#Mundo:Las dos vidas del trumpismo: pierde en Europa… pero se refuerza en América Latina #FVDigital

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Ser del ‘equipo Trump’ en Europa ya no da tanto rédito, al menos en Europa. Los constantes choques y críticas de la Casa Blanca a los históricos aliados como Francia, España, Italia o el Reino Unido no se han quedado solo ahí, sino que ese desgaste de una ideología se ha visto también en los recientes resultados electorales, con malas conclusiones para los líderes que eligieron acercarse a las dinámicas de Washington, como fue el caso de Hungría; otros, como Meloni, Le Pen o incluso Abascal también recelan y se preguntan si no es más rentable alejarse cada vez más de un trumpismo que en otro momento estuvo de moda. Ahora esa moda ha pasado a resistir en América Latina.

Hubo un tiempo en el que ser socios global de Trump era garantía de éxito y el otrora magnate formó con sus aliados una manera de hacer política basada en un discurso duro, la migración como tema clave, una visión de las relaciones internacionales basadas en el quid pro quo y una “internacional reaccionaria”, como la calificaron sus críticos. Italia reivindicó ese modelo con la victoria de Meloni, Orbán fue un referente europeo y el auge de Vox parecía dar impulso a ese método en España. Durante la primera legislatura de Trump todo eran fortalezas, pero eso parece haberse acabado.

Hungría es el último ejemplo. Viktor Orbán perdió las elecciones del pasado domingo después de 16 años en el poder y tras la visita del vicepresidente estadounidense JD Vance a Budapest para “ayudarle” a ganar. No pasó; a Fidesz no solo le penalizó el desgaste nacional, sino también la cercanía a Trump y Putin. “No seremos amigos”, ha dicho sobre el segundo el nuevo primer ministro, el conservador Peter Magyar, que tampoco ha llamado a la Casa Blanca… y ha dicho que no lo hará. Mientras, tanto el propio Orbán como Washington acusaron en campaña a la UE “y a los burócratas de Bruselas” de injerencia extranjera en los comicios.

¿Y qué pasó en Dinamarca? A Europa le funcionó la ‘doctrina Groenlandia’, en referencia a la vía elegida para responder al órdago de Washington con la isla más grande del mundo. Los europeos creen que la mejor manera de convivir ahora mismo con la Casa Blanca pasa por la firmeza. Y eso también se vio en las urnas con la victoria hace unas semanas de Mette Frederiksen, que aunque con menos apoyo reeditó su victoria y podrá formar un Gobierno similar al último, que marcó el paso frente a las ansias expansionistas de Washington. De hecho, la primera ministra danesa decidió adelantar los comicios para confirmar ese auge en los sondeos y en la simpatía ciudadana por la rotundidad con las amenazas de la Casa Blanca.

Giorgia Meloni ya ha cambiado también sus planes (y tiene elecciones el año que viene). “Pensaba que era valiente, pero estaba equivocado”, dijo el propio Trump sobre la primera ministra italiana después de que esta le reprochase sus críticas al papa León XIV. Además, Roma ha puesto limitaciones al despliegue de EEUU en sus bases y espacio aéreo para avanzar en la guerra en Irán y la jefa del Ejecutivo italiano ha insistido en que no inmiscuirá a su país en el conflicto, entre reproches de la Casa Blanca a quien era otra de sus grandes sostenes en Europa. “Ya no es la misma de antes, e Italia tampoco”, aseguró Trump: “Ella es la inaceptable porque no le importa que Irán tenga un arma nuclear y que volara Italia por los aires en dos minutos si tuviera la oportunidad”.

En Francia, Marine Le Pen mira cada vez con más recelo a EEUU. “Es evidente que Donald Trump no ha valorado plenamente el impacto de su intervención en Irán. De hecho, queda claro que la preparación fue mínima. Por eso tenemos la sensación de que estos ataques se llevaron a cabo a ciegas“, sostuvo en una entrevista en Le Parisien, con la mirada puesta en las presidenciales de 2027, para las que su partido lidera ahora mismo las encuestas pese a su inhabilitación. Jordan Bardella emerge como su hombre si ella no se puede presentar, y él también se ha desmarcado de la Casa Blanca. En RN ven los ataques en Oriente Próximo “un error” por parte de Washington.

¿Qué pasa en España? Vox sigue buscando su sitio en esas dinámicas. La formación de Santiago Abascal ya ha defendido a Meloni tras las críticas de Trump, calificándola como “una de las políticas más valientes” que ha habido nunca. Pero propio Abascal de momento guarda silencio y por ejemplo ante las críticas de la Casa Blanca al Gobierno español, se posicionaron al lado de Estados Unidos (cosa que no sucedió con la oposición italiana, que salió en tromba a defender y a apoyar a la figura de Meloni).

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Los europeos ya no se fían de Trump como aliado. El presidente de EEUU quiere más implicación de los europeos en la guerra de Irán y ha amenazado con retirar su respaldo en la Alianza, con retirada de bases por ejemplo en España o Alemania, si eso no pasa. Mientras, Europa ya prepara planes de contingencia por si se da una OTAN sin Washington o hay una reducción del apoyo, según ha adelantado The Wall Street Journal, que habla de “una OTAN europea”. Además, por ejemplo Francia y Reino Unido ya lideran una coalición de 40 países al margen de Washington para reabrir el Estrecho de Ormuz una vez que acabe el conflicto. “Esta no es la guerra de Europa”, insisten.

En América Latina la dinámica es la contraria

Donde sí resiste el trumpismo es en América Latina, con Javier Milei como referente. El presidente argentino sigue en forma: ha logrado no solo mantener su base tras su victoria -para muchos contrapronóstico- en 2023, sino consolidar su poder legislativo en 2025 con más del 40% de los votos. Su éxito es visto como un respaldo a una agenda económica radical y a su vínculo personal con Trump, con quien mantiene una gran relación. En el caso de la Casa Rosada el alineamiento con el trumpismo es total… y da el rédito que ahora mismo ya no se ve en Europa.

En Chile José Antonio Kast -que ya había perdido unas elecciones frente a Gabriel Boric- también se ha sumado a esa ola con un giro que para muchos fue histórico, sobre todo por la simpatía de Kast con la dictadura de Pinochet, que se ha negado a censurar. Con el 58% de los votos, que fue el respaldo más alto registrado desde el retorno a la democracia en el país, Kast simboliza el triunfo de las posiciones duras en inmigración y seguridad. Su ascenso es interpretado internacionalmente como una pieza clave de este bloque regional “pro-Trump” y, como Milei, ha acabado convertido en una pieza clave de esta ideología.

Hay más ejemplos. Y es que el avance de esta corriente se evidencia con la llegada al poder de Nasry Asfura en Honduras, un empresario respaldado por Trump que asumió la presidencia este mismo año tras imponerse en los comicios de 2025. A este panorama se integran liderazgos como los de Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador, quienes han logrado éxitos electorales recientes alineando sus agendas, especialmente en materia de seguridad e inmigración, con las prioridades de Washington. Mientras Bukele ha afianzado su control mediante un sólido respaldo popular pero con críticas por ejemplo por su política penitenciaria y de seguridad, Noboa ha asegurado su permanencia en el cargo hasta 2029, consolidando un bloque regional que orbita con fuerza en torno a la influencia política y estratégica del trumpismo.

El trumpismo, con todo, tiene dos vidas. Trump ve a Europa como un enemigo, y sus aliados pagan el peaje en las urnas mientras en América Latina pasa lo contrario. La esfera de influencia de Washington ha cambiado, tal como se ve en sus planes tanto para Venezuela como para Cuba. Los europeos, en cambio, ya se imaginan una vida sin el paraguas americano en materia defensiva -buena muestra es lo que pasa con la OTAN, Groenlandia o la guerra en Irán-. La salud de la ideología del presidente estadounidense es buena o mala en función del lado del océano que se mire.



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