La primera sesión de la segunda ronda de negociaciones directas entre Rusia y Ucrania en Abu Dabi duró este miércoles casi cinco horas y media. Rustem Umerov, el jefe del equipo ucraniano, volvió a recurrir casi a los mismos adjetivos que empleó tras … la cumbre de enero. En un breve comunicado en redes sociales, aseguró que «el trabajo fue sustancial y productivo, centrado en pasos concretos y soluciones prácticas». Con la mediación de Estados Unidos, está prevista una segunda reunión a tres bandas este jueves.
Pero las negociaciones no han acabado con los ataques rusos en lo más crudo del invierno. El miércoles, el Kremlin ejecutó uno de los mayores bombardeos de todo el invierno contra el sistema energético ucraniano con más de 500 proyectiles. Aunque el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, había advertido de que el trabajó del «equipo negociador se ajustará en consecuencia», la nueva ronda de negociaciones finalmente tuvo lugar.
No hay muchos detalles sobre los discutido en Abu Dabi. Pero los asuntos más complicados para consensuar la paz siguen siendo las cuestiones territoriales –en concreto el estatus de la región de Donetsk– y las garantías de seguridad para Ucrania con eventual presencia militar extranjera. Se espera que el diálogo aborde también el alto el fuego energético o el control de la central nuclear de Zaporiyia.
El portavoz del Ministerio de Exteriores de Ucrania, Georgiy Tykhy, destacó en rueda de prensa que Kiev utilizará esta segunda ronda de contactos para descubrir las verdaderas intenciones de Moscú. «La parte ucraniana espera que estas reuniones permitan esclarecer la respuesta que presentará la parte rusa». Horas antes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, enfatizaba que Rusia está abierta a una resolución pacífica del conflicto, pero la guerra continuará hasta que Kiev «tome las decisiones pertinentes». Estas declaraciones oficiales transmiten la distancia de posiciones entre las dos partes. Sin embargo, posteriormente ha afirmado que se ha logrado un «avance» en negociaciones.
Según declaraciones del titular de Exteriores de Ucrania, Andri Sybiha, en la pasada ronda de enero «se abordaron debates sobre los parámetros de un alto el fuego, el procedimiento para su supervisión o verificación y la definición de los términos». Las escuetas palabras de Umerov apuntan a que parte del intercambio diplomático del miércoles versó también sobre este tema.
El jefe del equipo negociador de Kiev explicó que «la parte rusa estuvo representada a un alto nivel militar». Con las nuevas incorporaciones de enero, el tono de las conversaciones mejoró, destacan desde Kiev. El equipo del Kremlin está encabezado por Igor Kostyukov, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Rusas, y el oficial de Inteligencia Alexander Zorin. «Los oficiales de Inteligencia rusos trabajaron con profesionalidad, profundizando en los detalles prácticos», manifestó un ex alto funcionario ucraniano al medio ‘Politico’ la pasada semana.
Por la parte ucraniana, destaca la presencia positiva de Kirilo Budánov, ex director de la Inteligencia militar y actual jefe de la Oficina Presidencial, junto a David Arakhamia, líder de partido de Zelenski en el Parlamento ucraniano. Estados Unidos estuvo representado por el enviado especial de Trump para Rusia, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente.
«Se abordaron debates sobre los parámetros de un alto el fuego, el procedimiento para su supervisión o verificación y la definición de los términos»
Andri Sybiha
Ministro de Exteriores de Ucrania
El documento base a discutir es el plan de 20 puntos acordado por Washington y Kiev. Un texto que nació de otra propuesta de paz de 28 puntos diseñado por los enviados especiales de Rusia y Estados Unidos a finales de noviembre. El primer borrador recogía la mayoría de las demandas de Moscú.
En la última versión se acordaba con Kiev la congelación de las líneas del frente en las regiones de Zaporiyia y Jersón y una retirada rusa de provincias de Sumy, Járkov y Dnipropetrovsk. El estatus de la región de Donetsk, una de las zonas más fortificadas de Ucrania, sigue siendo el principal escollo y podría generar divisiones internas. Rusia demanda la retirada ucraniana del 20% de esta provincia que todavía controla. Ucrania se resiste.
La última encuesta de Instituto Internacional de Sociología de Kiev destaca que un 40% de los ucranianos estarían dispuestos a ceder el Dombás a cambio de garantías de seguridad occidentales que todavía no son públicas.
Según fuentes del ‘Financial Times’, los países miembros de la ‘Coalición de los Voluntarios’ —Estados miembros de la UE, junto a Turquía o Canadá— desplegarían tropas en Ucrania tras un eventual alto el fuego. Y, en caso de una violación rusa, habría una respuesta militar tras 24 horas. Si el ataque del Kremlin se alargase, a las 72 horas intervendrían las fuerzas de Estados Unidos. Rusia ha reiterado que esta medida es inaceptable. El jefe del Estado de Ucrania manifestó que ya había acuerdo sobre la presencia de tropas extranjeras tras el alto el fuego, pero no precisó la cifra total.
Mientras el diálogo estaba en marcha, desde el este del país llegaban noticas trágicas. Un ataque ruso contra la ciudad de Druzhivka, en la región de Donetsk, dejaba un saldo de al menos siete muertos y 15 heridos.
EE.UU., socio clave
El ministro de Exteriores de Ucrania, Andri Sybiha, subrayó en una entrevista reciente que cualquier acuerdo de paz con garantías de seguridad debe ser ratificado por el Congreso de Estados Unidos. En Ucrania pesa el recuerdo del fallido Memorándum de Budapest. Zelenski adelantó que las garantías de seguridad de Washington estaban casi acordadas.
A pesar del último bombardeo ruso, las autoridades del país invadido continúan en el proceso diplomático de Washington. Kiev no tiene mucha maniobra. La defensa aérea y armas necesarias para Ucrania dependen de las compras en Estados Unidos. Por ejemplo, los sistemas Patriot, con capacidad para derribar los misiles enemigos, deben ser autorizados por Washington. Y la información de inteligencia compartida con Washington es vital para las operaciones de combate.
Estados Unidos sigue siendo, además, el actor occidental con mayor influencia sobre Moscú. Donald Trump, que busca concretar un acuerdo de paz lo antes posible, ha demostrado su disposición a ejercer su mayor presión contra el país invadido.

