En este “pueblo fantasma” los pocos pobladores que quedan retan al narco y se resisten a unirse a sus filas #FVDigital

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En lo profundo de la sierra de Guerrero, la comunidad de Guajes de Ayala se ha convertido en un símbolo de resistencia frente al crimen organizado. En la actualidad, este poblado es prácticamente un “pueblo fantasma”, con calles vacías y viviendas abandonadas tras años de violencia y desplazamiento forzado.

De acuerdo con el diario El Financiero, el lugar vive bajo el asedio del grupo criminal La Nueva Familia Michoacana, lo que ha obligado a sus habitantes a organizarse en autodefensas para proteger su territorio ante la ausencia del Estado.

La violencia ha provocado un éxodo masivo: de aproximadamente 1,600 habitantes, la población se redujo a cerca de 400 personas. Muchas familias huyeron caminando durante horas por la sierra para escapar de reclutamientos forzados y enfrentamientos armados.

Quienes permanecen viven en un entorno de miedo permanente, donde los servicios básicos prácticamente han desaparecido. Escuelas y clínicas han cerrado, y la vida cotidiana se ha paralizado, según informó el medio citado luego de un recorrido por la comunidad.

Grupos de autodefensas

Las autodefensas surgieron en 2020, cuando el cártel intentó tomar el control del territorio, clave para rutas del narcotráfico hacia el puerto de Acapulco. Ante la presión criminal y la falta de seguridad oficial, los pobladores decidieron armarse.

Actualmente, alrededor de 50 hombres integran este grupo, que patrulla la zona con armamento de alto poder y vigilancia con drones. A pesar de sus limitaciones, aseguran que su objetivo es claro: no someterse a ningún grupo criminal.

El panorama en Guerrero es especialmente complicado debido a la fragmentación de cárteles y la proliferación de grupos armados. En algunos casos, las propias autodefensas han sido cooptadas por organizaciones criminales, convirtiéndose en fuerzas paramilitares.

Sin embargo, los habitantes de Guajes de Ayala sostienen que buscan mantenerse independientes, aunque reconocen que la presión es constante y las condiciones son desiguales frente al poder del narcotráfico.

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Incertidumbre y abandono

Pese a los esfuerzos del gobierno federal por reducir la violencia, los pobladores consideran que su realidad no ha cambiado.

La falta de presencia institucional y el aislamiento geográfico mantienen a la comunidad en una situación crítica.

Además, existe temor de que la reconfiguración de los cárteles en la región desate nuevos episodios de violencia, lo que podría agravar aún más la crisis humanitaria en esta zona de la sierra.

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