El pasado jueves, en las redes sociales del presidente de Ucrania apareció un mensaje en húngaro. Sin mención alguna a las elecciones de este domingo en el país vecino, eso sí. Ese día, Zelenski se reunió con representantes de la minoría magiar de la región … ucraniana de Transcarpatia. Soldados en activo, civiles y líderes locales acudieron a la llamada de su jefe de Estado. En el encuentro se abordaron los preparativos para el próximo invierno, la reubicación de negocios o la rehabilitación de veteranos. En los frentes de Ucrania hay efectivos de etnia húngara que combaten a los rusos. De hecho, fueron precisamente las cuestiones de esta minoría y sus derechos lingüísticos los primeros motivos de desavenencias entre Budapest y Kiev en 2017. Desde entonces, y con la invasión rusa a gran escala de por medio, la tensión ha escalado hasta tal punto que Zelenski acabó en los carteles de la campaña electoral de Viktor Orbán.
Tras 16 años en el poder, el primer ministro díscolo de la Unión Europea encontró en Ucrania su filón para una campaña electoral reñida. El enemigo de los húngaros tiene ahora la cara de Zelenski. Orbán esquiva así los problemas internos con augurios bélicos, mientras el líder ucraniano habla con la minoría húngara sobre la economía o los veteranos. «Decidiremos nuestro destino en abril. Lo que está en juego es: guerra o paz», apremiaba el mandatario húngaro en febrero. Un mes antes del eslogan, el político húngaro perfilaba su candidatura acusando a Ucrania de interferir abiertamente en las elecciones de su país.
Zelenski manifestó hace más de un mes sus esperanzas en una salida de Orbán que facilite la normalización de las relaciones bilaterales. Las sensaciones dentro del país en la víspera de los comicios son menos ambiciosas. «Nada es imposible, pero no habrá milagros de la noche a la mañana, y todos deberían estar preparados para ello», declaró el diputado ucraniano Volodímir Ariev a ‘The Kyiv Independent’.
Durante la recta final de campaña, Kiev ha contenido cualquier tipo de declaración sobre los comicios húngaros, siguiendo la línea de los altos funcionarios de la Unión Europea. Un silencio estratégico ante unas elecciones clave. El resultado final en Hungría no solo definirá la cohesión de las políticas comunitarias frente a Rusia y la imposición de sanciones, también tendrá una repercusión vital para Ucrania y su lucha en el frente.
Bloqueo al crédito de la UE
Orbán frena desde hace meses el crédito europeo de 90.000 millones de euros que Kiev necesita para cuadrar sus cuentas. Sin este desembolso, Ucrania corre el riesgo de quedarse sin fondos para la guerra en los próximos dos meses, ha admitido el propio mandatario ucraniano.
Las fricciones son de tal densidad que Zelenski llegó a decir a principios de marzo que, si «cierta persona» continúa bloqueando los fondos para su país, «le daremos su dirección a nuestras Fuerzas Armadas; nuestros hombres podrán llamarlo y hablar con él en su propio idioma». Hungría calificó de «amenaza» el comentario del líder ucraniano.
Por primera vez en años no está clara una victoria del candidato de Fidesz. Tampoco está claro para Ucrania cómo un eventual gobierno de la oposición húngara se posicionará sobre la guerra en Ucrania. Una encuesta de Political Capital, un laboratorio de ideas independiente de Budapest del mes de marzo, revela que un 72% de los votantes del partido aspirante Tisza consideran que es Hungría la culpable de las malas relaciones con Ucrania. Por el contrario, el 82% del electorado de Fidesz cree que la responsabilidad recae sobre Kiev.
El político opositor húngaro, Peter Magyar, ha sido retratado por los de Orbán como el candidato de Bruselas y de Ucrania. Sin embargo, Magyar ha evitado entrar en la cuestión ucraniana. Hay pocas pistas sobre lo que tiene en mente si gana. Ucrania, como el resto de Europa, está expectante, pero a la baja.
Orbán, amigo del Kremlin, se ha posicionado en contra de Ucrania y a favor de Rusia en la guerra
Según un análisis del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores recogido por ‘The Guardian’, los aliados europeos de Hungría «harían bien en no esperar un giro radical en su política exterior». En relación a Ucrania «los viejos hábitos pueden ser difíciles de erradicar dada la posible controversia que generan entre los votantes del Tisza y la opinión generalmente negativa que existe entre los húngaros».
El final del mandato de Orbán podría facilitar la mejora de las relaciones entre Kiev y Budapest. Pero es demasiado pronto para saberlo. Tras una carrera electoral en la que Ucrania fue el principal eje de división, Zelenski prometió el viernes reparar el oleoducto Druzhba, encargado de transportar el petróleo ruso a Hungría y a Eslovaquia.
El oleoducto de la discordia
Un ataque con drones rusos contra la estación de bombeo de petróleo en el oeste de Ucrania ha puesto en jaque la financiación del país. El pasado 27 de enero, esta instalación se paralizó, y con ella el flujo de petróleo ruso a Hungría. La instalación ucraniana es fundamental para los gobiernos que dependen de crudo del Kremlin: Budapest y Bratislava.
A principios de marzo, Orbán acusó a Ucrania de ejecutar un «chantaje flagrante» al no reanudar el flujo petrolífero. Asegura el jefe del gobierno de Hungría que el cese del tránsito se debe solo a la negativa ucraniana y a un intento de influir en las elecciones de este domingo. Por su parte, el ministro de Energía del país invadido, Denys Shmigal, señala que los daños en el interior de la instalación han sido de gran calado debido al incendio que se produjo tras el impacto de un dron Shahed. «Esto no es visible desde fuera, pero es una gran cantidad de trabajo. Naftogaz está completando ahora la detección de defectos», destacó Shmigal.
Después de semanas de reproches, Zelenski admitió presiones para poner en funcionamiento la instalación. «Me están obligando a reiniciar Druzhba», dijo el mandatario antes de afear a los socios europeos su postura: «¿En qué se diferencia eso de levantar las sanciones a los rusos? ¿Vendemos petróleo ruso o no?»
«Me están obligando a reiniciar el oleoducto de Druzhba. ¿En qué se diferencia eso de levantar las sanciones a los rusos? ¿Vendemos petróleo ruso o no?»
Volodímir Zelenski
Presidente de Ucrania
La primera vez que la estructura del Druzhba sufría un ataque con drones no fue el pasado mes de enero. En agosto de 2025, el jefe de Sistemas No Tripulados de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Robert Brovdi ‘Madyar’, anunciaba que la estación de Unecha en la provincia rusa de Bryansk había quedado «fuera de combate». Terminaba este comunicado con una frase en húngaro: «Ruszkik haza!» («¡Rusos, vuelvan a casa!»). El autor del mensaje es precisamente ‘Madyar’, de la etnia húngara de Transcarpatia.
La reacción del Gobierno de Orbán fue prohibir la entrada del militar ucraniano al espacio Schengen. Péter Szijjártó, su responsable de Exteriores, justificó la decisión afirmando que la acción de Kiev en suelo ruso era «un ataque a la soberanía de Hungría».
Otro de los episodios de tensión entre ambos países se produjo el 5 de marzo, cuando siete empleados del banco estatal ucraniano Oschadbank fueron detenidos en Budapest. El convoy transportaba 40 millones de dólares, 35 millones de euros y nueve kilogramos de oro del Raiffeisen Bank Austria. El ministro de Transportes húngaro, János Lázár, inició una investigación alegando que este capital estaba destinado a financiar la campaña de la oposición en Hungría. «Estos actos deben ser calificados por su nombre: terrorismo de Estado», denunció el jefe de la diplomacia ucraniana, Andrii Sibiha.
Las acusaciones cruzadas de injerencia han dominado el discurso electoral en Hungría. El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, en persona hablaba desde Budapest el martes sobre las supuestas presiones de Bruselas en estos comicios. No se olvidó Vance de Kiev, diciendo que «elementos dentro de los servicios de Inteligencia ucranianos» trataron de influir también en las elecciones húngaras.
Ese mismo día, Bloomberg publicaba la transcripción de una llamada entre Orbán y Putin fechada en el 17 de octubre. En la conversación, el primer ministro húngaro dice «estar al servicio» del líder ruso «para todo lo que pueda serle útil». Más allá de escándalos, filtraciones y desencuentros, Kiev seguirá dependiendo del capital europeo y de la voluntad de Budapest, gane quien gane.

