Este sábado aterrizan en Miami absolutamente todos los dirigentes de la derecha latinoamericana. Javier Milei, Nayib Bukele, Daniel Noboa, Santiago Peña o el presidente electo chileno José Antonio Kast llegarán al club de golf de Donald Trump en Doral para una reunión que … la Casa Blanca presenta como algo más que una cumbre. De allí pretende salir una nueva alianza política en el continente americano. El objetivo, según fuentes de la Administración Trump, es articular un bloque de gobiernos afines que actúe como contrapeso a las redes políticas de la izquierda latinoamericana y bolivariana, como el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla.
Junto a ellos estarán también Luis Abinader de República Dominicana, Rodrigo Chaves de Costa Rica, José Raúl Mulino de Panamá, Nasry «Tito» Asfura de Honduras, Irfaan Ali de Guyana, Rodrigo Paz de Bolivia y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar. La cita, bautizada por Washington como Escudo de las Américas, busca reforzar la cooperación en seguridad regional, inmigración, comercio y lucha contra el narcotráfico entre gobiernos ideológicamente cercanos a Estados Unidos.
El escenario elegido también es parte del mensaje: el Trump National Doral, el resort del propio presidente en Miami, donde el sábado estos líderes debatirán la creación de un bloque continental alineado con Washington y con una agenda explícitamente contraria al eje bolivariano y a la ideología que ha articulado el trío de dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Trump ya ha arrestado a Nicolás Maduro y le ha llegado a Nueva York para ser juzgado y el mismo jueves anunció en la Casa Blanca la caída de la dictadura castrista en Cuba.
Es la primera vez que Trump impulsa un formato de este tipo, dejando de lado la tradicional Cumbre de las Américas, el foro continental que reúne a todos los gobiernos del continente. La última se celebró en Los Ángeles bajo la presidencia de Joe Biden. En aquel momento Washington abrió nuevos canales de negociación con el chavismo y con el régimen cubano, un proceso que, según críticos de esa política, terminó agravando la situación interna en ambos países.
Trump ha optado por otra estrategia: reducir el círculo y rodearse de gobiernos ideológicamente muy afines para construir una alianza regional.
El presidente ha apoyado de forma explícita a varios de los líderes que estarán presentes en la cita. Ha respaldado públicamente a Milei en Argentina, al hondureño Asfura y al presidente electo chileno Kast. También ha sido especialmente elogioso con Bukele, con quien ha estrechado la cooperación en seguridad hasta el punto de alquilar el CECOT, penal de máxima seguridad salvadoreño, para trasladar allí a venezolanos detenidos en EE.UU.
La mirada de la Casa Blanca también está puesta en las próximas citas electorales de la región, en especial en Colombia, que renovará la presidencia este mismo año. En ese país la izquierda aspira a mantener el poder con un candidato como el senador Iván Cepeda, considerado incluso más escorado hacia posiciones radicales que el actual presidente, Gustavo Petro.
Entre los ausentes destacan dos de los grandes titanes del continente: Brasil y México. Sus presidentes, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, no han sido invitados a la cita. Ambos gobiernos son de izquierda, aunque mantienen relaciones de trabajo relativamente fluidas con la administración Trump en distintos asuntos, sobre todo en comercio y seguridad.
Según la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, el objetivo del encuentro es promover «la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región». La portavoz aseguró además que los países participantes «han formado realmente una coalición histórica para trabajar juntos frente a las bandas narco-terroristas y los carteles criminales». Leavitt añadió que la alianza busca también «contrarrestar la migración ilegal y masiva no solo hacia EE.UU. sino hacia todo el continente americano», un asunto que, según subrayó, «sigue siendo una prioridad clave y absoluta para este presidente».
Presidentes que participan
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Javier Milei — Argentina
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Rodrigo Paz Pereira — Bolivia
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José Antonio Kast — Chile (presidente electo)
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Rodrigo Chaves Robles — Costa Rica
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Luis Rodolfo Abinader Corona — República Dominicana
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Daniel Noboa Azín — Ecuador
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Nayib Bukele Ortez — El Salvador
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Mohamed Irfaan Ali — Guyana
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Nasry «Tito» Asfura — Honduras
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José Raúl Mulino Quintero — Panamá
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Santiago Peña — Paraguay
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Kamla Persad-Bissessar — Trinidad y Tobago
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Kristi Noem: la enviada especial
También ha llamado la atención que Trump haya designado como enviada para esta iniciativa del Escudo de las Américas a Kristi Noem, quien hasta esta semana era su secretaria de Seguridad Nacional y fue apartada del cargo el jueves tras varios escándalos políticos. Entre ellos figuran críticas por el gasto de unos 200 millones de dólares en campañas de publicidad del Departamento de Seguridad Nacional y la fuerte polémica por las operaciones migratorias en Minneapolis, donde agentes federales mataron a dos ciudadanos estadounidenses durante intervenciones vinculadas al ICE, hechos que desencadenaron protestas y exigencias de investigación en el Congreso.
Con esta iniciativa, Trump busca articular una respuesta desde la derecha latinoamericana a las redes políticas que durante décadas han tejido los movimientos de izquierda en la región a través de plataformas como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla. Ambos espacios reúnen a partidos, dirigentes y ex mandatarios de la izquierda iberoamericana y funcionan como foros de coordinación política, debate ideológico y respaldo mutuo entre gobiernos afines.
El Foro de São Paulo fue creado en 1990 por el Partido de los Trabajadores de Brasil y el régimen cubano, con Lula da Silva y Fidel Castro entre sus principales impulsores, con el objetivo de reorganizar a la izquierda latinoamericana tras la caída del bloque soviético. Con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro para decenas de partidos de izquierda y movimientos políticos de la región.
El Grupo de Puebla, fundado en 2019, es una red más reciente de líderes, ex presidentes y dirigentes políticos vinculados al espacio progresista. Entre sus participantes habituales figuran el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, dirigentes relacionados con Podemos, el ex juez Baltasar Garzón y otros actores políticos y académicos cercanos a proyectos de izquierda en América Latina. Sus críticos sostienen que el foro mantiene vínculos políticos con gobiernos como los de Venezuela y Cuba.
Frente a estas plataformas, la estrategia de Trump consiste en reunir a gobiernos ideológicamente afines para construir un bloque hemisférico alternativo centrado en seguridad, migración, libre mercado y cooperación política con Washington.


