Keir Starmer, primer ministro británico y líder laborista, trató de reaccionar este sábado ante el batacazo del jueves en las urnas, anunciando el regreso a primera línea de dos figuras históricas del laborismo contemporáneo, el ex primer ministro Gordon Brown y la veterana dirigente Harriet … Harman, en un movimiento interpretado dentro y fuera del partido como un intento de reforzar una autoridad cada vez más cuestionada y de reflotar a una formación en crisis.
Downing Street confirmó que Brown ejercerá como enviado especial para finanzas globales y cooperación internacional, mientras Harman asesorará directamente al primer ministro en políticas relacionadas con mujeres y niñas, especialmente en materia de violencia machista, misoginia y representación femenina en la vida pública. Ambos fueron recibidos por Starmer en el número 10 este sábado.
Starmer afirmó que Brown ayudará a «construir una Gran Bretaña más fuerte». «Gordon está especialmente preparado para trabajar con nuestros aliados internacionales y reforzar la seguridad y la resiliencia del país», señaló.
El laborismo sufrió pérdidas severas en los comicios locales de Inglaterra, quedó reducido a una posición marginal en Gales tras casi tres décadas en el poder y vio cómo en Escocia el SNP consolida un quinto mandato consecutivo mientras Reform UK ha irrumpido con una fuerza inédita.
Starmer reconoció la gravedad del golpe. «Los resultados han sido realmente duros», admitió y volvió a asegurar que no va a marcharse porque eso sería «sumir al país en el caos». El dirigente laborista reconoció además que su Gobierno ha cometido «errores innecesarios».
Sin embargo, la maniobra de rescate ha provocado desconcierto incluso entre sectores tradicionalmente leales al líder laborista. La BBC citó a un miembro del Gobierno que calificó la operación como «un chiste» y añadió que «no existe ninguna pregunta cuya respuesta sea traer de vuelta a estos dos». Otro diputado laborista resumió la frustración interna diciendo que «no creo que los votantes de Wigan, Wandsworth, Salford o Sunderland hayan votado a Reform porque pensaran que necesitábamos más asesores de otra época del laborismo. Esto demuestra que Keir ni siquiera entiende cuál es el problema».
Las dudas ya no se limitan a conversaciones privadas. Varios diputados han pedido públicamente que Starmer dimita o que, al menos, establezca un calendario para una transición ordenada. El parlamentario Clive Betts declaró que el ‘premier’ debería «dar un paso al lado» en un futuro «no demasiado lejano» por «el bien del país y del Gobierno».
Debbie Abrahams, diputada por Oldham East and Saddleworth, aseguró incluso que considera probable la salida de Starmer «en cuestión de meses». «Siempre ha dicho que pondría al país por delante y debemos reconocer los peligros que afrontamos ahora», sostuvo. «Con esta trayectoria, las perspectivas no son buenas».
Histórico triunfo de Plaid Cymru
En Gales, uno de los bastiones fundamentales del laborismo, el partido ha quedado reducido a apenas nueve representantes en el Parlamento. Plaid Cymru logró una victoria histórica y se convirtió en la fuerza más votada del nuevo Senedd. Su líder, Rhun ap Iorwerth, compareció ante cientos de simpatizantes en Cardiff para proclamar que «se ha hecho historia por el pueblo de Gales». El dirigente nacionalista anunció además que intentará formar un Ejecutivo en minoría y defendió que «ningún Gobierno británico podrá ya ignorar nuestras necesidades y nuestras aspiraciones como nación».
Mientras tanto, en Escocia, John Swinney logró asegurar un quinto mandato consecutivo para el nacionalismo, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. El ministro principal escocés presentó el resultado como una ratificación del movimiento independentista y aseguró que Escocia ha votado «de manera rotunda por un Parlamento favorable a la independencia».
Swinney endureció además el discurso contra Reform UK, después de que la formación lograra 17 escaños en Holyrood, empatada con los laboristas como segunda fuerza. «Nigel Farage está avanzando a toda velocidad hacia Downing Street», declaró el líder escocés. «El Reino Unido podría tener pronto un primer ministro abiertamente hostil hacia las minorías, que ha pedido la privatización del NHS y la abolición del Parlamento escocés».
El dirigente nacionalista sostuvo que la única forma de «blindar Escocia frente a Farage» pasa por celebrar un nuevo referéndum de independencia antes de 2029.
Farage describió los resultados como «un cambio histórico en la política británica» y aseguró que el viejo eje ideológico ha quedado superado. «Olvídense de izquierda y derecha; eso se ha terminado», afirmó. Con 134 de los 136 ayuntamientos escrutados en Inglaterra, Reform UK, que hasta ahora apenas tenía representación local, obtuvo más de 1.450 concejales y se consolidó como el partido con más representantes en estas elecciones locales. Los laboristas quedaron en segundo lugar con algo más de 1.050 ediles tras perder alrededor de 1.400, mientras los conservadores se desplomaron hasta unos 800 representantes, más de 560 menos que en la anterior cita electoral.

