Donald Trump busca alcanzar a corto plazo un acuerdo de mínimos con Irán para salir del callejón sin salida en el que se ha convertido la guerra en Oriente Próximo, que ha hundido su popularidad en EE.UU. Según revelaron este miércoles varios medios … estadounidenses, como ‘Axios’ y Reuters, el presidente de EE.UU. está tratando de acordar un documento escueto, de una sola página, que establecería el marco general para poner fin al conflicto.
Fuentes cercanas a las negociaciones –que incluyen a un alto cargo de Pakistán, que actúa como mediador– han asegurado a la agencia estadounidense que el acuerdo propuesto tiene 14 puntos y pondría fin de forma oficial a la guerra y establecería el marco general para reabrir de forma completa el Estrecho de Ormuz, levantar sanciones a Irán y establecer límites al programa nuclear iraní. La firma de ese primer acuerdo abriría una negociación más detallada y amplia durante un plazo de treinta días.
«Vamos a cerrar esto muy pronto», aseguró a Reuters esa fuente de Pakistán, donde se ha celebrado la que ha sido hasta ahora la única ronda de conversaciones directas entre EE.UU. e Irán.
Las decisiones y mensajes públicos de Trump desde el martes también retratan un nuevo impulso diplomático. El martes, el presidente de EE.UU. dio un bandazo inesperado. Pocas horas después de que su Gobierno anunciara el comienzo de la ‘Operación Libertad’, una campaña militar para guiar y escoltar barcos comerciales en Ormuz, el multimillonario neoyorquino anunció la suspensión de esa operación. Lo justificaba en «los grandes progresos que se han hecho para llegar a un acuerdo completo y final con los representantes de Irán» y decía que lo hacía «a petición de Pakistán y otros países».
Este miércoles, en medio de las informaciones sobre el nuevo impulso diplomático, Trump regresaba a su red social para deslizar que Irán se acerca a un acuerdo: «Asumiendo que Irán acuerda dar lo que se ha acordado, lo que quizá es asumir mucho, la ya legendaria operación Furia Épica (la guerra contra Irán que comenzó el pasado 28 de febrero) habrá llegado a su fin y el efectivo bloqueo naval permitirá que el estrecho de Ormuz se abra para todos, incluido Irán», escribió. Y acompañó la posibilidad del acuerdo con una nueva amenaza: «Si no aceptan el acuerdo, comenzarán los bombardeos y serán, por desgracia, a un nivel e intensidad mayores que antes».
Ultimátums y marchas atrás
Esta combinación de esfuerzo diplomático y amenaza de volver a la mano dura militar se repite una y otra vez desde que Trump decretó la tregua con Irán, hace casi un mes, el pasado 8 de abril. El presidente en varias ocasiones el acuerdo es inminente, que llegará «en uno o dos días», que Teherán «está desesperado por un acuerdo». Ha llegado a decir que Irán «ha aceptado entregar su uranio enriquecido» o que sus negociadores han aceptado todas las exigencias de EE.UU. A la vez, ha salpimentado el proceso negociador de ultimátums que no cumple, entre amenazas de «acabar con una civilización entera» o con destruir sus instalaciones energéticas y sus puentes (lo que podría considerarse un crimen de guerra).
La última marcha atrás fue esta semana, cuando amenazó con «borrar a Irán de la faz de la Tierra» si atacaba a EE.UU. en Ormuz. El Pentágono reconoció un día después que Irán había atacado en una decena de veces a buques estadounidenses.
Poco después llegó el cambio de rumbo de su Gobierno: dio por acabada la Operación Furia Épica y abrió la Operación Libertad para reabrir Ormuz, cuyo cierre ha sacudido la economía global y ha llevado el precio de la gasolina para los votantes estadounidense por encima de los 4,5 dólares por galón, su precio más alto desde hace cuatro años.
Al cambio de rumbo le siguió un volantazo todavía más fuerte, con el anuncio de Trump el martes por la noche de que se cancelaba esa Operación LIbertad. Por un lado, era un paso para posibilitar mayores contactos diplomáticos. Por otro, es el reconocimiento de que la reapertura de Ormuz es muy difícil de llevar a cabo sin el acuerdo con Irán, por muy debilitado que esté su ejército.
La suspensión de la Operación Libertad y las informaciones sobre la cercanía de un nuevo acuerdo tuvieron un efecto inmediato en los mercados. Este miércoles, el precio del petróleo se hundía, con el barril de Brent cerca de caer por debajo de los 100 dólares, después de haber llegado a 115 durante la guerra. Los principales indicadores de la Bolsa de Nueva York estaban en verde, con subidas pronunciadas, por encima del 1%.
Reacción iraní
El impacto para propiciar un acuerdo, sin embargo, es otra historia. Lo que queda del régimen de Irán ha sido consistente durante todo el proceso en mantener que las exigencias de Trump son maximalistas y en mantener su control sobre Ormuz como principal arma negociadora.
El portavoz del ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, reconoció a la agencia de noticias iraní Isna que la propuesta de 14 puntos de EE.UU. estaba siendo considerada en Teherán y que «una vez concluya el análisis, compartirá su opinión con Pakistán». Pero advirtió que esa propuesta de Trump incluye «demandas excesivas y poco realistas que ya han sido rechazadas con fuerza por Irán».
Otra figura política iraní, Ebrahim Rezaei, portavoz de la comisión de seguridad nacional del Parlamento, echó un jarro de agua fría a la apertura diplomática de Trump y la calificó de «una lista de deseos de EE.UU., no una realidad».
Por su parte, el principal negociador de Irán, Mohamed Bagher Ghalibaf, aseguró en un mensaje de voz a la nación a través de Telegram que el país «no se rendirá» ante las presión que busca ejercer EE.UU.
Tanto Irán como EE.UU. dan muestras de ansiar que acabe la guerra y Ormuz se reabra. La economía iraní, que depende en parte de las exportaciones de petróleo, está asfixiada. La persistencia de la guerra, que Trump dijo que duraría entre cuatro y seis semanas, y sus efectos en los precios energéticos le ha hundido en las encuestas y amenaza a las elecciones legislativas de este otoño. Pero la diferencia esencial y el motivo por el que Trump llevó a EE.UU. a la guerra, el control del programa nuclear iraní, no ha desaparecido. Y no hay ninguna indicación, por el momento, de que haya cambios relevantes que inviten al optimismo sobre el acuerdo.


