Donald Trump vuelve a hacer historia este miércoles: será el primer presidente en su cargo que se persona en una vista del Tribunal Supremo. Esta decisión sin precedentes se entiende como una forma de presionar a los nueve jueces del alto tribunal, en el día … en el que los magistrados escucharán los argumentos orales de un caso que tiene gran importancia para el multimillonario neoyorquino: su intento de desmantelar el acceso a la ciudadanía por nacimiento en el territorio de EE.UU., un derecho establecido por la Constitución de EE.UU.
Trump dejó a muchos boquiabiertos en el Despacho Oval cuando anunció el martes ante la prensa que asistiría a la sesión del Supremo. «Voy a ir», aseguró. «He estado escuchando esos argumentos demasiado tiempo», dijo sobre el contenido de la 14ª Enmienda de la Constitución de EE.UU. «Todas las personas nacidas o naturalizadas en EE.UU. y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de EE.UU.», dice el texto constitucional.
La posición de Trump es que esa enmienda se incluyó para proteger a los hijos de los esclavos tras la Guerra Civil, a finales del siglo XIX, no para las circunstancias actuales: los hijos de inmigrantes indocumentados acceden a la ciudadanía por haber nacido dentro de EE.UU., lo que Trump considera un abuso.
Nada más llegar a la Casa Blanca en enero del año pasado, firmó una orden ejecutiva para denegar el acceso automático a la ciudadanía a los bebés nacidos en EE.UU. si no tenían al menos un padre o una madre que sea estadounidense o residente permanente legal. Era una de sus maniobras más agresivas de su política de mano dura con la inmigración indocumentados. De inmediato, el decreto fue contestado en tribunales y ahora le toca al Supremo decidir al respecto.
Poco después de anunciar en el Despecho Oval que iría a la vista, la Casa Blanca incluyó en la agenda oficial del presidente de este miércoles su asistencia en el Supremo.
Ni el propio alto tribunal ni la Sociedad Histórica del Tribunal Supremo han encontrado registros históricos en los que aparezca un presidente en ejercicio de sus funciones presenciando una vista.
La visita de Trump al Supremo llega en un momento de gran frustración del presidente con el alto tribunal. Hace unas semanas, los jueces tumbaron la pieza central de su política económica, los aranceles universales que impuso a los países de todo el mundo en abril del año pasado. Una mayoría de los magistrados determinó que esa competencia no corresponde al presidente, sino al Congreso y que el uso de poderes de emergencia que hizo Trump fue ilegal.
Fue un golpe doloroso para el multimillonario neoyorquino, porque el sopapo legal venía de un Supremo con mayoría reforzada de jueces conservadores (seis de los nueve magistrados han sido nominados por presidentes republicanos). Trump guarda especial rencor hacia dos de los tres jueces que han sido nombrados por él mismo en su primer mandato -Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett- y que se posicionaron en su contra.
La visita llega en un momento de gran frustración de Trump con el Supremo, ya que sus jueces tumbaron en febrero sus aranceles
«Amo a algunos, no me gustan otros», dijo Trump sobre los jueces en la víspera de su visita al Supremo. Y criticó que los jueces progresistas son disciplinados en su voto mientras que los conservadores «quieren mostrar lo honorables que son» votando en su contra.
«Hay gente que lo llama estupidez, hay gente que lo llama deslealtad», aseguró Trump.
En el pasado, Trump amagó con la posibilidad de personarse en el Supremo en la vista sobre los aranceles. Finalmente, no lo hizo. Pero este miércoles se le espera allí, algo que algunos demócratas, como el senador Richard Blumenthal, han calificado de un intento de «intimidar» a los jueces.


