¿Cómo acceder a oportunidades económicas a través de la Inteligencia Artificial? #FVDigital

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La comunidad hispanohablante —desde los latinos en Estados Unidos hasta América Latina y España— ya no es solo una fuerza demográfica: es una de las economías más dinámicas del planeta. Sin embargo, esa expansión convive con una brecha persistente en acceso a servicios financieros, crédito y generación de riqueza.

La pregunta ya no es si participamos en la economía digital. La evidencia muestra que sí, y a veces más rápido que otros. Los latinos en Estados Unidos adoptan plataformas de IA a tasas entre 25% y 30% más altas que el promedio nacional. De acuerdo con la CEPAL, América Latina concentra el 14% de las visitas globales a soluciones de IA pese a tener solo el 11% de los usuarios mundiales de internet. El verdadero desafío es otro: cómo pasar de ser usuarios a constructores.

Hoy, herramientas como la inteligencia artificial, el blockchain y las plataformas fintech están redefiniendo quién accede a oportunidades económicas. Según datos de Brookings, los hispanos en Estados Unidos adoptan servicios fintech a tasas más altas que otros grupos, impulsados por barreras históricas en el sistema financiero tradicional y la búsqueda de alternativas más accesibles.

Pero la adopción no es lo mismo que la construcción. Y aquí está el dato que cambia la conversación: el Anthropic Economic Index, que analiza patrones reales de uso de IA en el mundo, encontró que los usuarios experimentados de IA logran significativamente más éxito automatizando tareas que los recién llegados, abriendo una brecha creciente entre usuarios avanzados y principiantes. La mayoría participa en plataformas y servicios de pago. Pocos están desarrollando productos o capturando valor dentro de esa nueva infraestructura. Ahí se define la verdadera brecha económica del futuro.

La oportunidad es enorme. La economía latina en Estados Unidos podría alcanzar los 5.7 billones de dólares hacia 2029, y la IA podría sumar hasta un billón de dólares adicionales a la economía latinoamericana para 2038. Sin embargo, el acceso a herramientas de inversión, crédito y desarrollo tecnológico sigue siendo desigual.

La IA está democratizando el acceso al conocimiento financiero: hoy cualquiera puede entender conceptos complejos, comparar productos del gobierno, analizar inversiones inmobiliarias o evaluar acciones sin depender de un asesor tradicional. Es un apoyo, no una sustitución; cada persona sigue siendo responsable de su propia investigación. Pero su impacto no termina ahí: la IA también se está convirtiendo en una infraestructura de creación de negocios. Permite levantar un producto mínimo viable en semanas, generar sitios web y aplicaciones a una fracción del costo anterior, y abrir verticales completas —consultoría en implementación de IA, agencias de marketing automatizadas, estudios de desarrollo— que hace dos años requerían equipos enteros y capital significativo.

Blockchain, por su parte, está redefiniendo la infraestructura financiera. Desde remesas hasta sistemas de pago, permite operar sin intermediarios y ampliar el acceso. Especialmente relevante en una comunidad donde el envío de dinero entre países sigue siendo un componente clave de la economía familiar.

Pero ninguna tecnología, por sí sola, cierra una brecha. La variable crítica es la educación. Y los números dejan clara la asimetría: la CEPAL señala que América Latina recibe apenas el 1.12% de la inversión global en IA pese a representar el 6.6% del PIB mundial. Usamos más, construimos menos.

No solo educación financiera tradicional, sino una nueva alfabetización digital: entender cómo funcionan estas herramientas, cómo se construyen y cómo generar valor a partir de ellas. Porque quien entiende la tecnología puede usarla, pero quien la construye define las reglas.

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La ventana es corta. La oportunidad de lanzar proyectos serios con IA se mide en meses, no en décadas. La acción concreta para cualquier profesional o emprendedor hispanohablante es aprender más de finanzas y de tecnología aplicada al trabajo o al negocio propio, y empezar a usar la IA no como buscador, sino como infraestructura de creación.

Y conviene mirar lo que viene después. Las siguientes olas ya están despegando: la robótica humanoide, la biotecnología y la edición genética, la longevidad y la medicina preventiva y los agentes autónomos de IA, que están pasando de asistir a ejecutar.

La oportunidad es clara: convertirnos en protagonistas de la nueva economía digital. Porque en esta economía, no gana quien usa la tecnología. Gana quien la diseña. Y quien hoy construye con IA, mañana entra a la siguiente ola con ventaja.

(*) Ana Belén González, fundadora de Ethereum México.

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