Gobierno de Cuba busca apoyo en el pueblo frente a una posible invasión militar de Estados Unidos

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El Gobierno cubano ha reforzado su estrategia defensiva basada en la participación masiva de los ciudadanos, luego de que el pasado 3 de enero la captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses —operación que dejó 32 cubanos fallecidos— encendiera las alarmas en La Habana. Desde entonces, las autoridades realizan revisiones semanales de los preparativos militares y civiles en distintos puntos de la isla.

La isla ha desempolvado el concepto de «Guerra de todo el pueblo», doctrina concebida en los años 80 que, al estilo vietnamita, no pretende repeler una invasión sino hacer insostenible una ocupación mediante el desgaste humano y material. «Aquí no habrá ni sorpresa ni derrota», advirtió el presidente Miguel Díaz-Canel a principios de mayo, en un contexto de máxima presión por parte de Washington.

Estados Unidos, que mantiene la opción militar sobre la mesa, ha elevado el tono con declaraciones como las del secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien desde la base de Guantánamo instó a Cuba a no buscar una confrontación que «no podrían soportar». Sin embargo, expertos consideran que una invasión total sería una empresa costosa y arriesgada.

Siemon Wezeman, investigador del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), señala que el arsenal cubano está «anticuado», con material de los años 70 y 80, y que la última entrega de armamento documentada data de hace más de dos décadas. Las fuerzas aéreas y navales son «extremadamente pequeñas» y los tanques disponibles —de dos o tres generaciones atrás— apenas la mitad podrían estar operativos. La infantería irregular, aunque numerosa, solo cuenta con armas ligeras.

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«Una acción como la de Venezuela no encontraría resistencia aquí, pero una invasión de la isla podría derivar en una guerra sucia», afirma Wezeman, quien reconoce que el volumen del ejército actúa como un factor disuasorio, aunque en términos armamentísticos «no son de temer». La apuesta de La Habana, en definitiva, es que la participación de todo el pueblo compense la inferioridad tecnológica.

Fuente: N Digital

Milton Jerez