Altagracia Mancebo: Sobrevivió a las balas, pero vive con miedo

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Cuando Altagracia Mancebo recuerda aquella tarde y todavía le cuesta creer que sigue viva. En conversación con N Digital, la joven reconstruyó los minutos de terror que marcaron su vida para siempre.

Todo comenzó cuando contactó a nuestra redacción para pedir ayuda. Su llamado encendió las alarmas y dejó al descubierto el miedo con el que ha vivido desde aquel día. Al otro lado del teléfono se escuchaba una voz serena y pausada, pero cargada de dolor. Hablaba con tranquilidad, aunque cada palabra reflejaba el peso de una tragedia que aún la persigue.

Mientras relataba lo ocurrido, era imposible no percibir el temor que guardaba por dentro. Con detalles precisos, recordó cómo pasó de compartir una tarde familiar junto a su madre, su padrastro y su hija de apenas un año a convertirse en víctima y testigo de una escena de violencia que dejó un hombre muerto, dos mujeres heridas y una niña que lo presenció todo.

Sin alzar la voz y haciendo pausas para contener las emociones, Altagracia fue narrando uno a uno los momentos que todavía la persiguen. Lo hizo como quien revive una pesadilla de la que nunca ha logrado despertar por completo.

Pero la historia no comenzó aquel día.

Según cuenta, durante meses intentó poner fin a una relación marcada por los celos, las acusaciones constantes y el miedo. Conoció a Eddy Ariel Díaz González, sin imaginar que con el tiempo su vida daría un giro tan dramático.

Explica que los problemas comenzaron a hacerse más evidentes después de quedar embarazada. Dice que él se volvió cada vez más controlador. Vigilaba sus movimientos, revisaba su teléfono y quería saber dónde estaba en todo momento. Incluso, asegura, llegó a perder un empleo debido a las constantes apariciones de él en su lugar de trabajo.

“Yo estaba cansada de tanto maltrato y de tantas acusaciones falsas. Él me acusaba de cosas que yo ni sabía”, recuerda.

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La joven relata que, aunque en ocasiones él le prometía cambiar y dejaba atrás algunas conductas por un tiempo, todo volvía a repetirse. También descubrió que consumía sustancias y que, según ella, después de hacerlo se transformaba por completo.

“Cuando consumía, después me acusaba de cosas que yo ni sabía. Yo vivía con miedo”, afirma.

Asegura que intentó ayudarlo y aconsejarlo para que abandonara esos hábitos, pero los cambios nunca duraban mucho.

Con el paso de los meses tomó una decisión definitiva: terminar la relación.

“Yo decía que si volvía con él, un día me iba a matar”.

La víspera de la tragedia, Díaz González volvió a buscarla. Quería que regresaran.

“Le expliqué que no podía volver con él porque nunca iba a cambiar. Cada vez era peor”, cuenta.

Fue al día siguiente cuando ocurrió todo.

Relata que todo pasó en cuestión de segundos. Estaba en su casa, cargando a su hija de apenas un año y terminando de peinar a su madre. La niña había quedado en su corral, justo frente a la habitación principal. Parecía una tarde cualquiera, hasta que un ruido llamó su atención.

“Escuché algo que venía a una velocidad increíble”.

Al mirar hacia atrás vio llegar a Díaz González. Según su relato, se desmontó de un vehículo con una pistola en la mano y le gritó una frase que todavía retumba en su memoria:

“Altagracia, te voy a matar”.

Ella y su madre corrieron desesperadamente hacia la habitación principal. Allí estaba su padrastro descansando. Apenas tuvo tiempo de advertirle.

“Le dije: ‘Párese, que viene con un arma en la mano’”.

Los nervios eran tantos que su madre no logró ponerle seguro a la puerta. Intentó bloquearla con un mueble, pero no fue suficiente.

Su padrastro apenas se inclinó en la cama, tratando de entender qué estaba ocurriendo, cuando recibió un disparo a quemarropa.

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“Nunca habló. Nunca dijo nada. Él le disparó y lo mató”.

Después, según cuenta, el agresor se dirigió hacia ella.

Altagracia recibió un disparo en uno de sus senos. La bala le atravesó un brazo mientras intentaba sobrevivir al ataque. Luego, asegura, el hombre intentó dispararle a su madre en la cabeza, pero el proyectil apenas le rozó el cabello. La mujer logró esconderse dentro del baño.

Mientras sangraba y trataba de mantenerse consciente, escuchaba una y otra vez la misma pregunta.

“¿Dónde está tu mamá? Que es a ella que la quiero matar”.

Pero para ella, lo más doloroso no fue únicamente la violencia. Fue que todo ocurrió delante de su hija.

“La niña presenció todo eso. Me vio correr. Me vio bañada en sangre”.

A pesar de estar herida, logró cargar a la pequeña por unos instantes antes de volver a colocarla en un lugar seguro para intentar pedir ayuda.

Todavía hoy recuerda la escena como si hubiera ocurrido hace apenas unos minutos.

“Fue Dios que me dejó de pie para seguir avanzando ese día”.

Según su relato, tras salir de la vivienda, Díaz González habría cometido otro crimen horas después. Altagracia asegura que se dirigió a una barbería en Los Alcarrizos, donde asesinó a un barbero conocido suyo.

“Lo llamó antes de ir. Le preguntó si estaba en la peluquería. Cuando llegó, lo mató. Nunca supo por qué murió”.

Desde aquel día, la joven asegura que no ha vuelto a tener contacto con él. Sin embargo, el miedo sigue presente.

“Tengo miedo porque él anda dispuesto a todo. Siempre decía que yo era para él y no para otra persona”.

Mientras intenta reconstruir su vida, también enfrenta las secuelas físicas y emocionales que dejó el ataque. Su madre, quien perdió a su compañero de 21 años, también sigue tratando de sobreponerse a la tragedia.

“Mi padrastro fue un excelente hombre. Nunca nos faltó en nada. Nos trató como si fuéramos sus hijos. Nosotros éramos todo para él”.

Hoy, Altagracia vive con la incertidumbre de saber que el hombre al que señala como responsable de aquella tragedia continúa prófugo.

Y aunque logró escapar de la muerte, confiesa que todavía hay noches en las que vuelve a escuchar aquel grito que cambió su vida para siempre:

“Altagracia, te voy a matar”.

Basado en el testimonio de Altagracia Mancebo.

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