La Justicia de Corea del Sur ha condenado a cadena perpetua al expresidente Yoon Suk-yeol por la ley marcial que trató de imponer en diciembre de 2024. El veredicto, emitido esta tarde (hora local), le acusa de ser el «líder de una insurrección» que … pretendía usurpar la democracia del país y suspender los derechos y libertades de la población, en línea con la argumentación de la Fiscalía, pero rebaja su petición de pena capital.
Ahora bien: dicho castigo resultaba, en gran medida, simbólico. Corea del Sur no ejecuta a ningún reo desde 1997, lo que múltiples organizaciones consideran una abolición ‘de facto’. Lo más probable, por tanto, es que Yoon cumpla varios años de cárcel y acabe recibiendo un indulto presidencial.
Este patrón sugiere el único precedente. En 1996, el dictador Chun Doo-hwan fue condenado a muerte por insurrección, en referencia al golpe militar que lideró en 1979, sentencia que al año siguiente fue rebajada a cadena perpetua y, al cabo de unos meses, anulada por el entonces presidente Kim Young-sam.
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Jaime Santirso | Enviado especial a Seúl
Los hechos juzgados esta tarde se remontan a la noche del 3 de diciembre, cuando Yoon declaró de improviso la ley marcial, la cual implicaba la suspensión de todo tipo de derechos democráticos, así como la concentración de los poderes gubernamentales en el Ejército. Este extremo quedó escenificado en el cerco policial a la Asamblea Nacional, que 190 parlamentarios –de un total de 300– lograron sortear con ayuda de la movilización civil para acceder al interior y derogar la orden apenas seis horas después.
A partir de entonces y hasta hoy, las instituciones lucharon por ganar el pulso. La Asamblea Nacional inició el proceso de destitución el 14 de diciembre, confirmado en abril por el Tribunal Constitucional. Los ocho jueces convinieron de manera unánime que la ley marcial no cumplía con los requisitos, y que el presidente envío tropas a la sede parlamentaria para evitar que los diputados votaran su anulación, tal y como acabó sucediendo.
El desarrollo, sin embargo, no resultó sencillo. Entre una fase y otra, Yoon se declaró en rebeldía y se atrincheró en el interior de su residencia oficial, resistiendo la orden de arresto gracias a la protección del equipo de seguridad presidencial, que fortificó el lugar empleando alambre de espino y autobuses a modo de empalizadas. Al cabo de casi dos semanas, Yoon acabó por rendirse, convertido en el primer presidente surcoreano detenido en el ejercicio de sus funciones. Esta desobediencia se tradujo, a mediados de enero, en la primera sentencia en su contra: cinco años de cárcel por «obstrucción a la justicia».
Riesgo de conflicto civil
La peligrosa quiebra en las fuerzas de seguridad estatales ilustraba el riesgo de un conflicto civil, dada la presencia de armas de fuego y la cuantiosa movilización ciudadana, repartida en manifestaciones enfrentadas en el exterior del complejo. Unos miedos reavivados hoy. Grupos favorables y contrarios a Yoon han convocado movilizaciones de miles de personas ante la sede del tribunal.
Por ese motivo, la policía ha realizado un intenso despliegue, con la movilización de un millar de efectivos, vallas de seguridad y restricciones a la movilidad en calles adyacentes para vehículos y peatones. Muchos de los asistentes han seguido desde allí la sesión, retransmitida por televisión, que ha contado con la presencia en el estado de un visiblemente desmejorado Yoon.


