En el Congreso hay dos leyes agonizando y nadie ha mandado flores. La Ley de Libertad de Expresión y Medios Audiovisuales ya perimió en el Senado, sin consensos ni llanto. El Código de Trabajo, con más de treinta años encima, respira con dificultad entre los Diputados. Un senador calificó el retraso de «misterioso», como si no supiéramos quién empuja y quién frena. Aquí nos indignamos por un video de TikTok, pero no por la ley que regula la jornada de ocho horas. Morir por perención es la forma elegante de matar una reforma sin tener que defenderla en público. ¿A quién le conviene tanto silencio?
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