
Caos y desolación en La Guaira. Los habitantes de la zona más afectada por los terremotos que sacudieron este miércoles a Venezuela claman por ayuda y reclaman la presencia de miembros de Protección Civil y demás organismos de seguridad para ayudar a rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros. La desesperación y el hambre se han apoderando de la población y ya se han comenzado a registrar los primeros saqueos en una zona donde todavía hay cuerpos en los costados de las calles.
Los seísmos de magnitud 7,2 y 7,5 han dejado en esta ciudad costera múltiples edificios totalmente colapsados de los que todavía sale humo blanco. Los gritos en búsqueda de familiares no paran. El trabajo de pico y pala y sin maquinaria está a cargo principalmente de los propios ciudadanos afectados. Los cuerpos de bomberos y policía no dan abasto, pese a que en la autopista que comunica a esta ciudad con Caracas se ha comenzado a ver el traslado de algunas maquinarias e incluso personas en moto cargando herramientas para excavar. Aunque el centro parecía menos afectado, casi una cadena de edificios sufrió un colapso total.
Gabriela Pérez, funcionaria pública y habitante de un edificio de la estatal Misión Vivienda, dijo a Efe que no han recibido ayuda en la localidad de Caribe. “Esto se prendió en candela con las bombonas (de gas…) y nosotros cómo podíamos sacábamos a la gente y nos la llevábamos a la avenida”, contó. “Aquí los funcionarios puras fotos, fotos, y no han tenido la voluntad para meterse”, criticó Pérez, quien busca a cuatro hijos y su madre bajo los escombros. A ella, los terremotos la sorprendieron cuando regresaba de los Tambores de San Juan, una fiesta tradicional venezolana declarada patrimonio cultural de la humanidad.
Efe pudo constatar el rescate de dos personas heridas, una mujer llamada Mayra y un niño en Caribe, pero también la recuperación de al menos tres cadáveres. Al otro extremo, en Playa Grande, llegó un cuerpo de bomberos con una decena de miembros, así como un equipo básico de rescate. Allí los cuerpos de al menos tres mujeres y una niña de dos años estaban al lado de un edificio que se encontraba al borde del derrumbe total. “Mamá, mamá, ¿por qué Diosito? ¿Por qué?”, gritaban dos hermanas desconsoladamente, mientras recibían el apoyo de allegados. En ese lugar, Amir, un joven de 16 años que permaneció doce horas bajo un edificio derrumbado, habría fallecido, según dijeron los lugareños. Los bomberos, sin embargo, no pudieron confirmar esa información.
Las caras de tristeza y llanto abundan en las calles, donde ya empieza a sentirse hambre. “Vamos a buscar qué comer, vamos a buscar qué comer”, dijo un joven a Efe que no quiso ofrecer más declaraciones. Mientras tanto, decenas de personas asaltaron en la localidad venezolana varios de los comercios destruidos por los terremotos. Subiéndose a los tejados de varios establecimientos desplomados y hasta atravesando calles totalmente rotas, grupos de personas entraron, como pudieron, a estos locales para llevarse alimentos, medicinas y hasta electrodomésticos como televisores lavadoras o aires acondicionados. Algunos sacaban los productos de sus cajas y se los llevaban en bolsas.
Efe pudo acceder a una de las sedes de las franquicias de farmacias del país, Farmatodo, en la zona conocida como Caribe y observó cómo sus anaqueles quedaron totalmente vacíos. “De un momento a otro comenzaron a romper una pared que es donde estaban las chucherías (golosinas), refrescos y demás y yo estaba aquí cargando mi teléfono”, contó a Efe Gabriel Aldana, de 18 años y residente de la ciudad de Caraballeda. Equipos antimotines bajaban por la vía que comunica a La Guaira con Caracas mientras ocurrían estos saqueos.
Venezuela fue sacudida este miércoles por dos fuertes terremotos con apenas 39 segundos de diferencia, de magnitud 7,2 y 7,5, respectivamente, que, según los datos más recientes, causaron al menos 188 muertos y 1.520 heridos. El Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos explicó que ambos temblores conformaron un “doblete sísmico”, un fenómeno en el que dos terremotos de gran magnitud ocurren con pocos segundos de diferencia en la misma zona.


