El cine de justicieros urbanos encuentra su propuesta más problemática en las salas de cine actuales. Bajo la dirección del siempre controvertido realizador alemán Uwe Boll, se presenta Citizen Vigilante, un largometraje de serie B que, lejos de servir como una plataforma digna para el regreso a la industria de su protagonista, Armie Hammer, ha sido calificado de inmediato por la crítica como un ejercicio de explotación incoherente y moralmente corrupto. La cinta sigue los pasos de Sanders, un estadounidense residente en el extranjero que decide tomarse la justicia por su mano para erradicar de forma violenta a los inmigrantes criminales que, según su sesgada visión, invaden el territorio europeo.
Una narrativa confusa y un retrato xenófobo del vigilantismo
A lo largo del metraje, el personaje de Hammer financia sus sangrientas misiones de venganza gracias a las rentas que percibe de una red de propiedades heredadas de su difunto padre. En lugar de ofrecer una reflexión profunda sobre las fisuras del sistema legal y el costo psicológico de la violencia, Boll construye un guion plano y desestructurado donde el protagonista se dedica a convencer a las víctimas de delitos graves de que su brutal método de castigo resulta más catártico que la ley. Con un metraje estirado de forma artificial y un discurso abiertamente xenófobo, la interpretación de Hammer carece de la chispa y el carisma que exhibió en el punto más alto de su carrera en Hollywood.
Críticas feroces hacia una dedicatoria oportunista
La trama introduce también al actor Costas Mandylor en el papel de Henry, el cansado jefe de la Interpol que intenta seguir el rastro de este enigmático asesino viral, a pesar de las nulas habilidades de Sanders para ocultar sus huellas y manifiestos digitales. La cinta, cuyo título original iba a ser irónicamente The Dark Knight antes de sufrir impedimentos legales, concluye con una polémica dedicatoria a las víctimas de agresiones en Europa. Este movimiento ha sido tildado por los especialistas de mera pretensión para encubrir un producto oportunista que utiliza el sufrimiento real como pretexto para justificar su desmedida brutalidad armada.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


