del país para generar más empleos formales y mejor remunerados.
Los especialistas coinciden en que la formalización del empleo debe convertirse en una prioridad estratégica. Un mercado laboral más formal fortalece la recaudación, amplía la base contributiva del sistema de seguridad social y mejora la capacidad de las familias para enfrentar períodos de incertidumbre económica.
UNA ECONOMÍA RESILIENTE CON RETOS PENDIENTES
La economía dominicana ha dado muestras de fortaleza frente a crisis anteriores. El dinamismo del turismo, las remesas y la inversión extranjera han contribuido a sostener el crecimiento económico, incluso en momentos complejos. Sin embargo, las cifras sobre informalidad y salarios evidencian que una parte importante de la población continúa expuesta a los efectos de las perturbaciones externas.
El verdadero reto para el país no consiste únicamente en mantener tasas positivas de crecimiento, sino en garantizar que ese crecimiento se traduzca en empleos dignos, mayores ingresos y una reducción efectiva de la vulnerabilidad social. En un mundo cada vez más interconectado e impredecible, fortalecer la capacidad de respuesta económica implica mirar más allá de los indicadores macroeconómicos y atender las condiciones reales en las que viven y trabajan millones de dominicanos.
La incertidumbre internacional continuará siendo una constante en los próximos años. La capacidad de República Dominicana para enfrentarla dependerá no solo de la solidez de sus instituciones económicas, sino también de su éxito en la construcción de un mercado laboral más inclusivo, productivo y capaz de ofrecer oportunidades de bienestar a toda la población.
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