El ejército de EE.UU. apresó este domingo un carguero con bandera de Irán en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz, en la primera interceptación de un barco iraní desde que comenzó el bloqueo naval de la Armada estadounidense. La operación militar arroja más dudas … sobre la posibilidad de un acuerdo inminente entre ambos países, a pesar de que Donald Trump anunció ese mismo día que una delegación estadounidense estará en Pakistán el lunes para una nueva ronda de conversaciones con los representantes de la teocracia iraní.
El apresamiento del barco iraní fue anunciado por el propio Trump en sus redes sociales. «Hoy, un carguero con bandera iraní llamado ‘Touska’, de casi 900 pies de eslora y con un peso casi tan grande como de un portaaviones, trató de atravesar nuestro bloqueo naval y no le fue bien», escribió el presidente de EE.UU. Trump detalló que la operación ocurrió en el Golfo de Omán, que los estadounidenses dieron advertencias al buque para que se detuviese y que los iraníes «no quisieron escuchar». El barco, cuyo viaje tenía origen en Malasia, fue interceptado por el destructor estadounidense ‘USS Spruance’, que hizo «un agujero en su sala de máquinas». «Ahora mismo, los marines tienen la custodia de la nave y el ‘Touska’ está bajo el régimen sancionador del Departamento del Tesoro por su historial de actividades ilegales», añadió.
La captura del barco iraní complica todavía más la situación en Ormuz, el paso marítimo que se ha convertido en la gran carta militar y estratégica de Irán en la guerra: el impacto económico global de su cierre -por aquí pasa una quinta parte del petróleo y del gas- es una de las pocas bazas negociadoras de Teherán. Y, de fondo, la operación militar cuestiona la posibilidad de un entendimiento inmediato entre EE.UU. e Irán, aunque solo sea para seguir negociando, antes de que acabe la tregua concedida por Trump este miércoles.
Teherán no había confirmado este domingo por la noche su participación en las negociaciones en Pakistán, donde Trump ha mandado el mismo equipo que en la primera ronda, cerrada sin resultados positivos el pasado fin de semana: estará liderado por su vicepresidente, JD Vance, y por sus negociadores principales, su amigo Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner.
Al contrario, los medios estatales iraníes sostenía el domingo por la noche que el Gobierno del régimen iraní no tenía previsto participar en esas conversaciones, por mucho que Trump hubiera anunciado el envío de su delegación a Islamabad, la capital de Pakistán.
«Actualmente no hay planes para participar en la próxima ronda de conversaciones entre Irán y EE.UU.», dijo la emisora estatal IRIB, citando fuentes iraníes.
Las negociaciones ya venían tocadas por varios frentes, después de que el reciente acuerdo para una tregua de diez días entre Israel y el anuncio iraní de la reapertura de Ormuz calentaran la posibilidad del acuerdo entre Irán y EE.UU.. Trump llegó incluso a decir el viernes que se lograría «en uno o dos días» y que Irán había aceptado entregar su uranio enriquecido y renunciar al arma nuclear.
Pero la decisión de Trump de mantener su bloqueo naval en Ormuz llevó a Irán a volver a cerrar el estrecho. Los ataques iraníes del sábado a dos barcos han sido respondidos ahora con la captura estadounidense de su buque. Mientras tanto, en el Líbano la tregua muestra su fragilidad y los iraníes niegan de forma tajante que hayan aceptado entregar el uranio enriquecido.
Todo en medio de una atmósfera de reproches cruzados que no invita al optimismo: los iraníes acusan a EE.UU. de perseguir objetivos maximalistas, Trump amenaza a Teherán con bombardear sus infraestructuras civiles. Y el final de la tregua de Trump a Irán, que concluye este miércoles, se aproxima.


