Lo que comenzó en 2022 como una respuesta de emergencia a la invasión de Ucrania, después de las recientes presiones de Estados Unidos, se va consolidando como una estrategia de rearme estructural a largo plazo y una búsqueda acelerada de la ‘autonomía estratégica’.
Analizando … la actualidad, Europa, como decía, después de las presiones de Estados Unidos ha tenido que pasar de las promesas políticas a la entrega material de capacidades.
La inversión en defensa se encamina hacia niveles récord. Países como Alemania han movilizado planes masivos (500.000 millones de euros a 10 años), y el gasto conjunto de la región ya representa más del 21% del total global (frente al 17% en 2022).
El nuevo objetivo formalizado de la OTAN es elevar el gasto militar del 2% al 5% del PIB para 2035, con un enfoque en renovar carros de combate, defensa aérea y aviación. Por ello, no obstante las dificultades, los Proyectos como el FCAS (Sistema de Combate Aéreo de Futuro) y el MGCS (carro de combate europeo) han pasado de la fase de diseño a la de ejecución industrial activa.
Las perspectivas estratégicas industriales son una clave muy importante para Europa que debe dar forma a una industria propia, menos dependiente de Estados Unidos, sobre todo si las declaraciones del presidente Donald Trump de reducir la presencia militar americana en la UE se hacen realidad.
En este sentido se tiene que evidenciar que Europa ha puesto en marcha iniciativas como el Programa EDIP aprobado a finales de 2025 y con un presupuesto de 1.500 millones de euros (2025-2027), un nuevo instrumento financiero (European Defence Industry Programme) que busca consolidar las compras conjuntas de armamento, incentivando que los Estados miembros adquieran equipos fabricados en suelo europeo.
Además, también es clave para Europa una autonomía tecnológica que reduzca las dependencias externas en microchips, materias primas críticas y servicios en la nube para uso militar.
Es positivo señalar que España sobre la nube se ha consolidado como una pieza clave en el eje trilateral junto a Francia y Alemania, movilizando cerca de 198.000 millones de euros hasta 2030 para modernizar sus capacidades industriales.
Desafíos inminentes
La tendencias tecnológicas en el 2026 con la guerra moderna ha redefinido las prioridades e invita Europa a tener en cuenta inversiones en:
•IA Agéntica: la Inteligencia Artificial ya no es experimental; se integra en sistemas autónomos de planificación de misiones y reconocimiento de amenazas en tiempo real.
•Defensa Multi-Dominio (MDO): un enfoque total en la interoperabilidad, donde sistemas de tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio se comunican instantáneamente.
•Producción autonoma de Drones: tras las lecciones de Ucrania, debe haber una inversión masiva en enjambres de drones y sistemas de defensa contra los mismos.
Concluyendo: por primera vez, el sector de la defensa es visto no solo como una necesidad de seguridad, sino como un motor de innovación industrial y crecimiento económico en la eurozona, con empresas de defensa creciendo en bolsa a tasas muy superiores a las de sus homólogas americanas. Por primera vez, se intenta mitigar el volumen de inversión pensando a compras conjuntas lideradas por la Comisión Europea.
Por primera vez, la inversión en defensa, no obstante las dificultades sociales y electorales, se considera tan importante que se propende para una emisión de ‘eurobonos de defensa’ o exenciones al déficit por gasto militar. El reto es escalar la producción industrial para rellenar los arsenales vacíos.
La transición a la cual Europa debe aspirar es convertirse en un ‘pilar fuerte’ dentro de la OTAN, no solo un cliente y, para cualquier eventualidad, ser definitivamente más fuerte también autónomamente.


