¿Se imagina trabajar 24 horas continuas y recibir pago solo por 13 horas? Y, ¿se imagina llegar a viejito con el sabor agridulce de haber cuidado durante muchos años a decenas de pacientes y cuando las canas le llenen la cabeza, tener que enfrentar la angustia de no tener dinero suficiente para vivir dignamente y no contar con nadie que lo cuide?
Pues Magdalena López no se lo imagina. A ella no tienen que contárselo. Ella sabe lo que es eso. Lo vivió en carne propia. Y las cicatrices de su cuerpo y el dolor en sus ojos lo cuentan a todo pulmón.
A solo dos meses de haber cumplido 67 años, con problemas en los huesos, un par de hernias discales y casi nada en el banco, la antigua cuidadora siente con evidente frustración que haber sido “home attendant” en “la Ciudad de las oportunidades”, no valió la pena. Ella perdió.
Su lamento crece más ahora que asegura estar “toda desbaratada” y “sin mucho qué pueda hacer”. Apretando los dientes y moviendo la cabeza de lado a lado, como no dando crédito por la manera en que gastó buena parte de su vida, la inmigrante colombiana, quien llegó a Nueva York en la década de los 90′, con un montón de sueños, sufre su suerte. Los sueños la abandonaron.
“Mi vida me la pagaron a mitad de precio. Esa es la verdad, porque trabajar es eso. A uno le pagan una cantidad de dinero por las horas de vida que uno entrega. Y se siente bien feo saber que todavía en este siglo y en esta ciudad, la gente tenga que pelear por algo tan básico como hacer que nos paguen todas las horas que trabajamos”, asegura la experimentada exdomiciliaria.
Magdalena se refiere a la manera en que ha funcionado en la Gran Manzana el sistema de prestación de servicios domiciliarios, que permite que trabajadoras que cumplen turnos de 24 horas, solo reciban pago por 13 horas. En teoría, se presume que el resto del tiempo están “durmiendo o descansando”, lo que en la realidad de las “home attendants”, es puro cuento.

“Hoy, cuando miro hacia atrás y veo que permití que me pagaran lo que las compañías queisieron, sintiendo que como inmigrante yo no tenía los mismo derechos para reclamar, me da rabia conmigo misma. Ahora estoy vieja y vuelta nada. Ya perdí. Para mi nada va a cambiar. Pero me duele ver que otras cuidadoras que siguen jodiéndose en esta ciudad, las siguen tratando como esclavas”, comenta la extrabajadora. “Yo fui home attendant más de 25 años, mayormente haciendo turnos de 24 horas. Y solo me pagaron por la mitad de las horas. Eso es un eterno robo disfrazado contra mujeres. Tiene que acabarse”.
Mireya Silva, originaria de República Dominicana, quien se jubiló hace casi 10 años, tras dedicarse al oficio de cuidadora domiciliaria, durante casi dos décadas, tiene quejas similares sobre “lo injusto” que en su experiencia fue “entregarle” sus últimos años de vida laboral al cuidado de pacientes en sus casas. No se arrepiente de haber hecho ese oficio, pero no se resigna a que no haya justicia con sus pagos.
“Yo trabajé 17 años como Home attendant y de tanto empujar sillas de ruedas, me dañé las muñecas. Hace poco me operaron el brazo, no puedo levantar la mano ni nada por culpa de ese trabajo que es muy desgastante y malagradecido”, asegura la madre inmigrante, de 74 años. “Es muy injusto haber trabajado media vida cuidando gente y llegar a esta edad con un montón de dolores y llevar años para que haya justicia con uno y le paguen a uno lo que nos robaron. Yo ya llevo más de 10 años en esta pelea para que me devuelvan mis chelitos. Por eso estoy peleando y sigo peleando, aunque duele ver que muchas murieron. Muchas murieron solitas y viejas, sin que a nadie le importara”.

La excuidadora domiciliaria, quien llegó a Nueva York en 1986, y quien asegura que dejó sus antiguos trabajos en el aeropuerto y limpiando oficinas para sumarse a la industria del cuidado domiciliario con la esperanza de tener una mejor vida laboral, confiesa que su oficio la desgastó mucho. No solo en cuestiones de salud sino que también se perdió muchos momentos al lado de su familia.
“Hay quienes piensan que hacer esto es fácil. Pero, qué va a ser fácil uno cuidando una gente con Alzheimer. Una de mis pacientes dormía de día el día entero y la noche era pa’ ella pa’ andar de arriba pa’ bajo en toda la casa y uno ahí detrás pa’ que no se fuera a salir. Yo le cerraba la chapa hasta arriba y ella ponía una silla para abrir y salirse. Así quién va a poder dormir”, asegura Mireya.
“Uno con esos turnos de 24 horas, no solo pierde horas de vida sin pago sino que uno tiene que dejar a sus hijos, a su esposo y todo y ni siquiera por un pago. Entonces no vale la pena. Da rabia que a uno lo roben así. Fue mucho el dinero que me robaron que no tengo idea cuánto me robaron. pero ese sí que es un robo de los grandes”, se queja la dominicana.

Otro de los grandes dolores de cabeza que Mireya narra es que sin tener la formación necesaria, los cuidadores domiciliarios deben lidiar siempre con todo tipo de pacientes, incluyendo personas con condiciones físicas y mentales con las que no es fácil lidiar, como la paciente que tuvo varios años y que padecía Alzhaimer. En esos casos el cuidado debe ser pleno y no es posible pensar en descansar en medio de los turnos dobles.
“A mi me decían las familiares de ella que durmiera en el día, cuando ella se ponía a dormir, pero así no son las cosas. También piensan que uno se duerme en las noches, pero al realidad es que uno debe estar con los ojos bien abiertos en todo momento, porque en un segundo cualquier cosa puede pasar. Por esos son gentes que requieren cuidado”, comenta la caribeña. “Eso no es fácil, no. Y nosotros no estábamos preparadas para eso. Por eso mi consejo a la gente nueva es que no acepte turnos de 24 horas, porque les van a robar 11 horas y que tampoco acepten casos muy complicados ni gente en sillas de ruedas, porque eso te acaba el cuerpo”.
Y mientras sigue en su lucha para que le paguen lo que asegura “se merece”, porque trabajó muy duro, al mirar atrás su oficio de cuidadora domiciliaria, es contundente al afirmar que tiene dos cosas claras.
“La primera es que voy a seguir luchando por los chelitos que me quitaron. Yo sería feliz de la vida con ese dinero porque me iría a pasear a muchos sitios, porque me encanta pasear. Y la segunda, si pudiera cambiar las cosas y volver atrás, nunca hubiera hecho eso de trabajar 24 horas. Ni hubiera dejado a ninguna que agarre turnos así ni casos de sillas ni aunque les pagaran más”, comenta con resignación en el rostro, pero esperanza en sus palabras de que la cosa cambie para sus colegas del gremio actual.
Rodeada de otras cuidadoras que llevan casi una semana a las afueras de la sede del Concejo Municipal en medio de una huelga de hambre para presionar a la presidenta del organismo legislativo, Julie Menin, para que “cumpla su palabra” y someta a votación un proyecto de ley que pondría fin a los turnos de 24 horas, Mireya recalca que no bajarán la guardia y que la batalla continúa, aunque le duela el cuerpo.
Y aunque las arengas contra la jefe del organismo legislativo crecen para que “ayude a poner fin a los abusos” contra las trabajadoras domiciliarias, 71% de ellas mujeres y 40% latinas, desde la oficina de Menin insisten en que entienden el sufrimiento que padecen. Sin embargo dejan claro que por ahora siguen “analizando el proyecto de ley que busca poner fin a los turnos de 24 horas”.
Mireya urge a todos a que llamen a la oficina de Menin y que nadie más en Nueva York pase por las que ella tuvo que pasar. A ella nadie se lo contó. Ella lo vivió en carne propia y las cicatrices en su cuerpo por los turnos largos cuentan el drama que hoy siguen viviendo miles de cuidadores.
Datos
- 147,144 se estima el número de cuidadores de atención domiciliaria en Nueva York
- 71% de los trabajadores de atención domiciliaria son inmigrantes
- 40% casi son latinos
- 89% de los trabajadores de atención domiciliaria son mujeres
- $19.65 por hora es el salario que ganan buena parte de los cuidadores en la ciudad
- 12 años lleva la pelea de los “home attendants” contra los turnos de 24 horas impagos
- 13 hora es el pago máximo que otorgan las compañías en turnos de 24 horas
- 11 horas no se pagan, según las empresas, porque los cuidadores ese tiempo duermen o descansan en una casa
- 8 horas supuestamente son de sueño para el trabajador
- 5 horas de sueño ininterrumpido exige la ley para no pagar las 24 horas
- 3 horas más, supuestamente son horas para comer
- 12 horas por turno han empezado a promover agencias pequeñas que prestan servicios de cuidado domiciliario
- El proyecto de ley municipal ‘No más 24 horas’ que trabajadores exigen apruebe el Concejo Municipal, limitaría las horas de trabajo a 12 horas dentro de cualquier período de 24 horas
- 50 horas sería el máximo permitido para trabajar por semana
- Trabajadoras domiciliarias llevan varios días en una huelga de hambre para presionar al Concejo, a las afueras de la sede municipal
- Si quiere llamar a la Oficina de la Presidenta del Concejo para apoyar el clamor de las cuidadoras puede discar el (212) 7887210


