Mientras se celebraba una gran fiesta popular ante el Parlamento para festejar el cambio de gobierno en Hungría el pasado fin de semana, su nueva responsable diplomática, Anita Orbán, charlaba de forma distendida con varios periodistas. En su conversación reveló que, 48 horas antes … de su nombramiento como primer ministro, había acompañado a Péter Magyar a Roma, donde mantuvieron una reunión con Giorgia Meloni para confirmar las bases de una «estrecha colaboración» entre Italia y la nueva Hungría. También confirmó que está en marcha una visita oficial a Varsovia y a Viena, así como que el equipo de Exteriores está ya trabajando en su participación en la próxima cumbre de la OTAN, en la que Hungría desea jugar un papel «constructivo». A partir de ahora, la política exterior de Magyar pivotará sobre esta diplomática de carrera experta en energía.
La nueva ministra de Exteriores húngara, que jura su cargo este martes, nació y creció en la pequeña localidad rural de Berettyóújfalu, en 1974, y se describe a sí misma como «una auténtica chica de campo con agallas». Se graduó en Economía en la Universidad Corvinus de Budapest y comenzó a trabajar en el sector privado como responsable financiera de Matáv, hoy Magyar Telekom. Pronto entendió, sin embargo, que en el siglo XXI el partido de la economía se juega en terreno global, por lo que pidió una beca que le permitió formarse en Estados Unidos en Historia y en Derecho Internacional y Diplomacia, con un doctorado por la Fletcher School. Su investigación doctoral se centró en la expansión de las empresas rusas en Europa después de 1990.
Aquel trabajo de doctorado cristalizará después en el libro titulado ‘Power, Energy and the New Russian Imperialism’ –’Poder, energía y el nuevo imperialismo ruso’–, en el que prevenía contra la dependencia energética de Rusia a los países de Europa Central y Oriental que causó graves problemas a su carrera. El Gobierno de Orbán no vio con buenos ojos sus ideas sobre la diversificación de la cartera energética y puso fin a su trabajo como embajadora itinerante para la seguridad energética de Hungría, representando al país en foros internacionales del sector y en instituciones como el Parlamento Europeo y el Congreso de Estados Unidos, en las que llegó a establecer valiosos contactos.
Su experiencia la ha consolidado como una de las más autorizadas voces en materia energética y geopolítica de la región. El European Leadreship Network la describe como «una de las principales expertas regionales en seguridad energética» y destaca su papel como directora del Constellation Energy Institute, lo que le sirvió para ganarse la vida de nuevo en el sector privado cuando cayó en desgracia ante el Gobierno húngaro. Desde entonces ha sido vicepresidenta de Tellurian LNG, asesora de Cheniere Marketing Ltd y directora de Asuntos Externos de Vodafone. En 2018 recibió el Premio a la Mujer Ejecutiva del Año, en los Premios de Energía (Energy Awards), en reconocimiento a su posición de liderazgo.
Cuando Péter Magyar la presentó como responsable de su equipo de Exteriores, Anita Orbán expuso su intención de un giro radical respecto a lo que venía haciendo Viktor Orbán. El anterior primer ministro húngaro se diferenció por sus gestos de provocación, su lenguaje agresivo y por un papel desleal de cara a los socios de la UE y de la OTAN, en virtud de su amistad personal con Vladímir Putin. «La política exterior no es una competición de volumen, sino un trabajo estratégico discreto y consciente», ha descrito cómo entiende su labor, y ha dejado claro que «Hungría tiene su lugar en Europa y construyendo relaciones internacionales sólidas, que es la base del éxito común».
Desde Fidesz se ha criticado su perfil y se ha descrito a Anita Orbán como «parte de la élite globalista vinculada a redes socialistas y organizaciones atlantistas», basándose en su relación con Globsec y con el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Su programa es básicamente lo contrario de la política que llevaba a cabo su predecesor, Szijártó, cuyas comunicaciones con su homólogo ruso Lavrov rayaban en la pleitesía, según varias conversaciones telefónicas publicadas durante la campaña electoral.
«Hungría tiene su lugar en Europa y construyendo relaciones internacionales sólidas, que es la base del éxito común»
Anita Orbán se propone reconstruir las relaciones con la UE, reforzar la cooperación trasatlántica, diversificar la política energética y reposicionar a Hungría como un actor fiable y profesional de las relaciones internacionales. Su perfil técnico y su experiencia internacional sugieren que hará una diplomacia más pragmática que ideológica y comparte el concepto de gobierno que expuso durante su nombramiento Péter Magyar. Ella también insistía el sábado en que «estoy aquí para servir».
Cauta, guarda un estricto silencio sobre las intervenciones internacionales de Donald Trump, quien apoyó en campaña al anterior Gobierno. Anita Orbán no ha hecho hasta el momento declaraciones sobre Venezuela, Irán o Gaza y se ha limitado a mantenerse en un marco conceptual occidental a favor de la OTAN. Defiende que Hungría debe estar «firmemente anclada en Occidente» y abandonar la «política pendular» este-oeste. Además, aboga por la cooperación trasatlántica y el alineamiento con EE.UU. y la UE, aunque está claro que su estilo es muy distinto al de Donald Trump.


