Turbulencias en el Pentágono en plena guerra con Irán. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, forzó en la madrugada de este viernes la salida del general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra y oficial de mayor … rango de ese cuerpo, una de las cinco ramas de las Fuerzas Armadas. La destitución tiene un fuerte peso institucional. George debía seguir en el cargo hasta el otoño de 2027 y formaba parte de la cúpula militar que asesora al presidente y al jefe del Pentágono.
Con la caída de George, Hegseth ha rehecho casi por completo la Junta de Jefes del Estado Mayor. De la cúpula que existía cuando Donald Trump regresó al poder en enero de 2025 solo permanecen el jefe de los Marines y el responsable de la Fuerza Espacial. La salida del general no parece, por tanto, un relevo aislado, sino un paso más dentro de una operación más amplia para remodelar la dirección militar y someterla a un control político mucho más estrecho.
Las razones que se apuntan en Washington remiten menos a la conducción de la guerra que a una pugna de poder político dentro del propio Pentágono. El trasfondo es una acumulación de tensiones entre Hegseth y parte de la cúpula del Ejército de Tierra, disputas por ascensos y nombramientos, y una mala relación con el secretario del Ejército, Dan Driscoll.
Driscoll ocupa un cargo clave. Es el jefe civil del Ejército de Tierra. No es militar, sino un alto cargo político nombrado por el presidente. De él dependen el presupuesto, el personal, el equipamiento, la organización y la orientación general del cuerpo. En la cadena de mando civil está por encima de los generales, aunque la dirección operativa de las fuerzas recaiga en ellos.
Además, Driscoll cuenta con respaldo político dentro de la Casa Blanca. En Washington se le considera muy cercano al vicepresidente, J. D. Vance. Varias informaciones publicadas en meses pasados en medios como ‘The New York Times’ lo describen como amigo o protegido suyo, lo que refuerza su posición dentro de la Administración y dificulta cualquier intento de apartarlo directamente. Ese equilibrio ayuda a explicar por qué el pulso se ha trasladado a los mandos uniformados del Ejército.
Hegseth y Driscoll han chocado de forma repetida por decisiones de personal, ascensos y control del Cuerpo de Infantería. Uno de los detonantes más concretos y recientes fue la pelea por cuatro promociones a general de brigada. Hegseth llevaba meses presionando contra esos ascensos. George y Driscoll se opusieron a Hegseth, alegando que los cuatro oficiales tenían expedientes ejemplares. Dos de ellos eran negros y otros dos eran mujeres, lo que alimentó entre algunos mandos la sospecha de que podían estar siendo apartados por razones de raza o sexo.
De la época de Biden
George también arrastraba una vulnerabilidad política. Había sido asistente militar principal del entonces secretario de Defensa, Lloyd Austin, antes de convertirse en jefe del Ejército de Tierra. Hegseth, según varias informaciones, desconfía de mandos vinculados a Austin, Mark Milley o, en general, a la etapa del expresidente Joe Biden.
Pero no cayó solo George. También fueron apartados el general David Hodne, al frente del Mando de Entrenamiento y Transformación, y el general William Green Jr., jefe de capellanes del Ejército. En el caso de Hodne, la destitución afecta a un mando clave para la modernización doctrinal y operativa del Cuerpo. En el de Green, encaja con la voluntad de Hegseth de reorientar el cuerpo de capellanes y con su insistencia pública en el cristianismo entre las filas.
El relevo apunta, además, a un patrón de sustitución por mandos más próximos al propio Hegseth. Como probable sustituto de George se perfila el general Christopher LaNeve, que había sido asistente militar principal del actual jefe del Pentágono. No sería un relevo neutro, sino otro movimiento en favor de una cadena de mando más leal y más alineada personalmente con el secretario de Defensa.
El momento agrava la gravedad de la purga. Estas destituciones se producen cuando el Ejército ya ha enviado miles de soldados a Oriente Próximo ante una posible operación terrestre en Irán. Sacudidas de esta naturaleza en la cúpula militar no son imposibles en tiempos de guerra, pero sí resultan inusuales. Más cuando horas después un caza fue abatido dentro de Irán. Según informó la cadena CBS, uno de sus dos pilotos fue rescatado por las fuerzas estadounidenses mientras el Ejército iraní buscaba al otro y ofrecía una recompensa por él.
Sacudidas de esta naturaleza en la cúpula militar no son imposibles en tiempos de guerra, pero sí resultan inusuales
Y el caso George no es aislado. Se suma a una secuencia previa de ceses o jubilaciones forzadas de altos mandos, entre ellos Charles Q. Brown, Lisa Franchetti, Linda Fagan, James Slife y David Allvin, además de otros movimientos contra oficiales del Ejército vinculados en algún momento a Mark Milley. El cuadro general que emerge de esta decisión de Hegseth no es el de una decisión puntual, sino el de una purga sostenida en la cúpula militar de Estados Unidos.
Apoyado por Trump en su pugna contra el hombre fuerte del vicepresidente en el Pentágono, Hegseth no solo ha destituido a un general. Está desmontando la vieja cúpula del Pentágono para sustituirla por otra más afín, en plena guerra y en medio de choques internos por ascensos, identidad, lealtades y control político del aparato militar.
Según informa la CNN, la inteligencia de Estados Unidos cree que Irán conserva intacta aproximadamente la mitad de sus lanzaderas de misiles, mantiene todavía miles de drones suicidas y conserva además una parte importante de sus misiles de crucero en su costa, lo que cuestiona el mensaje de la Casa Blanca sobre un supuesto desmantelamiento casi total de sus capacidades militares.

